La miseria del intervencionismo: 1929-2008
5. Políticas tributarias para empeorar las cosas
No es difícil imaginar cuál fue la consecuencia de esta nueva política de la SEC. Si hasta los 70 las agencias de calificación habían vendido sus servicios a potenciales inversionistas interesados en tener claridad respecto al riesgo asumido con su dinero, después de la reforma de la SEC, con clientes cautivos y menos competencia, las calificadores comenzaron a concentrarse en vender sus ratings a los bancos, quienes los requerían desesperadamente para dar cumplimento a lo dispuesto por la SEC. De este modo se generó un directo incentivo para que las agencias privilegiadas con este estatus oligopólico
ofrecieran mejores [160] ratings a cambio de mayores cuotas de mercado. En
otras palabras la lógica fue invertida: ahora yo no eran quienes asumían el riesgo —los inversionistas— los que pagaban a las calificadoras por evaluaciones confiables, ejerciendo así un control sobre la banca, sino los creadores del riesgo, es decir, los bancos, los que pagaban a las calificadoras por evaluaciones que les fueran ventajosas.
5. Políticas tributarias para empeorar las cosas
La determinación de los políticos norteamericanos de hacer realidad el sueño americano de la casa propia a través de la ingeniería social también se reflejó en políticas tributarias que, sumadas a los factores hasta ahora analizados, tuvieron desastrosas consecuencias. En Estados Unidos, el pago de intereses de hipotecas es deducible del impuesto a la renta. En 1986 se eliminaron deducciones de este tipo para créditos de consumo, lo que resultó en un mayor incentivo para contraer créditos hipotecarios con el fin de utilizar los inmuebles como respaldo para el consumo. En otras palabras, los norteamericanos pusieron su casa en manos de los bancos para poder viajar, ir de compras, salir a comer y darse todo tipo de lujos. Baste considerar que hacia 1994 el 68% de los créditos para inmuebles eran utilizados para financiar el consumo. Y, cuanto más subían las propiedades de valor en tiempos de la burbuja, mayor espacio para rehipotecar las casa con el objeto
de consumir existía.[161]
A esta reforma se agregó una modificación legal bajo el gobierno de Bill Clinton, que en 1997 eliminó el impuesto de ganancias al capital sobre inmuebles. Sin embargo, se mantuvo para otro tipo de inversiones, lo que creó un nuevo incentivo para especular en el sector inmobiliario.