La miseria del intervencionismo: 1929-2008
2. El fin del sistema de reserva fraccional
Es uno de los males más serios de nuestro presente sistema bancario el que permita a una clase social, que en ningún caso es numerosa, a través de su control sobre el dinero, actuar dañinamente sobre los intereses de todos los demás y ejercer más que su justa proporción de
influencia en la política.[177]
2. El fin del sistema de reserva fraccional
Como paso complementario al cierre de los bancos centrales debe ponerse fin al sistema de reserva fraccional. En virtud de este los bancos privados simplemente pueden crear dinero de la nada según la exigencia de capital propio que establezca la ley. El siguiente ejemplo contribuirá a aclarar este punto. Supongamos que la ley establece que los bancos deben mantener al menos un 10% de capital propio en sus balances. Esto significa un apalancamiento de 1 a 10. En consecuencia, si el banco comienza digamos con 100 dólares de capital, estará obligado a retener 10 dólares y podrá prestar el resto. Imaginemos que una persona consigue los 90 dólares que el banco puede prestar y los gasta con una tercera persona. Esta a su vez volverá al banco a depositar los 90 dólares abriendo una cuenta corriente, por ejemplo. El banco nuevamente deberá retener el 10%, es decir, 9 dólares, y puede prestar los 81 dólares restantes que nuevamente serán depositados en el banco por un tercero, que abrirá otra cuenta corriente. En una nueva operación el banco prestará 72,9 dólares y conservará 8,1 dólares de respaldo. Solo en estas tres operaciones vemos que los 100 dólares originales se han convertido en 243,9 dólares de crédito (90+81+72,9) y en 243,9 dólares de depósitos, pues el dinero de los depositantes fue luego prestado por el banco. Sin embargo, en el banco solo hay 27,1 dólares (10+9+8,1) de respaldo —los 72,9 restantes está circulando en la economía—. Si se completa el circuito de préstamos y depósitos, finalmente se tendrá que, con una exigencia de 10% de reservas, el banco contará con 100 dólares de capital de respaldo —los 100 dólares originales—, con 1.000 dólares de créditos y 1.000 dólares de obligaciones —depósitos— por las que eventualmente debe responder. Esto no cambia por el hecho de existir más bancos, pues finalmente el circuito bancario es cerrado.
Esta multiplicación del dinero no es más que un truco contable de los bancos en virtud del cual convencen a los clientes de que tienen cierta cantidad de dinero que realmente no poseen. En cierto sentido se trata de un fraude que les permite a los bancos expandir la masa monetaria artificialmente creando inflación. Por eso Rothbard lo llamó fraudulent reserve system. Este fraude es la razón por la cual, cuando existe un corte en la cadena de pagos, los bancos quiebran con tanta facilidad y arrastran a los demás. En nuestro ejemplo, entre todos los acreedores del banco —cuenta-correntistas, depositantes, etc.— creen tener 1.000 dólares en sus cuentas, cuando la verdad es que en total hay solo un 10% de esa cifra. El resto es ficticio. Si de pronto, como ocurre en las crisis, un par de depositantes decidiera retirar 200 dólares que según el banco poseen en sus cuentas, este no podría cubrir la demanda de esos dólares y quebraría, pues solo cuenta con 100 dólares en reservas. Igualmente, si algún deudor no es capaz de pagar 120 dólares que el banco le prestó, este debe salir a cubrir las pérdidas y cae en insolvencia, pues el capital de respaldo es menor en 20 dólares. Y con la quiebra del banco toda la riqueza que creyeron tener los depositantes —los 1.000 dólares— se evapora tan espontáneamente como se creó. Ese es el mundo virtual del famoso multiplicador bancario.
En un sistema de reserva de un 100% los bancos estarían obligados a tener respaldo por cada centavo que prestan o dicen tener un su balance. Además de disminuir sideralmente el riesgo en el sistema, esto impediría la permanente inflación de la masa monetaria que hoy caracteriza al sistema bancario y en consecuencia la trasferencia de riqueza de la población a las elites financieras. Las famosas estampidas bancarias no serían posibles, pues los bancos estarían suficientemente capitalizados para responder a sus depositantes. Tampoco sería necesario un Banco Central que salve a los bancos imprimiendo dinero para cubrir el que los bancos dicen que tienen sin tener realmente, ni los planes de rescate de los gobiernos con dinero de los contribuyentes. En suma, gran parte del vicio del sistema sería eliminado. Los bancos volverían a desempeñar así la función por la cual surgieron: la de proporcionar recursos disponibles en la economía hacia aquellas áreas en que su uso es más eficiente y productivo.