La miseria del intervencionismo: 1929-2008

Axel Kaiser · Capítulo 23 de 41

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La miseria del intervencionismo: 1929-2008

2. Despilfarrolandia vs. Ahorrolandia

por el Estado aumentó de 1.425 a 2.200 en el mismo periodo.[119] Mientras tanto, el sueldo de los funcionarios públicos hacia 2010 alcanzaba un promedio de 83.679 dólares, contra un promedio de 51.986 dólares en el

sector privado.[120] Para empeorar las cosas, durante décadas los norteamericanos dejarían de ahorrar y producir para dedicarse a gastar, endeudarse y consumir, lo que completa el cuadro de decadencia imperial que hoy tiene al país del Tío Sam, sumido en la peor crisis desde la Gran Depresión.

 

2. Despilfarrolandia vs. Ahorrolandia

 

No es posible entender la crisis financiera de 2008 y sus desoladoras consecuencias sin echar antes un vistazo a la evolución de los fundamentos de la economía de Estados Unidos en una perspectiva más amplia. Pues, lejos de explicarse solo por causas inmediatas, el derrumbe de la economía estadounidense responde a dinámicas que vienen desarrollándose desde hace décadas, carcomiendo los fundamentos de esta. La más importante de esas dinámicas ha sido el creciente gasto y despilfarro en que se fue sumergiendo progresivamente Estados Unidos, especialmente a partir de la década de los 70, y cuyo síntoma más claro lo constituyen el déficit comercial y déficit fiscal. Uno de los que mejor ha retratado el peligro y significado del creciente déficit comercial norteamericano fue el magnate Warren Buffet en un artículo publicado en noviembre de 2003, varios años antes de la crisis, en la revista

Fortune. [121] El artículo, titulado «Squanderville vs. Thriftville» y que podría ser traducido al español como «Despilfarrolandia vs. Ahorrolandia», explica de manera insuperablemente didáctica el problema que enfrenta desde hace tiempo la economía de Estados Unidos debido a su exceso de consumo. Pero antes de entrar a la explicación de Buffet, dejemos en claro que un país tiene déficit comercial cuando sus importaciones son mayores a sus exportaciones, es decir, cuando compra más desde el exterior que lo que vende al exterior. Cuando esto ocurre, el país debe financiar sus excesivas importaciones con deuda, es decir, con promesas de pago a futuro de bienes y servicios reales. Así, para financiar sus importaciones desde China, por ejemplo, Estados Unidos debe enviar dólares a cambio de los productos que China le envía. Estos dólares serán posteriormente invertidos en instrumentos financieros denominados en dólares para obtener alguna rentabilidad. En otras palabras, mientras China envía bienes reales —electrodomésticos, ropa, utensilios de todo tipo, máquinas, juguetes, etc.—, Estados Unidos entrega a cambio pedazos de papel verde llamados dólares, que representan un reclamo sobre bienes producidos en Estados Unidos. Los chinos, entonces, no reciben en primera instancia nada que les sea útil. Es solo la confianza que tienen de que podrán convertir en el futuro esos dólares en bienes y servicios reales lo que los lleva a aceptarlos a cambio de su producción.

Volvamos ahora al ejemplo de Buffet para dejar las cosas más claras. Imaginemos, dice Buffet, dos islas, Despilfarrolandia y Ahorrolandia. Ambas son autosuficientes y cuentan con igual jornada laboral. Un día, Ahorrolandia decide duplicar sus horas de trabajo para ahorrar y hacer inversiones. La diferencia de producción que como resultado de su nueva política de trabajo logra Ahorrolandia empieza a exportarla a Despilfarrolandia, única otra isla existente con quien puede comerciar. De pronto los despilfarrolandeses se dan cuenta de que ahora pueden trabajar mucho menos y vivir igual de bien gracias a los productos importados de Ahorrolandia. Para beneficiarse de los bienes importados de sus socios comerciales, lo único que Despilfarrolandia entrega a cambio es su dinero, o sea, promesas de pago a futuro cuya emisión no implica ningún esfuerzo. Así transcurren un par de años en que los despilfarrolandeses han vivido del trabajo de los ahorrolandeses, mientras estos últimos han acumulado enormes cantidades de bonos de los primeros. Ante esta situación, algunos expertos se dan cuenta de que, si Despilfarrolandia quisiera pagar de vuelta sus deudas, tendría que trabajar más del doble que antes de iniciar la relación comercial con Ahorrolandia. Esto lleva a los ahorrolandeses a preguntarse hasta qué punto son capaces de pagar sus deudas sus socios, temiendo que, en caso de no ser capaces de pagar, habrán trabajado por nada durante todos esos años. Ante esta realidad, los ahorrolandeses deciden hacer efectivas sus promesas de pago en el único bien que tienen sus socios: tierra. De esta forma, Ahorrolandia se ha hecho ahora dueña de Despilfarrolandia. Pero no solo eso: como los despilfarrolandeses no tienen nada más que intercambiar, ahora se ven obligados a trabajar el doble que antes para poder comer y saldar el resto de la deuda. En conclusión: la tendencia al ocio y la vida fácil ha terminado arruinando a los despilfarrolandeses, llevándolos a un dramático deterioro en su calidad de vida.

Este es exactamente el caso de Estados Unidos, a quien Buffet retrataba en esa historia. Hasta la década del 70 Estados Unidos se había comportado más bien como los ahorrolandeses, con el manejo de una balanza comercial equilibrada e incluso superavitaria e importantes inversiones en el extranjero. Así, el valor de los activos extranjeros en manos norteamericanas pasó de

37.000 millones de dólares en 1950 a 68.000 millones de dólares en 1970.[122] A fines de esa década, sin embargo, el país ya tenía un déficit comercial de aproximadamente un 1% del PIB al año, que alcanzaría más de un 5% del PIB en las décadas siguientes. Esto se refleja en el Gráfico 1 que se muestra a continuación.

 

Como se puede ver, la balanza comercial experimentó un dramático deterioro desde la década de los 80 en adelante, y llegó a superar los 800.000 millones de dólares de déficit anual. Esto equivale a alrededor de un 6% del PIB. Ahora bien, para que Estados Unidos haya podido comprar al resto del mundo más de lo que ha vendido, ha debido endeudarse enviando dólares que después son invertidos en instrumentos financieros denominados en dólares, es decir, promesas de pago futuro emitidas en Estados Unidos. Así, la cantidad de activos norteamericanos en manos extranjeras ha pasado de

menos de un 20% del PIB en 1970 a más de un 120% del PIB en 2013.[123] Esto implica un incremento exponencial de activos norteamericanos en manos extranjeras, lo que no es más que el correlato de su creciente déficit comercial. Estados Unidos se convirtió de este modo en Despilfarrolandia al transferir enormes cantidades de promesas de pago futuro denominadas en dólares a China y a otros países, quienes con esos dólares podrán comprar parte importante de las empresas, inmuebles y demás bienes del país. Pero, como vimos con los despilfarrolandeses, ello no significa que los norteamericanos solo han transferido parte importante de su patrimonio para vivir sobre sus posibilidades, sino que también que, cuando los chinos y los otros socios comerciales retiren el subsidio que hasta hoy estaban dándoles, los estadounidenses experimentarán un dramático deterioro en su calidad de vida, ya que ahora deberán trabajar mucho más para poder pagar a la vez la deuda que han acumulado y el coste de vivir sin asistencia extranjera. En palabras de Buffet, Estados Unidos se ha comportado como una familia rica dueña de una hacienda que vive sobre sus posibilidades, transfiriendo una fracción de esa hacienda cada año a sus acreedores. Por cierto esto no puede durar para siempre, ya que en algún punto la línea de crédito se termina y los acreedores vienen a exigir el pago de las obligaciones contraídas, poniendo fin a la vida fácil. Y ese punto se aproxima con singular velocidad.