La miseria del intervencionismo: 1929-2008

Axel Kaiser · Capítulo 16 de 41

Páginas del PDF

La miseria del intervencionismo: 1929-2008

6. El error de Milton Friedman y Ana Schwartz

Es difícil entender cómo trabajar más tiempo, más duro, más incómodamente, con la asunción de más riesgos físicos a cambio de menos bienes de consumo, puede corresponderse con la descripción de que «económicamente hablando, los estadounidenses nunca la tuvieron mejor».

[92]

 

6. El error de Milton Friedman y Ana Schwartz

 

Sin duda una de las explicaciones más populares sobre la Gran Depresión es la que ofrecieron Milton Friedman y Ana Schwartz en su monumental obra A Monetary History of the United States. Según esta visión, la Reserva Federal habría sido la principal causante de la Gran Depresión fundamentalmente por haber contraído la masa monetaria en lugar de haberla aumentado una vez que la recesión comenzó. Esto habría generado una crisis de liquidez, llevando a la economía a una deflación catastrófica cuyo resultado final habría sido la quiebra de casi un tercio de los bancos del país e innumerables industrias. En su best seller, Capitalism and Freedom, Friedman reafirmó esta tesis en los siguientes términos:

La Fed hizo poco o nada para proveer de liquidez al sistema, con la consideración aparente de que el cierre de bancos no requería de medidas especiales (…) de haberse evitado que el stock de dinero decreciera, como claramente pudo y debiera haberse hecho, la contracción habría

sido mucho más breve y suave.[93]

 

La tesis central de Friedman, entonces, es que la Gran Depresión fue la consecuencia de una aguda deflación inducida por la Fed que llevó a la ruina a bancos y empresas y a la caída de los precios y salarios, lo que resultó así en una severa contracción de la economía. Pero Friedman no solo creyó ver esta causalidad en el caso de la Gran Depresión en Estados Unidos, sino en todos los demás casos: «No sé de ninguna depresión severa en cualquier país o en cualquier tiempo que no haya sido acompañada por una aguda caída del stock de dinero, y tampoco sé de ninguna caída en el stock de dinero que no haya

sido acompañada por una depresión».[94]

Esta tesis fue desde un principio descartada por los economistas de la Escuela Austriaca, particularmente por Rothbard, quien vio la causa fundamental de la depresión no en la política monetaria posterior al crash, sino en las medidas intervencionistas de los gobiernos de Hoover y Roosevelt. Para los austriacos, una vez que la Fed había sembrado las semillas de la crisis al crear artificialmente una burbuja con crédito barato, era cuestión de tiempo que esta reventara. Entonces entraría la recesión y corregiría los excesos del boom a través de la liquidación de las malas inversiones. Pero esta recesión, aunque severa, no tenía por qué transformarse en una depresión, ni menos en una que durara 15 años. Para Rothbard y Robbins, la responsabilidad de que este haya sido el devenir del crash de 1929 es del gobierno antes que de la Fed, pues fueron las políticas «anti recesivas» de Washington las que impidieron el proceso de reajuste y saneamiento de la economía.

La tesis de Friedman, por cierto, no solo ha sido cuestionada por los austriacos. El mismo Ohanian, en su estudio sobre la Gran Depresión, desestimó que la causa central de este episodio haya sido la contracción de la masa monetaria atribuyéndolo en cambio esencialmente a las políticas laborales y de colusión industrial seguidas por Hoover y Roosevelt. Para Ohanian, estas políticas explicarían por qué la deflación experimentada en la crisis de 1920, por ejemplo, no se tradujo en una recesión tan prolongada y aguda como la que se vería de 1930 en adelante. El argumento de Ohanian tiene aún más sentido si se tiene en cuenta que la contracción de la masa monetaria y la caída de precios durante la crisis de 1920-1921 fueron aún mayores que las de la Gran Depresión y, sin embargo, la recesión fue mucho menos severa.

Para Steven Gjerstad y el Nobel de economía Vernon Smith, argumentar, como Friedman, que la contracción monetaria fue la causa de la caída del

sistema bancario en los 30 es inadecuado.[95] Smith y Gjerstad atribuyen la causa de la caída del sistema bancario tanto en los 30 como en 2008 a la deuda excesiva de los consumidores, que siempre es transmitida al sector financiero durante una recesión. Este exceso de deuda, señalan Smith y Gjerstad, se debe en gran parte a la artificial expansión del crédito realizada por la Fed, que genera burbujas inmobiliarias de consecuencias devastadoras. Finalmente, ambos economistas sugieren a la luz de lo ocurrido entre 2007 y 2009, cuando la Fed inyectó masivamente liquidez sin evitar el colapso del sistema financiero, que la tesis de Friedman y Schwartz no se sostiene.

En otro trabajo sumamente interesante sobre deflación y depresiones, los economistas Andrew Atkeson, de UCLA, y Patrick Kehoe, de la Reserva Federal de Mineápolis, han llegado a una conclusión diametralmente opuesta a la de Friedman. Si para Friedman deflación y depresión van de la mano, Atkeson y Kehoe argumentan todo lo contrario. Después de examinar 17 países del mundo en cuanto a episodios deflacionarios y recesivos ocurridos en los últimos 100 años, Atkeson y Kehoe concluyeron que no existe evidencia alguna de una relación de causalidad entre deflación y depresión. Es más, en el 90% de los casos estudiados en que se registró deflación,

afirman, no se verificó recesión alguna.[96]

Atkeson y Kehoe refutan de este modo completamente la tesis de Friedman según la cual existiría una relación de causa-efecto recíproca entre depresión y deflación. La única excepción a esto sería la Gran Depresión. Pero ni aun en ese caso la relación entre depresión y deflación sería de la índole que argumentaron Friedman y Schwartz. En efecto, según Atkeson y Kehoe, la evidencia disponible para el período de la Gran Depresión «sí sugiere una relación entre depresión y deflación, pero no una relación

extraordinariamente estrecha».[97] Y en cuanto a la depresión de Japón de las últimas décadas ocurrida en medio de un proceso deflacionario, los autores del estudio señalan que la contracción de la productividad de la economía japonesa comenzó diez años antes de que apareciera la deflación, y que en consecuencia no es correcto concluir una relación entre depresión y deflación a partir de ese caso.

El estudio de Atkeson y Kehoe confirma la tesis de los economistas austriacos, de Ohanian, Higgs y otros, en el sentido de que la deflación, entendida como la caída de precios derivada de una contracción en la masa monetaria, no fue la causa de la Gran Depresión, y en general no es causa depresiones. Para dejar completamente claro este punto reproduzcamos la conclusión final a la que llegaron los autores del estudio:

La evidencia sugiere que la deflación no está relacionada con la depresión. Una mirada histórica más amplia encuentra muchos más periodos de deflación con crecimiento económico razonable que con depresión y muchos más periodos de depresión con inflación que con deflación. En términos generales, la evidencia virtualmente no muestra ninguna conexión entre

deflación y depresión.[98]

 

Par ser justos con Friedman y Schwartz, hay que decir que, si bien su análisis sobre las causas de la depresión estuvo equivocado, esto no significa que las acciones de la Fed que ambos identificaron como las responsables centrales de la depresión no hayan desempeñado un rol en la creación del problema. Sobre eso puede discutirse y de hecho se discute. Lo que en todo caso resulta claro es que ellas no fueron la causa en sí de la Gran Depresión. Es más, tal como concluyó Ohanian, en coincidencia con Rothbard y Higgs, si Hoover y Roosevelt no hubieran intervenido masivamente la economía como lo hicieron la depresión habría sido mucho más breve y de menor intensidad aun en presencia de idéntica política monetaria por parte de la Fed.