La miseria del intervencionismo: 1929-2008
5. El método austriaco: la praxeología
La economía puede predecir los efectos esperables de ciertas políticas económicas, puede contestar la pregunta de si una determinada política podrá o no alcanzar ciertos resultados, y, si la respuesta es negativa, cuáles serán los efectos reales. Pero por cierto esta predicción puede ser solo cualitativa. No puede ser cuantitativa, pues no existen relaciones constantes entre los factores y efectos estudiados. El valor práctico de la economía debe ser encontrado en
este poder de predecir el resultado de ciertas medidas.[112]
5. El método austriaco: la praxeología
Ludwig von Mises, tal vez el más grande economista de los tiempos modernos, afirmó que la economía era una ciencia a priori, es decir, una ciencia cuyos principios y verdades son independientes de la experiencia. Para Mises la economía es la ciencia de la acción humana y por tanto cualquier pretensión de comprender fenómenos económicos tiene que hacerse cargo de la lógica a priori de la acción humana. Mises propuso el término «praxeología» —que significa lógica de la acción— para referirse a esta rama del conocimiento. Este particular enfoque metodológico es el que distingue a la escuela austriaca de todas las demás corrientes económicas que entienden la economía como una ciencia empírica al modo de las ciencias naturales y cuyo método consiste en la formulación de hipótesis que deben ser permanentemente probadas empíricamente sin alcanzar jamás un grado de certidumbre definitivo. Como consecuencia de esta diferencia metodológica, las demás escuelas de economía consideran la aproximación de Mises y sus sucesores como dogmática y anticientífica. El hecho de que el enfoque austriaco haya sido el más exitoso en términos de predicciones, por cierto, no constituye evidencia para los demás economistas acerca de la validez del razonamiento de Mises.
Pero expliquemos algo más a fondo la tesis de Mises según la cual la economía es una ciencia a priori y no a posteriori. Partamos siguiendo la explicación de uno de los sucesores de Mises, el economista alemán Hans-Herman Hoppe. Analicemos en primer lugar cómo funcionan la ciencias naturales de modo que entendamos por qué Mises descarta la validez de este
método para ciencias sociales como la economía.[113]
Según explica Hoppe, en química por ejemplo no tenemos ninguna posibilidad de saber de antemano cuál va a ser la reacción de un determinado compuesto si es mezclado con otro. La única forma de averiguarlo es realizar el experimento, lo que nos permitirá sacar una conclusión determinada. Sin embargo, esa conclusión tampoco será definitiva. En efecto, si la mezcla de los compuestos genera una explosión esto no significa que cada vez vaya a ocurrir lo mismo, pues son diversos los factores que tendrán que combinarse para generar ese resultado —temperatura, presión atmosférica, humedad ambiental, etc.—. En ciencias naturales, entonces, a través de la experimentación continua nuestro conocimiento va progresando al permitirnos descartar o confirmar la hipótesis.
Veamos ahora tres típicos enunciados de economía:
a. Cada vez que A y B intercambian algo voluntariamente ambos esperan
verse beneficiados con el intercambio.
b. Cada vez que el gobierno fije salarios mínimos sobre los niveles de
mercado, el desempleo aumentará.
c. Siempre que se imprima más dinero que el aumento de la
productividad y este entre en circulación, habrá inflación.
La pregunta que corresponde hacerse ahora es si acaso la validez de esas proposiciones debe probarse de igual forma que en el caso del experimento químico. En otras palabras, ¿será necesario probar una y otra vez empíricamente estas proposiciones para establecer si son verdaderas o falsas? Ciertamente no. Ninguna prueba se requiere para considerar verdadera la afirmación de que si A y B intercambian algo voluntariamente es porque ambos esperan beneficiarse. Lo mismo ocurre con la proposición de que si los salarios mínimos son fijados artificialmente altos se generará desempleo, o con la afirmación de que la expansión desmedida de la masa monetaria genera inflación. Todo eso puede ser considerado verdadero de forma a priori, es decir, previo a cualquier experiencia. Sería totalmente absurdo considerar estas proposiciones como hipótesis que deben verificarse empíricamente. Lo contrario supondría, por ejemplo, que solo viendo millones de casos de intercambios voluntarios entre dos personas podríamos saber si realmente quienes intercambian lo hacen para beneficiarse y ni aun así podríamos tener una certeza definitiva al respecto, puesto que siempre podría aparecer un caso en que la premisa no se cumpla. La razón por la cual nadie en su sano juicio pondría en duda la veracidad de la proposición anterior es porque la lógica a priori de la acción humana nos permite concluir que ella es verdadera sin necesidad de probarlo empíricamente.
Tampoco es necesario aprobar una ley que fije el salario mínimo sobre los niveles de mercado para saber que esta generaría desempleo, ni tenemos que aumentar dramáticamente la masa monetaria para concluir que esto llevará a un aumento de la inflación. Todo ello lo podemos concluir a partir de principios evidentes que rigen la acción humana. Así por ejemplo, sabemos que, si el Estado obliga a los empresarios a pagar un 20% más en salarios que lo que corresponde de acuerdo a la real productividad de los trabajadores, estos no contratarán a quienes sean menos productivos que el nuevo mínimo establecido por ley, lo cual incrementará el desempleo. Igualmente sabemos de antemano que, con más dinero a disposición para gastar en manos de consumidores, los oferentes subirán sus precios ante una mayor demanda por sus productos, pues habrá más dinero persiguiendo la misma cantidad de bienes. Nada de todo eso es necesario verificarlo con experimentación ni menos con sofisticados modelos matemáticos. Es más, hacerlo no solo sería una pérdida de tiempo sino que nos llevaría en muchos casos a conclusiones equivocadas y a la adopción de políticas desastrosas.
En términos simples, la lógica de la acción humana puede ser explicada de la siguiente manera. Entendamos por acción humana toda conducta realizada deliberadamente, es decir, en busca de un fin. Los seres humanos, entonces, actuamos para alcanzar ciertos objetivos a los que asignamos valor. Ese valor es en consecuencia un asunto subjetivo, pues depende del grado en que cada persona desee conseguir algo. La utilidad se refiere a los medios que ayudarán a conseguir el determinado fin, los cuales siempre son limitados. Una vez establecidos los fines que la persona quiere alcanzar, su siguiente paso es buscar los medios necesarios para ello. Después de evaluados los medios, la persona diseña un plan de acción que pone en ejecución en un acto de voluntad. Este plan es un diseño mental de los pasos eventualmente necesarios para llegar al objetivo, que se evalúan de acuerdo a la información que la persona posee y que va descubriendo en la medida en que ejecuta el plan. El descubrimiento de nueva información en el proceso de ejecución del plan lleva a la persona a modificar y adaptar constantemente su plan de
acuerdo a la nueva información.[114]
Ahora bien, en economía toda acción humana está dirigida hacia un fin o un bien de consumo que tiene por objeto satisfacer la necesidad de una persona. El alcanzar la meta, es decir, el fin o bien último, requiere de una serie de etapas intermedias en las que a su vez existen otros fines o bienes que ayudarán a conseguir el fin último. Todo esto, por cierto, ocurre en un determinado espacio de tiempo, lo cual implica que el futuro es incierto y el fin perseguido no es más que una expectativa que se pretende concretar una vez cumplidas las etapas previas. Lo que separa a la persona de alcanzar su meta es el tiempo necesario para cumplir con los pasos intermedios para llegar a ella. Cuanto más lejano en el tiempo sea el fin, mayor esfuerzo va a requerir, ya que más etapas intermedias serán necesarias. Simultáneamente, cuanto más lejano sea el fin, mayor es el valor que la persona le asigna, pues nadie preferiría perseguir fines que valora menos con la realización de un mayor esfuerzo que fines que valora más realizando un menor esfuerzo. En otras palabras, los seres humanos tratamos de alcanzar nuestras metas en el menor tiempo posible. Este es un principio económico a priori central en la lógica de la acción humana a partir del cual pueden comprenderse una serie de fenómenos económicos.
Esta es, grosso modo, la esencia de la lógica a priori de la acción humana a partir de la cual es posible comprender cómo funciona el mercado. Nótese el estricto carácter subjetivo de este enfoque en el que jamás se pretende un conocimiento específico sobre los fines concretos que las personas buscarán, ya que estos son tan diversos como los seres humanos en sí y cambian permanentemente. Lo que sí se conoce es la estructura y lógica a priori de la acción humana, es decir, las reglas del juego de esta, lo cual permite realizar predicciones generales sobre lo que puede o no ocurrir dadas ciertas condiciones, así como entender el origen de fenómenos económicos como el ahorro, la acumulación de capital y los ciclos de negocios, entre muchos otros.