La miseria del intervencionismo: 1929-2008

Axel Kaiser · Capítulo 14 de 41

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La miseria del intervencionismo: 1929-2008

4. La depresión olvidada de 1920: un caso real de laissez-faire

 

Si de buscar casos donde realmente se aplicaron políticas de laissez-faire frente a una recesión se trata, no existe mejor ejemplo en el siglo XX que la depresión de 1920, también conocida como la «depresión olvidada». Heredada por el presidente Warren Harding de su predecesor Woodrow Wilson, el primer año de la depresión de 1920 fue en muchos sentidos incluso peor que el primer año de la Gran Depresión. Así por ejemplo, solo en 1920 el desempleo aumentó de un 4% a un 12%, la productividad de la economía

cayó un 21% y el Producto Geográfico Bruto se contrajo en un 17%.[79] Y si la caída general de precios nunca superó el 11% durante la Gran Depresión,

en 1920 el índice de precios al consumo cayó un 15,8%.[80]

Enfrentado a una de las peores crisis económicas de la historia de Estados Unidos, Harding decidió hacer exactamente lo contrario a lo que haría Hoover una década después. En lugar de estimular la economía con mayor gasto fiscal, entre 1920 y 1922 el presupuesto del gobierno central fue reducido a la mitad. La Reserva Federal por su parte, que había expandido artificialmente el crédito antes de la crisis, con lo que contribuyó a intensificar el boom, esta vez no acudió a rescatar bancos e instituciones insolventes, y dejó en cambio que la recesión siguiera su curso. En palabras de Benjamin Anderson, economista de la escuela austriaca y profesor de Harvard, un punto central de la política bancaria de la Fed fue el que «los bancos extendieran crédito y permitieron a los clientes solventes mantener su solvencia, pero si un cliente

era insolvente se consideraba inútil arrojar dinero bueno sobre malo».[81] Es más, la Fed, en lugar de bajar la tasa de descuento, la aumentó a un 7% en 1920, sin modificarla una vez que la recesión había comenzado.

Como resultado de esta postura no intervencionista, hacia 1922 el déficit fiscal de Estados Unidos era de un tercio del de 1920, la economía crecía nuevamente y el desempleo había caído a un 6,7% para continuar bajando

hasta alcanzar un 2,4% en 1923.[82] En pocas palabras, después de algo más de un año de serios problemas económicos, la economía se había prácticamente recuperado. Y la razón de esta recuperación, que ha dejado sin explicación a un sinnúmero de economistas del mainstream, fue, como señala Anderson, el buen trabajo que empresas y bancos actuando libremente hicieron para limpiar drásticamente la debilidad crediticia y realizar los

ajustes de precios, costes y métodos necesarios para volver al equilibrio.[83]

A diferencia de Estados Unidos, enfrentando un problema similar, Japón optó por masivas intervenciones en la economía. Según Anderson, los grandes bancos, las industrias concertadas y el gobierno trabajaron juntos y lograron destruir los mercados libres, manteniendo el nivel de precios en el

país a un nivel mucho más alto que el del resto del mundo.[84] La consecuencia fue casi una década de estancamiento económico y un crisis financiera que en 1927 causó la quiebra de numerosos bancos e industrias. De este modo, sentencia Anderson, «Japón perdió siete años solo para caer en

pérdidas completamente exageradas en el último año».[85] En cambio, en Estados Unidos, «en 1920-1921 asumimos nuestras pérdidas, reajustamos nuestras estructuras financieras, soportamos nuestra depresión y en el mes de

agosto de 1921 comenzamos a salir adelante».[86] Gracias a esto, hacia la primavera de 1923 la actividad industrial norteamericana había alcanzado nuevos récords en producción e incluso había escasez de trabajadores en muchas áreas.

Casi setenta años después, en la década de los 90, Japón experimentaría otra crisis económica al aplicar medidas antirecesión sin éxito alguno. En efecto, además de haber pasado por más de una década de completo estancamiento económico —conocida como la década perdida de Japón—, la deuda pública japonesa luego de más de una decenas de inyecciones de «estímulo» a la economía aumentó de un 50% del PIB hacia mediados de los

90 a más de un 220% del PIB en 2012.[87] Y, tal como ocurrió antes a Hoover y Roosevelt, la recuperación económica todavía no llega a Japón.

Para entender aún mejor por qué Estados Unidos logró superar tan rápidamente la depresión de 1920 es necesario conocer la filosofía del entonces presidente Harding. A diferencia de Hoover y Roosevelt, Harding creía mucho más en el poder del mercado que en la intervención gubernamental, lo cual se confirma no solo en las políticas seguidas por su gobierno, sino en sus propias palabras. Su discurso inaugural después de asumir la presidencia puede ser considerado como una notable pieza del realismo económico propio de los free market economists. En él, Harding declaró expresamente sus intenciones de equilibrar el presupuesto y de reducir el tamaño del Estado reconociendo incluso que el coste de la recesión era inevitable y que no debía interferirse con el proceso de liquidación: «Todos los daños —dijo— no serán fáciles ni equitativamente distribuidos (…) Tenemos que enfrentar una situación difícil, aceptar nuestras pérdidas y comenzar de nuevo. Es la lección más antigua de la civilización». Y luego advirtió: