La miseria del intervencionismo: 1929-2008

Axel Kaiser · Capítulo 32 de 41

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La miseria del intervencionismo: 1929-2008

VI. El «crash» de 2008 y la gran recesión

Capítulo VI

 

EL CRASH DE 2008 Y LA GRAN RECESIÓN

 

El gobierno seguirá creciendo como un cáncer,

succionando la riqueza y la libertad de nuestro país hasta

que las leyes de la economía no puedan seguir siendo

ignoradas.

Ron Paul

 

1. El fin del boom inflacionario

 

Como todo boom inflacionario, el de la década del 2000 llegó a su inevitable final. La inflación, que era evidente desde hace tiempo, comenzó a subir y obligó a la Fed a retirar la liquidez que artificialmente había inyectado en la economía. Para ello tuvo que subir la tasa de interés, desde el 1% en que se había encontrado en el periodo 2003-2004 a más de un 5% en 2007. Pero ya era demasiado tarde para contener un colapso mayor.

La pregunta que muchos se hacen es por qué la Fed tardó tanto en subir las tasas de interés. Parte de la respuesta nace de una mala comprensión acerca de lo que es la inflación, y parte tiene que ver con la metodología con que se mide el alza gene ral de precios. La Fed, como todos los bancos centrales, solo reacciona subiendo tasas cuando el alza de precios aumenta de acuerdo a las cifras oficiales. El problema es que en todos los países, y especialmente en Estados Unidos, la forma de medir el alza de precios se encuentra severamente distorsionada. Como ha recordado Peter Schiff en Crash Proof, por varias razones a los gobiernos les conviene ocultar la verdad al público en materia de alzas de precios. La primera y más evidente es que el alza de precios es altamente impopular y políticamente costosa. La segunda es que estadísticas de inflación baja mantienen los intereses que el gobierno debe pagar para endeudarse más bajos, pues los inversionistas que prestan dinero al gobierno esperan un retorno real sobre sus inversiones. Una tercera razón es que, en países como Estados Unidos, los pagos de seguridad social se reajustan por inflación de acuerdo a las cifras oficiales. Mantener la impresión de que los precios no han subido permite así a los gobiernos desembolsar menos dinero en el pago de sus prestaciones. Finalmente, una inflación baja permite a la Fed mantener tasas artificialmente bajas para incentivar el consumo y crear una apariencia de bienestar económico entre la población, lo cual es políticamente muy rentable.

Al mismo tiempo, hay varias razones por las que a los gobiernos les conviene generar la inflación que luego ocultan con estadísticas manipuladas. En primer lugar, la inflación les permite pagar parte de su deuda simplemente imprimiendo dinero, es decir, devaluando la moneda. En segundo lugar, los estados pueden financiar sus programas de bienestar más fácilmente también por la vía de la impresión de dinero, y se ahorran el impopular y difícil paso de subir impuestos. En tercer lugar, el gasto inflacionario de los gobiernos es confundido con crecimiento económico de verdad, pues la forma de medir el PIB incluye el gasto fiscal. Supuestamente el PIB es ajustado por inflación, pero esto no significa mucho si las estadísticas que reflejan la inflación ocultan la realidad. Finalmente, la inflación derivada del exceso de liquidez aumenta el precio de toda clase de bienes, tales como acciones, bonos e inmuebles, entre otros, lo que genera así la falsa percepción de que existe mayor riqueza en la sociedad.

Ahora bien, en el caso de Estados Unidos los indicadores centrales de inflación son el Consumer Price Index (CPI) y el Producer Price Index (PPI), ambos calculados por expertos de manera arbitraria. Un análisis profundo sobre la metodología de medición del alza de precios excede las pretensiones de este libro, por lo que me concentraré en lo relevante para efectos de entender la crisis, a saber, el CPI. Como dijimos, este mide la evolución en el nivel de precios que pagan los consumidores de acuerdo a lo calculado por el gobierno. Una de las manipulaciones más grotescas que se hace a este índice es la aplicación de la técnica llamada «hedonics», palabra que deriva del griego y que hace referencia a la «doctrina del placer». En lo que a inflación respecta, la técnica de hedonics aplicada por el Boureau of Labor Statistics (BLS), órgano que calcula el CPI en Estados Unidos, consiste en considerar los cambios cualitativos como parte del cálculo de precios. Así por ejemplo, si un modelo de computador experimenta avances tecnológicos de un año a otro que a juicio de los burócratas del BLS superan el alza de su precio, en la estadística se asumirá que el precio ha bajado. Aplicada a un conjunto de productos, esta mágica metodología permite que las estadísticas reflejen una baja en la tasa de inflación a pesar de que en la práctica se haya verificado un alza general de precios. Para ello basta con que los oficiales que calculan la inflación consideren que los cambios cualitativos en los productos han generado mayor placer que el aumento del precio de estos.