La miseria del intervencionismo: 1929-2008

Axel Kaiser · Capítulo 38 de 41

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La miseria del intervencionismo: 1929-2008

3. La restauración del patrón oro

 

Adicionalmente debiera restaurarse el patrón oro, o un sistema bimetálico de oro y plata sin fijarse una paridad entre ambos por ley. El patrón oro pondría límite inmediato a la emisión de dinero, ya sea de una autoridad gubernamental en caso de mantenerse o a bancos privados en caso de tener competencia monetaria. Una objeción a esta medida es que no es práctica, pues el oro no puede transportarse fácilmente. La verdad es que, tal como funcionó durante siglos, lo que se necesitarían son certificados redimibles en oro. Así, quien paga con un certificado respaldado por una onza de oro estaría transfiriendo un instrumento que avala el hecho de que el banco posee en su bóveda el oro que dice el certificado. El receptor del certificado podrá redimirlo en oro directamente en el banco sin mayor trámite. Para ello el stock en poder del banco deberá incluir monedas de oro que los depositantes puedan retirar y transportar con facilidad. Mayores cantidades podrán ser transportadas por empresas de seguridad privadas, como ya ocurre hoy.

De este modo, si un banco expande artificialmente los certificados de oro, se verá obligado a revertir la inflación de papeles, pues serán los propios depositantes quienes, al desconfiar del banco, exigirán su oro de vuelta, y lo llevarán a la quiebra en caso de no tenerlo. Pero no solo eso, porque en ausencia de un banco central los bancos se controlarían entre sí. Dado que los papeles de los bancos siempre se acumulan en los balances de sus competidores, si un banco X tuviera demasiados certificados de un banco Y, naturalmente exigiría la conversión por el oro que figura en los certificados, lo que pondría fin al fraude inflacionario. Con esta fórmula, los bancos jamás podrían expandir la masa monetaria de manera coordinada y simultánea, y se frenarían los violentos ciclos de negocios.

El patrón oro pondría un límite además al gasto público deficitario. Se volvería a una situación en que los acreedores del gobierno le impedirían inflacionar la deuda, ya que, de imprimir demasiado, vendrían a exigir el oro a cambio del papel-dinero emitido, dejando en evidencia la situación fiscal del Estado. Esto fue lo que le ocurrió a Nixon, quien, enfrentado a la necesidad de reducir el gasto social y militar, optó por cortar definitivamente con el patrón oro.