Tempestira
Capítulo Veintitrés
TELDRASSIL REDIMIDO
Xavius. Qué bien recordaba todavía Malfurion al malvado confidente de la reina. Había sido Lord Xavius quien había alimentado el hechizo de los hechiceros Altonatos de Azshara que habían abierto el portal para la Legión Ardiente. En lugar de sentirse repugnado por lo que había descubierto, Xavius incluso ayudó a su insidiosa reina cuando esta les dio la bienvenida a los demonios.
Dos veces Malfurion lo había dado por derrotado. La primera vez fue durante una lucha desesperada sobre la misma torre donde habían abierto el portal para los demonios. Malfurion, con sus poderes druídicos en todo su esplendor, había invocado una tormenta que primero hizo arder a Xavius con un rayo, lo fundió con la lluvia y finalmente desató un rugido atronador que literalmente hizo pedazos al villano. Malfurion aún recordaba el rostro contrahecho de Xavius, especialmente los siniestros y negros ojos mágicos que tenían un fulgor de rubí en cada uno de ellos. El Archidruida recordaba especialmente el último y aterrador chillido del consejero.
Y, entonces, Xavius había dejado de existir.
Pero él y los defensores habían subestimado el poder del titán maléfico Sargeras. Tras llevarse lo poco que quedaba del espíritu incorpóreo de Xavius y torturarlo largamente por el fracaso del consejero, Sargeras lo había remodelado en algo más terrible. Xavius había renacido como sátiro, el primero de los monstruos con aspecto caprino que desde hacía tanto tiempo eran los enemigos de los elfos de la noche, y su maldad no había hecho más que crecer con ese nuevo aspecto espantoso.
Malfurion casi había perdido a Tyrande por culpa de Xavius y los corruptos Altonatos. Al final, incapaz de arriesgarse a que Xavius volviese a escapar de la muerte, Malfurion había invocado el poder de Azeroth para
transformar al sátiro. A pesar de la resistencia de Xavius, el joven druida había convertido a su enemigo en un inofensivo árbol.
O eso había creído estos últimos diez mil años. La maldad había estado infestando Azeroth todo ese tiempo, y Malfurion lo ignoraba.
En todo esto pensaba Malfurion furioso consigo mismo mientras, de nuevo en forma felina, con la rama entre los dientes, volvió corriendo a Darnassus. Se culpaba por lo que estaba pasando, pero también pensaba cómo había sobrevivido Xavius tanto tiempo para convertirse en el Señor de la Pesadilla.
Pero ignoró esos pensamientos al entrar en la capital y transformarse.
Darnassus estaba en ruinas, y gran parte de eso se debía a la caída de otras ramas del enorme árbol. También yacían por todas partes víctimas de los sirvientes de la Pesadilla. Las Hermanas de Elune y los Centinelas estaban intentando ayudar a los que podían.
Vio a Shandris Feathermoon dando órdenes a ambos grupos. La general parecía agotada, pero en su elemento. Desgraciadamente, no se daba cuenta del peligro que todavía rodeaba a su pueblo.
—¡Shandris! —Al oír la voz de Malfurion, se giró.
—Malfurion… —dijo la general, saludándolo respetuosamente y aparentemente aliviada—. Menos mal que estás bien.
Se fijó en la inquietante rama que ahora él sujetaba con ambas manos y frunció el ceño.
—¡Por la Madre Luna! ¿Qué enfermedad aflige a esa rama?
—Esta es la corrupción que se extendía por Teldrassil —respondió apresuradamente el Archidruida—. ¡Por ahora no debemos preocupamos por eso! ¡Hay que evacuar Darnassus! El Árbol del Mundo ha sufrido mucho; ¡los árboles caídos que vez a tu alrededor son solo una parte! ¡Por la seguridad de todos deben irse!
Como acentuando sus palabras, otro atronador crujido resonó por Darnassus. La ciudad tembló. Teldrassil permanecía en pie, pero no se podía decir lo mismo de la capital.
—¡Me encargaré de que así se haga! —prometió Shandris.
—Iré a ver a los druidas —le dijo Malfurion al separarse—. Quizás podamos hacer algo para contenerlo… pero no puedo prometer nada…
—¡Entendido!
Por otra parte, se oyó un grito de agonía, una voz llena de dolor. No venía de ninguna de las víctimas a las que Malfurion estaba mirando, sino
de una dirección inesperada.
Se giró hacia el Enclave y vio a los otros druidas que salían de allí.
Broll iba el primero, y Hamuul lo seguía de cerca, detrás de él.
El origen del interminable grito era Fandral. Con la vista perdida, el Archidruida gritaba una y otra vez el nombre de su hijo. Le rogaba a Valstann que volviese con él.
Dos druidas lo guiaban de la mano mientras él caminaba tropezando, llamando a su hijo. Detrás de ellos, otros druidas vigilaban a un pequeño grupo… aquellos que habían escogido la locura de Fandral por encima de todo lo demás. A Malfurion le resultaba obvio qué habría que hacer con ellos. El Claro de la Luna tenía lugares que podían albergar a los enfermos o a los corruptos. Había una esperanza de redención para aquellos que habían seguido a Fandral.
Pero, al observar al padre de Valstann, Malfurion se preguntaba si se lo podría curar alguna vez. Entre la Pesadilla y su pérdida personal, el Archidruida loco parecía haberse perdido para siempre.
Malfurion se reunió con Broll, dándole el mismo aviso que le había dado a Shandris. Broll asintió comprendiendo, pero sus ojos se movían constantemente hacia la macabra rama. Malfurion acabó por contarle lo que había averiguado.
—Xavius… —Broll no conocía el nombre, pero había sentido la inmensa furia y temor en la voz de su shan'do cuando Malfurion lo había pronunciado.
—Los druidas deben ayudar a evacuar a la gente y luego estar preparados para cuando sepan de mí. ¡Será pronto así que deben apresurarse!
—¿Qué pretendes hacer?
Malfurion agarró una rama más pequeña que sobresalía de la parte de arriba. La rompió. El mismo líquido espeso y repugnante brotó de ella.
—Lo que debo. Lo que debemos.
Dicho eso, Malfurion pidió rápidamente una antorcha. Guardándose la pequeña rama, el Archidruida le prendió fuego a la más grande. En un parpadeo se hizo cenizas, que fueron arrastradas por el viento.
—Prepárate —le dijo a Broll.
—¡Por supuesto, shan'do! Yo…
Pero Malfurion ya se había transformado y había echado a volar.
* * *
Tyrande sabía quién hablaba, aunque había estado inconsciente durante su anterior encuentro. Lo sabía porque Malfurion le había contado después la aterradora experiencia… y lo que le había hecho a su captor.—No puedes ser… —protestó.
La sombra del gigantesco árbol esquelético se retorció alrededor del trío. La Suma sacerdotisa sintió cómo algo le apretaba el pecho, aunque, cuando se llevó la mano al cuerpo, no había nada que quitar. Tyrande notó que Lucan y Thura hacían lo mismo.
Puedo y siempre existiré… Tyrande Whisperwind… Yo soy la Pesadilla, y la Pesadilla soy yo… Somos eternos… y pronto Azeroth será solo una parte de nosotros…
—¡Nunca! —Tyrande le rezó a Elune, y la luz de la Madre Luna la llenó. Inmediatamente, Tyrande concentró esa luz en la sombra.
En la luz, el árbol se desvaneció. Tyrande notó que la presión sobre su pecho se aflojaba.
Luego la sombra volvió a oscurecerse, volviéndose más visible que antes. La Suma sacerdotisa no podía respirar. Luchó por mantenerse en pie.
Los otros también sufrían.
La luz se desvaneció, dejando solo la horrible luz verde de la Pesadilla… y la sombra del árbol que era Xavius, el elfo de la noche.
Ahora estoy más allá de tu triste deidad… La Señora de los Sueños es mía, y también su hermana, la Vinculadora de Vida… Míralas a ambas y tiembla ante su perdida esperanza…
La niebla se abrió y tras la sombra se veía a la Señora del Sueño Esmeralda. Estaba atrapada en los tentáculos de sombra que también parecían venir de su captor. La cabeza de Ysera apuntaba hacia arriba como si estuviese mirando algo, pero sus ojos estaban cerrados. Sus alas y miembros estaban separados en lo que sin duda era una postura dolorosísima.
Un aura esmeralda emanaba de Ysera, pero a apenas unos centímetros de ella se convertía en el espantoso y putrefacto color verde de la Pesadilla.
Estaba muy claro que el poder del Aspecto estaba siendo manipulado para cumplir los deseos de Xavius.
Y detrás de ella, casi doblada por la mitad, flotaba Alexstrasza Los ojos miraban sin ver, y tenía la boca abierta. Parecía marchita, más muerta que viva. Su vibrante color rojo se había descolorido, y apenas parecía estar respirando.
La niebla volvió a envolver a las dos enormes dragonas. Tyrande se quedó desolada al verlas. Recordaba que Alexstrasza había estado en un peligro terrible la última vez que la había visto, pero creía que de algún modo el Aspecto había evitado que la capturasen.
Oyó un batir de alas. Una enorme forma verde se materializó en la niebla. Al principio Tyrande creyó que Eranikus había acudido a su rescate, pero luego el dragón que aterrizó entre el Señor de la Pesadilla y el trío resultó ser una temible criatura cuya misma expresión bastaba para revelar la profundidad de su corrupción.
Lethon inclinó la cabeza en dirección al árbol.
—He venido como me has ordenado…
—Prepáralos… pronto llegará… y con su venida… el poder de la Pesadilla estará completo…
El gran dragón sonrió maliciosamente al trío.
—Vengan, mis pequeñas mascotas… Emeriss nos espera…
La magia del dragón se los llevó a los tres.
* * *
Malfurion volaba por el aire, que estaba ahora tan cubierto por la niebla que rodeaba la isla como a todo lo demás. El Señor de la Pesadilla ya no tenía motivo para mantener ignorante a Darnassus de la extensión del peligro ahora que Fandral había caído.El Archidruida se inclinó a un lado. Teldrassil se extendía por debajo de él. No lo podía ver en su totalidad, pero veía la parte central, que era donde estaba concentrándose.
Para entonces, los otros druidas tenían que estar preparados. Tenían que estar preparados.
Hamuul… Broll… Aunque nombró a los dos, Malfurion alcanzó a todos y cada uno de los druidas en o cerca del Árbol del Mundo. Le respondieron rápidamente.
Vamos a curar a Teldrassil, les informó.
Muchos se asombraron, especialmente después de la traición de Fandral, pero no dudaron en seguir sus instrucciones, dado que se trataba de Malfurion.
Malfurion descendió y aterrizó en lo que sabía que era el punto central del árbol. Allí se transformó. El aire era helado, pues se encontraba incluso por encima de los bosques que crecían en lo alto del árbol. Pero lo único que le importaba en ese momento era su plan.
Estirando las manos hacia delante como para abarcar la vasta copa, el Archidruida reforzó su vínculo con los otros.
Que lo que es la vida de Azeroth nos guíe para erradicar la corrupción…
En su mente podía ver a los otros druidas imitando sus movimientos.
Malfurion se puso en contacto con Teldrassil. El Árbol del Mundo estaba lleno de corrupción, pero no estaba más allá de toda salvación. Buscó el núcleo de lo que quedaba sano, un lugar enterrado no en su gigantesco tronco, sino en la profundidad de sus raíces.
Malfurion animó a esas raíces a crecer, a excavar más profundamente.
Se hundieron más, alcanzando las partes más primitivas de Azeroth… y las más puras.
Aliméntate y sánate…, le dijo al Árbol del Mundo. Aliméntate y sánate…
La reacción fue lenta, tal como esperaba. Malfurion siguió insistiendo.
Habiendo estado enfermo tanto tiempo, Teldrassil necesitaba que lo forzasen.
Al fin notó que Teldrassil empezaba a moverse. Con los druidas ayudándolo, el Árbol del Mundo empezó a alimentarse. Azeroth le proporcionaba la sustancia, como hacía con todas las formas de vida que había en él. Teldrassil se robusteció.
El esfuerzo era agotador para los druidas. Malfurion sudaba a pesar del aire frío y sabía que sus seguidores también estaban sufriendo. Sin embargo, nadie daba señales de abandonar, lo que lo llenaba de orgullo por cada uno de ellos.
Lo que hubiese llevado muchos años, lo que incluso ellos habían creído que era imposible para el Árbol de Mundo original, Nordrassil, estaba ahora teniendo lugar en Teldrassil. De repente surgió una maravillosa corriente de vida…
De la copa llegó una cacofonía de crujidos ensordecedores. Malfurion se temió al principio que los esfuerzos de los druidas hubiesen sido demasiado para el agotado árbol y que todas las ramas enfermas estuviesen a punto de caer. Pero no cayó ninguna. De hecho, aquellas que podía ver, incluso las más dañadas, empezaron a curarse. Las grietas se sellaban sin dejar rastro. Lo que Malfurion había oído eran las ramas recolocándose en su sitio.
Y, allí donde sanaban las ramas, aparecían al instante nuevos brotes.
Por todas partes brotaban capullos que, sin dudarlo, se convertían en hermosas hojas.
Sin embargo, la curación no se daba solo en la superficie. El Archidruida sintió una oleada de energía a través de Teldrassil que venía de las raíces, y se elevaba hasta la copa y hacia cada una de las ramas. El Árbol del Mundo, a su vez, alimentaba a los muchos árboles más pequeños y a las otras plantas que crecían sobre él… hasta que todo estuvo curado.
Todo parecía haber terminado, pero los druidas no frenaron sus esfuerzos, pues Malfurion no se los había dicho. Aunque él y el resto ya estaban agotados, Malfurion registró el Árbol del Mundo con sus agudos sentidos.
No encontró ningún rastro del mal. Con alivio, les dio permiso a los otros druidas para que dejasen el hechizo.
Malfurion deshizo el vínculo tras decirles a los demás que se tomasen un momento de descanso. A pesar de todo lo que estaba ocurriendo, los druidas resultarían inútiles si no se recuperaban. Incluso él se atrevió a respirar profundamente antes de transformarse en cuervo de tormenta y volver a echar a volar.
El rápido y maravilloso éxito de su labor también le dio nuevas fuerzas. El Archidruida se elevó para ver mejor cuanto podía del renovado árbol… y luego dudó cuando una gran forma reptilesca surgió de la densa niebla. Por un momento, pensó que quizá Ysera había escapado y venía hasta él.
Pero, aunque era un dragón de inmensas proporciones, inmediatamente vio que no era verde… sino carmesí.
Solo había un dragón rojo tan enorme…
—¡Archidruida! —El leviatán hembra rugió—. ¡Te reconozco a pesar de esa forma que llevas! ¡Eres Malfurion Stormrage!
La dragona inclinó la cabeza.
—¡Te creía perdido!
El Archidruida bajo hasta la copa del Árbol del Mundo y aterrizó.
Volviéndose a transformarse en un elfo de la noche; Malfurion gritó:
—¡Alexstrasza! ¡Gran Vinculadora de Vida! ¡Hermana de Ysera!
¿Traes noticias de la fuga de Ysera?
Su deslumbrante rostro se torció en una mueca de tristeza.
—¡No, mortal, no! ¡Que lucha aun estando cautiva es todo lo que tengo para mantener el ánimo! ¡Vengo porque he notado un gran crecimiento de vida en un momento de peligro! Era tal que no pude evitar venir a verlo… ¡y parece que tú eres la fuente! —Alexstrasza miró a Teldrassil—. ¡Y qué hazaña, Malfurion Stormrage!
—¡Teldrassil tenía que ser curado, Vinculadora de Vida! ¡Incluso aunque lo plantasen contra nuestros deseos, ahora es una de las fuerzas más poderosas que le quedan a Azeroth!
—Así es… así es… —La expresión del Aspecto era de cautela.
Obviamente muchos pensamientos cruzaban por su mente—. Incluso aunque se hizo sin la bendición de ningún Aspecto, es una visión hermosa y orgullosa, lo admito…
En ese momento, el Archidruida se sintió un poco mareado. Tuvo que esforzarse para no caer.
El gran dragón miró de cerca a la diminuta figura.
—Malfurion Stormrage, mientras estabas ayudando a todo el mundo,
¿no has descansado?
—No… no hay tiempo suficiente…
La dragona roja pasó la mirada de él al árbol y luego volvió a mirarlo a él. Tras un momento, dijo:
—Debe haber tiempo para esto.
Alexstrasza estiró la mano y tomó al Archidruida en la palma. Luego se alzó cada vez más, tanto que al fin era visible toda la copa del árbol.
Malfurion, aún agarrando la pequeña rama, sacudió la cabeza, incrédulo al estar a tal altura. Él no podría haber volado tan alto.
—He tomado una decisión —declaró el Aspecto con una voz atronadora—. ¡Aunque ni yo ni los otros bendijimos este árbol en sus comienzos, ahora se necesita una bendición!
Extendió las alas, y un glorioso y cálido resplandor irradió de ella. La Vinculadora de Vida sonrió hacia Teldrassil como habría lecho hacia cualquiera de sus hijos.
—¡Que esta bendición alcance a Teldrassil y todo lo que hay sobre él!
—ordenó la dragona roja—. ¡Y que también cree una nueva esperanza y un nuevo comienzo para nosotros!
El fulgor color rojo dorado se extendió de Alexstrasza hacia la copa.
Con una asombrosa velocidad, bajó por el tronco y más allá de la vista de Malfurion.
Y con eso… estaba hecho. Teldrassil no estaba solo curado… ahora también estaba bendecido, aunque solo por la Vinculadora de Vida. Pero esa sola bendición significaba mucho.
Alexstrasza voló en círculos alrededor del Árbol del Mundo. La transformación era completa. El glorioso fulgor se apagó, pero no desapareció de Teldrassil.
—Hecho… —declaró—, ¡y en el momento justo!
—¿Por qué? ¿Qué está pasando ahora?
—¿No lo has notado? ¡La Pesadilla está cerrando todos los caminos que conducen a ella! ¡Ahora que puede llegar hasta Azeroth, está evitando que nadie pueda llegar físicamente hasta ella! ¡Como druida, deberías poder notarlo! ¡Los portales se están cerrando uno detrás de otro!
—Los portales… —Malfurion cerró los ojos por un instante y notó que aquello era cierto. Eso le hizo pensar en otra cosa—. ¿Qué hay de los dragones verdes? ¿Los dragones de Ysera no pueden evitar que ocurra eso?
—¡Siguen luchando en la Pesadilla, pero sus posibilidades disminuyen, igual que las de los pocos que quedan luchando a su lado! No tienen ni tiempo ni fuerzas para enfrentarse a eso…
El elfo de la noche jadeó.
—¡Darnassus!
El Aspecto lo miró.
—¿Darnassus?
—¡El portal que hay ahí! ¡Estaba abierto cuando me fui! Quizás…
Sin decir otra palabra, la Vinculadora de Vida se dirigió hacia la capital. Su velocidad era tal que en un momento vieron la ciudad.
Alexstrasza viró a la izquierda y luego se dirigió a lo que quedaba de los Jardines del Templo.
Aterrizó y soltó al Archidruida. Mirando rápidamente a su alrededor, Malfurion vio a Broll, Hamuul y a algunos de los otros druidas que corrían hacia él. Además de ellos un puñado de centinelas, incluida Shandris, también estaban allí. Miraban asombrados a la dragona.
—¡Shan'do! —gritó Broll mientras corría—. Teldrassil está… ¡entero!
—Ojalá se pudiese decir lo mismo de Darnassus —murmuró Shandris uniéndose a los que se arremolinaban alrededor de Malfurion—. O del resto de Azeroth.
El Archidruida frenó más comentarios.
—¿El portal? ¿Están todos a salvo? ¿Sigue funcio…?
Mientras hablaba, Malfurion volvió a sentirse mareado. La oleada de adrenalina desaparecía. Broll y Hamuul tuvieron que sujetarlo.
Pero, mientras Malfurion se esforzaba por recuperarse, sintió de repente una presencia reconfortante, una que no había sentido nunca. Era semejante a algo que el Archidruida había creído perdido para siempre…
que fue lo que le permitió identificarlo.
Teldrassil se estaba poniendo en contacto con él. Del mismo modo que había curado al árbol, ahora el árbol se ofrecía a Malfurion. No solo había desaparecido el mal sino también el toque de Fandral. El Árbol del Mundo estaba casi como hubiese sido si Malfurion hubiese guiado su creación.
—¿Lo sabes, entonces? —oyó gruñir a Shandris—. ¡Se selló en cuanto el árbol estuvo curado! Al principio creíamos que era cosa tuya, pero…
—La Pesadilla está sellando todos los caminos físicos hacia el Sueño
—les informó la dragona roja—. Así que aquí también es demasiado tarde.
Malfurion, mientras se le despejaba la cabeza, no dijo nada. Al tocarlo, Teldrassil también le había revelado al Archidruida algo muy interesante.
Malfurion se estiró.
—El Enclave…debemos ir allí.
Sin esperar, el Aspecto lo tomó no solo a él, sino a los que estaban con él, Broll y Hamuul. Para ella era fácil transportarlos la corta distancia hacia el Enclave y volver a aterrizar.
El sagrario de Fandral yacía en ruinas, y las lianas que protegían su morada estaban muertas. No había nada en ellas que pudiera haberse salvado; habían sido el resultado de la obra del enloquecido Archidruida combinada con la maldad de la Pesadilla.
—¿Es aquí donde Fandral ha vivido siempre?
—No —replicó Broll—. Al principio, escogió la cámara superior del árbol más grande. Aquél de ahí.
El elfo de la noche señaló una zona no lejos, hacia la derecha.
—Pero, hace poco tiempo, creó esto de repente.
Malfurion asintió.
—Eso confirma lo que sospechaba. Solo necesitaré un momento. —Le dio la ramita a Broll—. Cuida un momento de esto, pero ten cuidado.
—Entiendo, Shan'do —murmuró Broll.
Malfurion elevó los brazos en mitad del enclave. El tiempo era esencial, y rezó para que lo que iba a intentar no le llevase mucho. También rezó por no equivocarse en sus suposiciones.
Aunque estaba en pie, el elfo de la noche entró en trance de meditación. Su larga experiencia le permitía alcanzar rápidamente el estado que deseaba, un lugar entre los mundos físico y onírico. Se arriesgaba a quedar vulnerable a la Pesadilla y a Xavius, pero también se abría a lo que le ofrecía Teldrassil.
Se comunicó en mente y alma con el Árbol del Mundo… y el árbol le dio la bienvenida. Sentir su gentil caricia emocionó y entristeció por igual al Archidruida. Rezó por la recuperación de Teldrassil, por la de todo Azeroth, si el mundo sobrevivía a ese ataque.
Teldrassil rezó con él.
El elfo de la noche abrió sus defensas para el árbol. Si aún quedaba algún rastro oculto de la maldad de Xavius, Malfurion también se había abierto a su enemigo.
Pero lo único que sintió fue el maravilloso calor de Teldrassil. Todo el sufrimiento, la falta de alimento y descanso, comenzaron a disminuir.
Malfurion sonrió.
Una parte primitiva de Malfurion quería escapar hacia Teldrassil, convertirse en parte de él y abandonar su existencia mortal. Ese era un riesgo que corrían siempre los druidas, imbuirse de tal modo en la gloria de la naturaleza que su propia existencia palidecía en comparación.
Pero el rostro que siempre emocionaba al corazón y al alma de Malfurion más que su deseo lo devolvió a la cruda realidad.
—Tyrande… —susurró para sí.
Teldrassil pareció hacerse eco de ese sentimiento, pues sus hojas se sacudieron aunque no soplaba el viento y Malfurion habría jurado que el ruido que hacían era parecido al nombre de la Suma sacerdotisa.
Malfurion no sabía cómo podría salvar a Tyrande. Solo se le ocurría una posibilidad.
La Vinculadora de Vida era la única que quedaba con él. Malfurion nunca se atrevería a pedirle a un Aspecto que se fuese. Pero Alexstrasza permanecía pacientemente en silencio, habiendo decidido aparentemente que las acciones que importaban ahora eran las del elfo de la noche.
Se agachó, colocando una mano en el suelo ante el sagrario. Malfurion habló con Teldrassil y le pidió que lo ayudase a revelar la verdad.
El poder fluía tanto del Archidruida como del árbol. El dañado edificio tembló. Las anteriormente letales lianas se volvieron ceniza, y todo lo que
había dispuesto Fandral se vino abajo. El sagrario tomó una nueva forma, convirtiéndose en algo familiar pero a la vez asombroso.
—¡Imposible! —murmuró Broll.
Levantándose, Malfurion se acercó hacia su descubrimiento. Había notado su presencia. Sabía que estaría ahí, a pesar de que no debería estar.
En secreto, Fandral había creado su propio portal al Sueño Esmeralda.
Era sencillo, y su forma redonda estaba enmarcada por ramas sinuosas y piedras. Unos poderosos hechizos se lo habían ocultado a los demás.
—Sigue abierto… —dijo Alexstrasza.
Malfurion asintió y luego llamó con su mente a los otros druidas.
Amigos míos… vengan al Enclave.
Los druidas llegaron un instante después. Todos se asombraron por lo que había hecho Fandral, pero Malfurion no podía darles tiempo para que asimilasen su presencia.
—Todo depende de nosotros —les dijo Malfurion a los demás—.
Debemos lanzar el último ataque contra la Pesadilla, para esto es para lo que nos ha preparado nuestro oficio. Un mal busca a Azeroth; siendo los que cuidamos de los bosques, las llanuras y las demás tierras que son sus jardines y alentamos el don de la vida que es su fruto… debemos acabar con esta plaga…
Los druidas reunidos se pusieron rodilla en tierra ante él e, incluso cuando les hizo gestos de que se levantasen, permanecieron en esa respetuosa posición.
—¿Qué quieres que hagamos? —preguntó solemnemente Broll, que parecía ser el portavoz de los demás.
—Lo que no debería pedirles. Los necesito… y sí, a todos aquellos que aún podamos reunir, sean druidas o no… para marchar hacia la Pesadilla a través del que posiblemente sea el último portal abierto en Azeroth…