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C a P Í T u L o
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Se levantó de golpe de la fría bañera, el agua lo había cubierto totalmente. Había olvidado la última vez que se habría quedado dormido de ese modo, al verse bastante escuálido bajo el agua perlada pensó que tenía una falta de energía que le hacía quedarse en casa la mayoría del tiempo.
Sentía el pecho bastante hundido, le costaba respirar, simplemente sacudió su cabeza y se volvió a hundir completamente viendo el techo descolorido a través de una fina capa de agua. No había logrado durar más de lo aceptable, se había levantado de nuevo salvajemente derramando más agua por todo el suelo de cerámica azulada de la habitación.
Había dejado su teléfono en silencio, de vez en cuando lo revisaba para cargarlo y borrar las interminables llamadas que le hacia Monique desde hace una semana; a las cuales ninguna respondía. Se sentía al principio molesto, a la vez no creía que fuera real. Al final ni siquiera podía definir sus verdaderos sentimientos hacia el tema. Aun así conociendo tal confusión evitaba enormemente hablar con ella fuera cual fuera la explicación que tuviese.
¿No crees que estas siendo infantil? -Le preguntaba Harry cada vez que surgía con el tema.
Al levantarse para salir, lo recordó de nuevo; trato de olvidarlo mientras se secaba por segunda vez luego de caer en el charco que el mismo había hecho.
« Zorra »
Llevo sus dos manos hacia el rostro y lo restregó con energía después de colocarse la toalla, salió poniendo el teléfono después de revisarlo en el aparador de la cocina. Esa tarde tenía que llegar al trabajo luego de faltar por casi una semana, estaba listo para ahuyentar todo el mal humor que tenía respondiendo a preguntas estúpidas de los tantos pasajeros que llevaba en varias horas del día.
Ya vestido salió, suspiró profundamente observando a una anciana que barría un minúsculo cumulo de hojas caídas. Arrancó el auto después de unos minutos
-Keine, ¡Ya era hora de venir a trabajar!, ¿Cuántos días habéis faltado eh? -Le preguntó el jefe alegre y distraídamente.
-Eh, no lo sé… al menos unos…
No le dejó terminar.
-No importa, ve abajo, ha habido una reunión, los mismos de siempre
¡Date prisa!
Se levantó de la silla, la oficina estaba desordenada como siempre, había cajas llenas de carpetas regadas por todas las esquinas, el escritorio estaba repleto de papeles casi alcanzando su altura y por el suelo había varias sillas destartaladas; estaban allí con la excusa que pronto las enviaría a arreglar.
Volvió a bajar en ascensor, una luz titilaba encima al momento de presionar el botón del sótano. Sin sospechar nada, no presto mayor atención, el marcador anuncio que había llegado al piso. Había estacionado en uno de los primeros, se extrañó bastante por el hecho de que siempre tendría que bajar al menos hasta el sótano cinco y esperar a que alguien se desocupara para poder aparcar.
La puerta tardo un poco en abrir, al salir solo habían unos cuantos autos estacionados. Siguió sin prestarle demasiada atención a tal extrañeza, caminó hacia su auto y no lo abrió enseguida, Flammel le había obsequiado un cigarro, lo veía con cierta curiosidad, pero no lo encendió solo se quedó contemplándole mientras se apoyaba en el capot. Debía esperar a alguien justo en su posición e indicarle que le llevaría como de costumbre, ¡Bah! –
Reclamó para sí mismo, casi odiaba el hecho de esperar, y así fue, ya había pasado casi media hora y nadie aparecía.
-¡Vamos! Tengo ya casi medio siglo aquí esperando, ¿Puedo irme?
¿Seguro que llegara alguien? -le preguntó al jefe.
-Solo espera un rato y podrás irte, ¡Te llamare si te necesito!
Al colgar guardó el teléfono en su bolsillo y abrió la puerta para arrancar e irse, no habría diferencia si se iba ahora, el jefe jamás sabría la diferencia.
Metió la llave girándola inmediatamente, el carro comenzó a ronronear, y entonces escucho que le pitaban desde el ascensor.
-¡Oye! ¿Eres Keine?
Echó su cabeza para atrás suspirando fuertemente, se enderezó y salió inmediatamente, un hombre casi de su misma estatura, con el cabello negro y rasgos muy masculinos se dirigía a él con paso rápido. Estaba vestido muy formalmente, aunque tenía ciertas manchas pequeñas en su camiseta.
Keine encorvó los ojos, no le había visto nunca, pero se tranquilizó al saber que conocía su nombre, eso era clave al momento de llevar a sus clientes, sabían dónde encontrarlo.
No vaciló acercándosele también, el hombre se paró en seco mirándole fijamente a los ojos por un momento, sonriendo después.
-Eh, disculpa la demora… me retrase un poco. ¡Vamos!
Le dejó la mano extendida, entró al auto sentándose en el asiento trasero. Keine rio también bajando su mano un poco insultado por el gesto.
Entró al auto… jamás había bajado para recibir a alguien, y no se imaginaba nunca estrechando la mano.
-¿A dónde quiere ir señor?
-A Swarkestone.
Al escuchar la respuesta creyó haber recordado algo, pero simplemente parpadeo, miró sus manos en el volante y después de una ojeada rápida a su pasajero le sonrió para arrancar el auto.
-Claro a donde usted ordene.
Swarkestone estaba bastante lejos de ahí, le llevaría gran parte de la tarde entre llegar y devolverse. Rogaba que el pasajero no le pidiera algún otro viaje aún más lejos para tomarse toda la noche. Las calles estaban más tranquilas que de costumbre.
-Hace bastante calor hoy, ¿No es verdad? –Dijo Keine.
-Sí, pero es común –respondió el pasajero -Todos estos días han sido calurosos.
-¿Qué? –pensó Keine. Ayer precisamente estaba haciendo más frio que los días anteriores.
Dejó de verlo a través del retrovisor, debía pensar que en ciertos lugares el clima debía ser distinto o que el hombre debía estar loco.
-¿Cómo va usted? –preguntó el pasajero.
No creía lo que escuchaba, no pudo ocultar su sorpresa, las largas horas que llevaba trabajando ni siquiera un saludo sincero había escuchado.
-Bien, supongo que sí, ¿Y la suya señor?
-¡Vamos! –continuó el hombre en el asiento trasero -No me digas señor, llámame Ricardo... Ricardo Meléndez, y pues… -carraspeó -La mía, no lo diría así de simple. Debería pensar un poco más para responderte, pues decir bien o mal sería una respuesta muy vaga… supongo.
Keine no sabía que pensar, rio levemente dando al mismo tiempo un gesto de intriga.
El resto del camino volteaba de vez en cuando a ver a Ricardo, el hombre sonreía mirando por el parabrisas sin cambiar su expresión, nunca hizo nada distinto.
-¡Ya hemos llegado!
-Ya era hora –exclamó.
Ricardo bajó, pero dejó la puerta abierta. Keine había aparcado a orillas del puente, creía que estando allí Ricardo le diría el lugar exacto a donde lo llevaría.
El hombre no se disponía a cerrar la puerta, Keine esperó un par de minutos sin éxito; entonces decidió bajar.
-Señor, podría preguntarle, ¿Cuánto tiempo tardara?, ¡Quiero decir!, ¿Va a tomar otro camino después de este?
El hombre sonrió, se había recostado al auto cruzando los brazos. Le miró con una expresión relajada y luego volteó para seguir viendo el horizonte.
Keine cerró la puerta para recostarse también al lado de Ricardo.
-Podría ayudarle en algo Señor… Ricardo.
El hombre suspiró, volteó al suelo pensativo y luego lo miró con los ojos curiosos.
-¡Podrías sí! –Exclamó. Si tal vez fueras Dios.
-Señor…
-Llámame Ricardo por favor…
-Tal vez si lo fuera, ¿Está seguro que él tendría tiempo de estar aquí ahora? -después de una pausa -No creo que tendría que ser precisamente dios el que solo podría ayudarlo.
-¡Que curioso! –Interrumpió -No lo había pensado, ¿Puedo saber tu nombre?
-Me llamo Keine… Keine Herzeleid.
Otra vez le volvió a extender la mano, pero quedo igual que antes, al cabo de unos instantes simplemente la bajó y volvió a recostarse en el auto.
-Ya que he confirmado que no me dará tiempo para hacer otra cosa,
¿Podría saber su problema?
Ricardo volteó a mirarle.
-La vida amigo, cuando menos lo he pensado me ha quitado todo lo que creía que tenía.
El hombre sonrió mirándole con los ojos enrojecidos, miró al suelo en el que cayó una única gota la cual se desvaneció rápidamente.
-Te he visto guardar un cigarro en tu bolsillo, ¿Podrías regalármelo?
-Claro, pero no tengo como encender, buscare en el auto.
No respondió pero asintió con la mirada. Fue inmediatamente a buscar sin garantizar encontrarlo puesto que nunca lo había necesitado. Se sentó en el asiento de copiloto para rebuscar en el maletero.
Antes de encontrar unas viejas cerillas encontró una fotografía. Hace meses que no la miraba, solo al recordar que era su favorita le causó un peso en el estómago. Salía junto a Monique, ella misma la había tomado justo después de unos segundos cuando Keine le confesara que la quería enormemente.
-¡Encontré algo Ricardo! -Dijo fuertemente al salir del coche, volteó pero se quedó estático cuando no vio a nadie.
-¿Ricardo?
Solo tenía las cerillas en la mano, rebuscó en su bolsillo sacando su teléfono. Había llamado a la oficina pero no respondieron, decidió llamar a la policía.
Entre la desesperación, se acercó rápidamente al puente, pero no había ninguna forma de saber si Ricardo había saltado.
-Llámala.
Estaba escrito en el parabrisas, a pesar del calor, Ricardo había podido dejar marcado su aliento para escribirlo, pero ¿A qué se refería?
Después de darle vueltas a la cabeza llamó a la policía, no encontró otro sentido al quedarse en el lugar y se marchó a su casa. Al abrir la puerta casi resbaló con un papel.
Debo ir a ver a mi hermano por unos días, está muy enfermo y no puedo posponerlo más. Espero que al estar de vuelta puedas dejarme hablar, besos.
Monique
La arrugó de inmediato, sin contestarle a ninguna de sus llamadas, ni ver sus mensajes en el teléfono, se le había pasado un poco la molestia; no pensaba tanto en la idea de jamás responderle o seguir pensando en ella, pero ahora ese mensaje repentino le había recordado como se había sentido, se quedó sentado esperando algo, paso minutos así, luego se levantó para abrir la puerta.
Harry había tocado con mucha insistencia.
-¡Ya estaba pensando dormir!, ¿Qué haces aquí?
-¿Ya te has desacostumbrado a mis visitas? Antes casi dormía aquí
¿recuerdas?
-¡Tienes razón! –dijo Keine bajando la mirada -Estoy de mal humor.
Harry pasó, tenía en su mano una docena de botellas de cervezas de las más grandes y más fuertes que podrían tomarse.
-¡Veo que has traído compañía!
Después de decirle puso las botellas en la nevera tomando dos y acariciándolas mientras las abría.
-Pues así ahogamos tu pena, ¿Qué ha pasado?
-¿A qué te refieres?
-¡Vamos! Somos amigos, además tu vida no es tan privada como lo piensas, ¿Recuerdas lo que te dije sobre ser infantil?, ¿Cuándo se ha ido?
-No lo sé -suspiró decepcionado -Me escribió una carta diciéndome que se tenía que ir.
-Amigo, creo que estas siendo muy duro con ella, ¿Acaso se invirtieron los papeles? Recuerdo que lamentabas la cantidad de veces que le escribías, tantas veces que le llamabas, tanto que le suplicabas para hablar con ella y ahora es al contrario ¿Qué paso?
Frente a Harry; Keine se vació la botella de cerveza de un trago y se encogió de hombros.
-Me ha engañado, fingió estar conmigo y tan solo fue una mentira.
Ahora Harry fue quien se vació la botella entera, abrió los ojos de par en par, se acercó a Keine poniendo sus codos en las rodillas.
-¿Qué tú y Monique estuvieron juntos? ¡Vaya!, eso si no lo había escuchado.
Después de sorprenderse se levantó para buscar dos botellas más, las abrió enseguida y se sentó al lado de Keine.
-¿Crees que Monique estaría contigo solo por estarlo?, ¡Pensé que eras inteligente!, Sabes que ella es una mujer difícil, ni yo hubiera podido conquistarla tan fácilmente.
-Fácilmente, claro…. sí que es una mujer muy fácil.
Harry se arrimó hacia atrás sorprendido.
-¿Qué es lo que dices?
-No me digas… -lo cortó Keine -¿Eso no te lo conto?
-¿Qué cosa? -Harry estaba indignado, se estaba aguantando el tono chocante y grosero que había tomado Keine, en vez de hablar sentía que ya discutía con él.
-Pues por lo que vi, es una mujer muy fácil, demasiado fácil para decir que es una mujer que no vale realmente la pena.
Harry se echó para atrás en seco, dejó la botella al levantarse, le miró y con un dedo levantado junto a sus labios apretados le señalo impaciente y molesto.
-¡No es verdad!, y no creo que sea posible que hables así de Monique, no creí eso de ti nunca.
Se volteó fulminándolo con la mirada, tomó la perilla de la puerta y el cerró bruscamente. Keine se quedó plantado en el mueble echando humo por los ojos, se sentía realmente mal, física y mentalmente, terminó todas las botellas que había dejado Harry en la nevera, justo después de eso cayó rendido en el suelo dándose un gran golpe justo antes de llegar a la cama.
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