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C a P Í T u L o
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-¡Mierda! -Gritó al ver que no podía soportarlo más.
Había roto con lo último que lo sostenía, caía a gran velocidad por el precipicio.
-Es el final.
Cerró los ojos por un instante para soportar la incomodidad que le provocaba. Pero no los mantendría así, quería estar seguro de haber muerto, quería ser testigo de su último respiro.
..
Jonás se había quedado fuera tras salir de la casa sin despedir a su mamá, aun lloraba pero intentaba secar lo mejor posible sus lágrimas.
-¡Vamos Jonás, debemos irnos!
Su tío había salido, después de darle un beso en la frente escuchó decir a la mujer.
-Te lo agradezco Flammel.
Su sobrino se había subido, en ese justo instante su tío había arrancado después de tocar la espalda a Jonás. Al marcharse dedicó una última mirada a su madre a través del espejo, la cual rechazó al poco tiempo.
-¿Qué paso después? –preguntó Flammel.
Jonás había quedado ceñudo, volteó lentamente con cara de intriga. Su tío lo veía muy serio.
-¿De qué me hablas tío?
-¿Qué paso después que le seguiste?
Jonás se quedó tieso, las manos le temblaban y esquivó rápidamente la mirada de su tío.
-¡Habla Jonás! ¿Qué paso con la chica?
Jonás había volteado ignorando la pregunta de su tío.
-¡Habla ahora! –le gritó.
Jonás volteó rápidamente aterrado, pero la molestia de su tío se minimizo al ver lo que su mano señalaba.
-Mira allá tío.
..
-¿Puedes ver si falta poco Elizabeth?
Aun mas incomoda y con gran debilidad se sostenía a la roca, mientras que con el otro brazo sostenía a un bebe.
-No puedo Keine, ¡Ayúdame! –suplicó ella
No sabía qué hacer, sus piernas temblaban, él también estaba débil. Con el otro bebe en brazos se impulsó un poco más, cuando la roca que lo sostenía se había soltado.
-¡Vamos Elizabeth queda poco, tu puedes!
Trataba de apoyarla pero ella parecía no escuchar, lloraba mientras se esforzaba para no quejarse más.
-¡Creo que he visto el borde! ¡Está un poco más arriba!
-¡Vamos! ¡Tú puedes subir!
Él se atrevió a mirar abajo, después de hacerlo decidió olvidarlo.
-¡Vamos Elizabeth, sube ya!
Hace un momento podía ver el camino que había recorrido, pero ahora tan siquiera podía ver solo la piedra que lo sostenía.
La roca bajo su pie había comenzado a temblar, todo lo demás se había derrumbado.
-¡Vamos! ¡Vamos!
-¡Keine!
Elizabeth estaba cayendo, intentaba agarrarse de donde podía pero le era imposible, se daba golpes mientras trataba de proteger al bebe.
-¡Elizabeth!
Con uno de sus codos y estirando su pierna se detuvo, había gritado de dolor.
-¡Vamos Elizabeth!
Keine lo creyó imposible, lanzó al bebe hacia arriba, este cayó en el regazo de la mujer, parecía que lloraba pero Elizabeth al verle notó que él bebe sonreía divertido.
Con la mano libre agarró el saliente, subía como podía mientras le caía tierra en la cara.
-¡Vamos Elizabeth!
Tomó a uno de los bebes y con su pie apoyado en una roca empujó a Elizabeth, ella ahora con más energía subió temblando hasta llegar arriba.
-¡No Elizabeth! ¡No de nuevo!
Elizabeth había vuelto a resbalar. Pero… una mano salió desde la superficie y la agarró.
-¿Elizabeth?
Había lastimado sus codos, todo había perdido importancia, tenía que llegar arriba.
-¿Elizabeth?
Con dificultad había subido al bebe, ahora podía lograrlo. Era más fácil; ya había dejado de temblar.
Keine al llegar agarró la tierra seca.
-¿Flammel?
Flammel apuntaba a Elizabeth con su arma.
-¿Que sucede?, ¡Creí que estabas muerto! –preguntó Keine.
Había dejado de apuntar a la mujer para apuntarlo a él.
-Keine… -con un hilo de voz, Elizabeth pronunció su nombre. Lloraba desconsolada.
-Flammel por favor. ¿Qué sucede? ¿Por qué nos apuntas? ¡Flammel estos son tus hijos!
Inexpresivo continuó mirándoles. Sostenía el arma firmemente mientras apuntaba con el dedo en el gatillo.
Keine suspiró al ver la gravedad de sus heridas. De su frente caían gotas de sangre y el cabello se veía húmedo sin su casco.
-¡Flammel por favor escúchame!
Keine se había adelantado con la mano levantada. Tenía la esperanza de ver reaccionar a su mejor amigo, y como lo esperaba; no falló.
Flammel había accionado el arma apuntándole en el brazo, la bala le roso rasgándole el uniforme.
Elizabeth gritó, pero…
-¿Qué pasa? –Había ignorado totalmente a Flammel, aquel gritó no tenía que ver con el disparo, había algo más.
-¡Que sucede Elizabeth!
Ella temblaba frenética, había acostado al bebe en el suelo y su mirada se dirigía a la derecha; hacia el precipicio donde habían saltado tiempo atrás.
Llorando se llevó las manos a la cabeza desesperada mientras caía de rodillas al duro suelo.
..
-¿Qué crees que sea? –Jonás preguntó.
Flammel había callado, miraba el camino nervioso mientras presionaba todo el acelerador.
Jonás seguía mirando, aquello caía lentamente desde kilómetros de distancia y poco a poco se acercaba al suelo.
-Sería una dura caída, ¿No es así?
-Lo es –respondió el.
-Metete en el auto Jonás.
Flammel había agarrado el brazo de su sobrino halándolo bruscamente.
-¿Qué pasa? –reclamó el.
-Metete en el auto –insistió al ver que Jonás casi se salía por la ventana al asomarse.
-¿Tío? ¿Qué sucede?
Flammel agarró el volante con fuerza, con la otra mano agarró de nuevo el brazo de su sobrino y de un jalón lo metió en el auto.
-¡Me haces daño!
Flammel aceleró aún más, el camino de tierra estaba despejado. Al voltear tragó seco, aquello estaba llegando al suelo.
-Tío está a punto de caer.
Flammel tuvo que agarrar a su sobrino con fuerza, no le quedo de otra que soltar el volante. El auto siguió su camino a toda velocidad, no debía detenerse.
-¡Tío! –gritó Jonás.
A metros, a centímetros, a milímetros, a solo una porción de separación.
Hubo silencio, para recordar que después venia lo peor. Aquello había caído.
Jonás gritó, Flammel intentó abrazarlo con más fuerza.
Desde kilómetros una onda expansiva convirtió el aire en un gran enemigo, el auto se había volcado y comenzaba a dar vueltas por la carretera. Flammel y Jonás dentro se batían mientras el suelo temblaba salvajemente.
Y a kilómetros de distancia, Keine Herzeleid había caído a un mar tan basto que desapareció hundiéndose incrédulo por haber sobrevivido.
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