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C a P Í T u L o
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Los hombres caminaban acercándose, ellos sabían las consecuencias de su presencia, pero no les importaba, sus emociones estaban por debajo de su moral; era más que sensato permanecer de esa forma.
-¡Alto! –dijo el hombre de ojos azules. Flammel se detuvo, intentaba meter la mano en el bolsillo de su chaqueta.
-¿Quiénes son? –Ricardo preguntó en susurros.
No respondieron, todos miraban impresionados. La que parecía más sorprendida era Marie.
-¿Por qué haces esto Derek? –preguntó Flammel. Veía de cerca la mano del hombre que le apuntaba directo a la frente.
-Haciendo lo mínimo que te mereces, ¿No lo crees?
Derek sonrió y sus ojos azules brillaron.
Tenía el gatillo en su dedo, pero bajó el arma sin perder su mirada.
-Hola Marie.
Detrás de él, ella había saltado sorprendida. A su lado Ricardo la miraba con ceño.
-¿Me has extrañado? –había levantado su mano para besarla.
-¿Has traído a nuestro hijo?
Ricardo se abalanzó contra Derek, pero ni siquiera logro tocarlo. Uno de los hombres levantó el arma rápidamente para golpearlo; Ricardo cayó en el suelo inconsciente.
-¡Maldito!
-¿Flammel? –Contesto Derek en tono de sorpresa ¡Me sorprende de ti!
Acaso –hizo una larga pausa -¿Te has vuelto un cobarde?
..
-¡MUESTRATE!
Gritó el sacerdote, sostenía él bebe en sus brazos. Había terminado de murmurar toda la oración en latín; pero aun así no desprendía su dedo de la frente del bebe.
-¡Di tu nombre!
El corazón le latía con fuerza, en su regazo él bebe lloraba. Cada vez se sentía más pesado, la desdicha lo cubría más que su ropa al intentar protegerse del frio.
-¡Vamos! –se dijo a sí mismo. Sus dedos temblaban intentando soportar tan solo el peso de aquel bebe recién nacido.
Los brazos se le habían dormido, era cuestión de tiempo para no soportarlo más. El frio ya no le hacía temblar, estaba dentro, tenía miedo.
Sentía tanta pena por saber que él bebe que sostenía en sus brazos difícilmente lograría soportarlo, sentía decepción al no poner en práctica lo que sabía. Arrimó su mano al bolsillo de su sotana para tocar solo una cosa.
Algo que lo salvaría, su último recurso.
Él lo sabía, debía cerrar los ojos. El deseo de no hacerlo y poder percibir lo que venía frente a él era casi insoportable. Sabía que si veía aquella criatura podría ser la última cosa que hiciese.
Un brillo dorado salió de su bolsillo, tan resplandeciente que iluminó de a poco la habitación en instantes. Al hacerlo cubrió al bebe inquieto con una manta y se levantó de golpe empuñando la daga contra la enorme masa negra que tenía delante.
Al hacerlo solo después escuchó.
-¿Por qué?
Se echó para atrás soltando la daga dorada al suelo, sus manos habían quedado manchadas de sangre. De la impresión cayó, intentaba no perder la mirada hacia su víctima, era tan solo un niño.
El inocente pequeño lo miraba aterrado mientras sostenía su abdomen adolorido mientras lloraba.
..
-¿Flammel? ¿Qué has hecho? –Harry le gritaba a su lado.
Los dedos de Flammel habían presionado el gatillo del arma que había sacado de su bolsillo. En ese preciso instante Marie Meléndez caía al suelo víctima de un disparo en su abdomen, se había interpuesto para salvar a Derek; quien miraba sonriente el espectáculo.
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