Vectorial
C a P Í T u L o
- 53 -
OceanofPDF.com
El hombre lo sabía, podía escuchar sus pasos con claridad. Aun así ignorándolo por completo contemplaba a un horizonte al cual Keine no le era posible ver aun.
-¡Sigue!
Keine había resbalado, pero se obligó a resistir. Subía una pendiente que se volvía cada vez más empinada, recorría una distancia que parecía cada vez más larga.
-¿Quién eres tú para decir que es el mundo?
Aquel hombre estaba cerca, Keine solo podía ver su espalda que se hinchaba con cada respiración, incluso podía ver la dificultad con que lo hacía.
-¡Oye! –gritó.
Solo quería ver quien era, preguntarle que hacía en ese lugar, desear que otro acabara con aquella tortura. Solo lo pediría como un favor.
-¡Escucha!
Los pasos que daba eran débiles. Cuando estaba tan cerca tuvo que agacharse para toser, sus pulmones estaban muriendo.
-¡Por favor! –Keine lo dijo con voz débil.
El hombre lentamente volteó a mirarle, sonreía débilmente mientras se tomaba el abdomen sangrante.
-¿Qué haces aquí? –preguntó.
Keine se carcajeó torpemente mientras limpiaba su boca.
-Esperaba que respondieras mi pregunta –dijo.
El hombre le perdió la mirada y dio un paso adelante, Keine seguía mirando.
-Maldito.
El hombre no volteó, pero hizo algo más. Había agachado su cabeza y después se había arrodillado en el borde del precipicio, estaba a un paso de
caer.
-¡No!
Keine intentó correr la distancia que le faltaba, tropezaba a cada paso pero estaba obligado a no caer; si lo hacía… nunca más se levantaría.
-¡No lo hagas! –le gritó al hombre.
Estaba hecho, el hombre se lanzaría, lo peor que pudo haber pensado.
Keine corría, solo unos pasos faltaban para alcanzarlo.
-¡No! –gritó de nuevo.
Seguía corriendo, estaba cerca.
Al llegar se detuvo de golpe, aquel hombre se había levantado y con su mano manchada le había obligado a hacerlo.
-Espera, no querrías caer allí –le dijo mirándole con unos ojos tremendamente claros.
-¡Eres tú!
..
-¡Suéltame!
La pequeña niña había gritado al ver que Jonás la agarraba con fuerza después de haberla alcanzado, el pasto pegajoso seguía presente bajo sus pies. Jonás sangraba después de recibir una paliza.
-¡No! –gritó él.
La pequeña dejó de moverse, lo miraba directamente a los ojos aterrada, lo hacía porque simplemente no podía evitarlo. Nunca había visto sus ojos tan cerca, aquellos ojos tremendamente claros y azules de Jonás, unos que siempre temía encontrarse.
-Eres un mostro. Te he visto.
La pequeña se liberó del chico, había clavado sus uñas sucias en su muñeca.
-He podido ver todo lo que has sido capaz de hacer, nunca creí que fueras tú, nunca te creí capaz.
Jonás estaba delante de ella, la nariz le dolía intensamente pero se obligaba a permanecer fuerte, mostrarse débil era la perdición en ese lugar.
-No sé de qué me hablas –le reclamó molesto.
La niña seguía mirándole, varias lágrimas salieron de sus ojos.
-Olvídate de mí.
No sabía que pensar, ¿Qué era lo que había hecho? ¿Qué obligaba a Monique a alejarse de él?
..
Keine se había alejado un paso atrás y le miraba aterrado. Era aquel hombre. El mismo; no tenía duda de ello.
El hombre al escucharlo esquivó su mirada volteando de nuevo.
-¡Bastardo!
Keine se abalanzó contra él, su débil puño le daría con toda la fuerza que le quedaba.
-¡No lo hagas!
Había quedado mudo, su mano había quedado paralizada. Le habían agarrado la muñeca con tanta fuerza causándole un dolor mucho peor del que ya había sentido.
-Hola Keine.
Una voz gruesa y cálida había llegado a sus oídos, una que creyó conocer muy bien.
-¿Flammel?
..
-¿Qué paso después? –preguntó Flammel.
Flammel hipaba al preguntarle a su sobrino, agarraba el volante soportando su ira.
-¿De qué hablas tío?
Preguntó sin verle.
-¿Qué paso después que le seguiste?
Flammel notó a Jonás, se había quedado tieso al mismo tiempo que las manos le temblaban. Había esquivado su mirada, eso no traería nada bueno.
-Habla Jonás. ¿Qué paso con la chica?
El chico se había volteado, Flammel frenó para reprenderle. Tenía que saberlo.
-Jonás mírame –le gritó.
El chico se acomodó en el asiento de copiloto, temblaba al escuchar a su tío. Aunque no fuera igual que su madre, el respeto que le tenia se convertía en momentos en un profundo terror.
-No puedo hacerlo tío.
Jonás se le quebró la voz, intento decirlo pero por poco Flammel pudo entenderlo. Pronto gruesas lágrimas habían salido de los ojos del pequeño.
-La chica… Monique.
-¡No!
Flammel le había gritado a su sobrino. Al mirar sus ojos lo supo, no quería escucharlo, no podía hacerlo.
-Perdóname.
Flammel se sujetó del volante con fuerza y apretó todo el acelerador después de ver a su sobrino cambiar la mirada a la ventana.
-Mira allá tío.
..
Flammel había aparecido ante él, sujetaba con tanta fuerza su muñeca que le estaba haciendo daño.
-¿Flammel?
-¿Te pierdes el espectáculo? –contestó.
Con su mirada más desgastada hizo un gesto para llamar su atención; al mismo lugar donde aquel hombre de ojos claros miraba sin pestañar.
OceanofPDF.com