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C a P Í T u L o
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Keine no sabía qué hacer, no tenía sentido lo que pasaba.
Había caído de golpe otra vez en el suelo, pero esta vez víctima de alguien peor de lo que esperaba.
Sobre él se había lanzado una mujer terriblemente sucia, sus brazos estaban cubiertos por harapos, el cabello grasoso y enredado caía tentando tocar su rostro.+
-Déjame –gritó.
Estaba atado, la mujer clavaba en sus muñecas sus sucias uñas mientras lo miraba con unos ojos amarillentos y una sonrisa turbia.
Lo obligaba a permanecer en el suelo, pero había algo más. Keine sentía su cuerpo tan pesado que pensó que ni siquiera tres de aquellas mujeres podían infringirle el peso que sentía sobre sus hombros.
Sintió cuando las uñas salieron de su piel. La sangre llego a sus dedos.
La mujer había apartado la mano para recorrer su brazo mientras murmuraba palabras imperceptibles para él.
-¡Suéltame!
Las personas alrededor de él se alejaban, nunca había tenido tanto espacio, pero era un espacio que ni siquiera podría usar para escapar.
-¡Déjame!
La mujer recorría la piel desde la muñeca mientras murmuraba, parecía orar pero sus ojos temblaban a medida que lo hacía.
Keine sintió de repente un frio ascender desde sus dedos, uno que creía haber sentido antes. Pero, pronto comenzaría a quemarle.
-¡No!
Gritaba con la mujer acuestas.
Por un momento simplemente no pudo hablar, sus ojos se nublaron.
Solo pudo levantarse cuando la mujer lo liberó para perderse entre la multitud.
Todos ahora lo veían, las caras de terror se dirigían a él. No podía hacer más, tenía que huir de aquel lugar.
-¿Qué miras? –Preguntó amenazante cuando se encontró un hombre cortándole el paso.
Con el borde de su camisa intentaba limpiar las heridas, había tenido que soportar aquella mujer sucia tocarle, se sentía asqueado, infectado por enfermedades que ni siquiera conocía.
-Maldición –gritó al recordarlo.
Las heridas le dolían, sentía como si le ardieran… pero solo sentía eso; el peso sobre sus hombros había desaparecido….
Por ahora.
-¡Es repugnante! –dijo Keine.
Se detuvo en ese momento, tenía dudas de avanzar. Ya no tenía que soportar la multitud acosándole, se había metido por un callejón que parecía ser una bajada sin salida.
-¡Es repugnante! –repitió.
En aquel callejón nada era mejor, se había encontrado mendigos nauseabundos recogiendo comida del suelo, se arrimaban a las paredes como si fueran parte de ellas, como si quisieran desaparecer mientras manchaban su rostro con comida podrida.
Keine había dado un par de pasos más sin prestar demasiada atención al camino. Había llamado su atención un hombre forzando a una mujer, quiso hacer algo, pero sintió miedo.
-¡Mierda!
No pudo evitar gritar, frente a sus pies había una enorme zanja, en esta habían miles de huesos de animales, pudo ver cabezas de pollo pudriéndose a centímetros de sus pies.
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