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Alejandro Avila · Capítulo 17 de 55

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C a P Í T u L o

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Esperaba algo distinto, tal vez se lo había imaginado de la forma en que lo escucho una vez, pero dudaba realmente que sus pensamientos no estuviesen enfocados a ese recuerdo si no a otro…

Era bastante cómodo para soportarlo, la verdad se tentaba a cerrar los ojos en la oscuridad mientras caía lentamente. Claramente no estaba bajo el agua, pero tampoco sentía el viento, más bien era como un vacío sin gravedad al que se había acostumbrado tanto, que ni siquiera pensaba en reconocer que ocurría.

Mantuvo los ojos abiertos sin saber si fuera necesario, veía a la nada sintiéndose desorientado, cómodo y ligero mientras seguía cayendo, estaba tan acostumbrado que dejó que sus manos y pies descansaran.

-¿Dónde estoy?

Su espalda tocó el suelo primero, sus brazos y sus piernas vinieron después. Recordó aquella rara sensación de ver tu dedo tan cerca de otro objeto que parece ser parte de él.

No quería parpadear, se renegaba a hacerlo, pero le costaba acostumbrarse mientras tenía que soportar el polvo que había levantado al caer; meterse en sus ojos.

-¿Qué es?

Sobre él una luz había aparecido, tal vez siempre estuvo allí, pero a partir de ese momento parecía verla más claramente.

-Esperare, solo eso.

Se levantó al decirlo, sus piernas estaban débiles y notaba un cansancio con el que pocas veces había tenido que lidiar; parecía irreal.

Sus pies estaban sucios, ni siquiera sabía cómo pudo quedarse descalzo.

Levantó sus pies para mirarlos, no había más que eso; además había limpiado el polvo que cubría todo el suelo.

-¡Rayos!

Dijo al verlo, se había agachado para pellizcarlo, ante sus ojos el polvo rojo se metía en los poros.

-¿Dónde estoy?

Levantó la mirada, sobre él estaba aquella luz. Lucía tenue, pero aun así servía para poder verse a sí mismo.

Keine bajó velozmente la cabeza hacia el suelo, nunca había sentido una puntada en sus sienes que le obligara a hacerlo con tanta rapidez. Enseguida sintió un cosquilleo bajo su nariz, algo salía recorriendo su rostro hasta su barbilla. Estaba asustado, podría ser un animal que se le había metido mientras dormía.

Pero… solo se trataba de sangre.

-¿Cómo puedo seguir sangrando?

Vio como cayó aquella gota en el oscuro pavimento. Hirvió ante sus ojos y evaporándose se convirtió en polvo. En el mismo que pisaba y se metió entre sus dedos. Supuso que el tiempo que estaría allí, lo adsorbería cada vez más. No tenía idea de que pasaría si su cuerpo lo seguía haciendo.

-¿Hay alguien ahí?

Lo dijo con cautela, no quería escucharse a larga distancia, pero tampoco quería pasar desapercibido.

-¡Mierda!

Habían caído unas chispas delante de sus pies, la luz sobre el comenzó a titilar.

-¿Quién anda allí?

Se adelantó un paso, quería observar hacia el oscuro muro que lo rodeaba, pero era imposible ver.

-¡Conteste!

Volteó arriba, sabía que la luz que lo cubría, era lo único que lo protegía.

Pero… ¿Dónde estaba?, ¿Por qué estaba en ese lugar?

-¡Vamos! –retó.

De la oscuridad salió una barra de metal, había dado un golpe rápido al farol sobre su cabeza.

El corazón se le aceleró, tendría que obligarse a seguir de ese modo.

Keine estrujaba la oscuridad, intentaba ver algo.

-¡Quien anda ahí!

Sin quererlo se había acercado al borde, justo donde la luz terminaba.

Una respiración caliente había llegado a su oído, instintivamente había

cerrado los ojos. Aquello seguía ahí, pero jamás llegaba a tocarla. Keine sentía que había algo que evitaba que lo hiciera.

-¿Qué eres?

Dio un paso al frente y se volteó enseguida. No quería ser víctima de su miedo, pero la verdad estaba sobrepasando su límite.

-¿Qué debo hacer? –se preguntó.

Seguía perforando con sus ojos el muro negro, intentaba ver algo, pero era imposible. Debía atreverse, quería ir más allá, saber que estaba pasando.

Se adelantó entonces un paso, había quedado más lejos que antes de aquel muro oscuro; pero suficientemente cerca para poder tocarlo.

-¡Puedes hacerlo!

Apretó el puño con toda su fuerza, solo dejó de hacerlo cuando sus dedos se entumecieron. Miró por última vez a través y de un golpe metió el brazo en la oscuridad. Mantenía el brazo extendido, si algo pasaba solo sería su culpa.

-¡Vamos!, ¡A qué esperas!

Sintió un cosquilleo en sus dedos, la piel en su brazo se le erizó, al reconocerlo recogió el brazo con rapidez.

Fue imposible no sobresaltarse, su brazo estaba más delgado. Era como si fuera su piel se hubiera quemado con el tiempo. Al sentir el cosquilleo de la sangre recorrer sus venas, supo que su brazo había vuelto a llenarse de vida; pero aun así seguía al tacto, tan frio como el hielo.

-¿Quién anda ahí?

Volvió a preguntar, delante creyó ver algo.

-¡Responda!

No podía ver nada, se sentía engañado y obstinado por las molestias que había recibido, si era de esta forma; prefería la muerte… rápida, sin su consentimiento pero efectiva.

Detrás una ventisca le levantó el cabello, sentía que lo observaban desde todos lados. Ansioso miraba rápidamente con giros bruscos que le lastimaban los pies.

-¿Quién anda ahí?, ¡RESPONDA! -sin darse cuenta ya estaba gritando.

Sus puños se destensaban y la respiración volvía a ser la misma, era víctima de su cansancio. Poco a poco caminaba hacia el centro del círculo, aquella única luz que le hacía sentir seguro.

Fue inmediato, una mano atravesó desde fuera rápidamente y con un zarpazo intento agarrarlo. Keine se había quedado mudo, lo había visto claramente; lo que había afuera intentaba hacerle daño.

-Estoy seguro aquí –miraba al farol mientras lo decía.

Estaba harto, ya no soportaba el cansancio. Los parpados se le caían involuntariamente, su cuerpo parecía ser tres veces más pesado; constantemente tenía que cambiar la pierna donde se apoyaba para soportar el dolor que le producía mantenerse en pie. No era capaz de resolverlo, siempre había sido de esa forma; tal vez si tuviera más valentía, Monique lo hubiera querido ¡Pero no!

Lo que retribuía era solo decepciones, ella tenía razón ¿Quién querría estar con alguien como él?

-¡NADIE! –Gritó.

Aquel hombre si le daría lo que deseaba, era mucho mejor que el ¡Por esa razón lo había elegido!

Cayó al suelo de rodillas cubriéndose el rostro. Al levantarse se acercó al borde.

-¡A qué esperas!, ¡Aquí estoy!, ¿Acaso soy tan importante para que me hagas esperar tanto?

Molesto levantó su brazo y comenzó a dar interminables golpes a la oscuridad. Mantenía los ojos muy abiertos, se atrevería a hacerlo.

-¡Vamos! –Gritaban -¡Acaso me enfrento a un cobarde!, ¡O pretendes no dejarte ver nunca! –respiraba con dificultad, grandes gotas de sudor resbalaban en su rostro mientras veía agitado hacia la oscuridad.

-¡Muéstrate!

Sus brazos habían quedado entumecidos, estaban fríos, casi insensibles; a pesar de ello un intenso calor le recorría las venas desde sus dedos, tuvo que apretar con fuerza sus brazos para no gritar.

Miró arriba, un último golpe había dado al farol. Keine cerró sus ojos cuando varias chispas se dirigían a su rostro.

-¡Por favor no te apagues! –Suplicaba.

-¡Por favor no te apagues!

-Por favor no…

Solo unos segundos bastaron para que volviera a su sitio, se había balanceado; creía que en cualquier momento se caería.

Suspiró aliviado cambiando la mirada al piso. Pero… la luz comenzó a titilar de nuevo.

-Por favor no te apagues –susurró aterrado.

Aquel farol seguía moviéndose mientras la luz titilaba, estaba a punto de apagarse. Algo la golpeaba desde la oscuridad con tanta fuerza que producía chispas.

-¡BASTA!

Al gritar, se detuvo. Habían dejado de golpearlo, pero este seguía moviéndose bruscamente; el círculo de luz también bailaba dejándolo en el borde por segundos.

Esperanzado subió la mirada, el farol se había detenido. Creyó que ahora olvidarlo sería lo mejor. Al voltear al suelo notó entonces que el foco de luz se volvió más intenso, seguía y seguía volviéndose cada vez más visible. En segundos se había estrellado delante de sus pies.

-Maldición.

El frio fue intenso, se abrazó con fuerza menospreciándolo. Las dos pupilas se le habían secado rápidamente; cerró los ojos al darse cuenta que se habían rellenado de polvo y sin atrever a moverse recordó los pedazos de vidrio del farol; cortarse sería una clara desventaja.

-¡Quiero ver al menos quien me mata! - susurró.

Su respiración se formaba delante de él, había abierto sus ojos y miraba a todos lados intentando encontrar una salida a la oscuridad.

-No es posible –dijo -Parecía imposible huir de una “muerte” segura.

Sintió una respiración caliente llegar a su cuello, al sentirla volteó precipitadamente.

-¡DEJENME EN PAZ!

Sin pensarlo comenzó a correr, no sabía que se encontraría pero estaba seguro que cualquier cosa seria mejor. El suelo bajo sus pies le hizo detenerse, se había vuelvo áspero y seco, tanto que dañaba su pies.

Todo permanecía en silencio, un silencio tan agudo y constante que lo atormentaba salvajemente.

-¿Cómo era posible que el silencio lo atormentara?

Tenía que tapar sus oídos, flexionaba sus piernas para evitar caer. Pero, no duró mucho. Lo que vino después le obligó a agacharse y cubrir su cabeza; desde atrás alguien había gritado con tanta fuerza que si decidía soportarlo por más tiempo, podría ser lo último que escuchase.

-¡Basta! ¡No puedo soportarlo!

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