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C a P Í T u L o
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¿Qué es lo que debo hacer?, ¿Esperar verme tirar todo ante tus pies para solicitar tu injusta atención? Volaría tal vez si pudiera entre mil soles, escucharía entre cada silencio lo que tienes que decirme, pero seguramente mi nobleza impura y mi corto sentido de la pureza, no me bastarían para entenderte. ¿Dime tu quien pertenece a mi ser entre cuatro o cinco soles que bastan para sentirme completo? O tal vez la razón de tu inmundicia bastó para hacerme hijo de un bastardo que ni siquiera conozco.
Esperándola como nunca antes, sin garantías de que sucediera, le confesó su llegada aquel perfume que le hacía olvidar cada lagrima.
Irreconocible para ella misma, se esparcía tan receloso en el viento que solo algunos podían percibirlo. Le recibió aun débil alzando su mano para alcanzarle.
-¿Qué pretendes que espere de ti?, si cada vez pierdes la compasión hacia mí, te llenas de vida y la pierdes injustamente haciéndome perderla a mí también, quisiera llegar un día y encontrarte sin más, sin esperarte, sin buscarte, solo que estés ahí para mí, estés absolutamente bien. Pero considero, realmente lo considero, porque creo y puedo entender que de eso se trata ¿O me equivoco?
Pues la única razón a la que puedo llegar, es que tu locura ha sobrepasado la de cualquiera que conozco o que tal vez el suero que tienes dentro contenía algo más que solo medicina.
-¿Cómo estás?
-Pues mírame –respondió el.
-Deberías pensar en buscar algún ancianito para el año entrante –dijo ella.
-Pues considéralo o pon en duda tu comentario, me siento tan bien que podría entrenar algunas horas en un gimnasio y hacerte el amor hasta amanecer.
-Claro, al menos la ironía no es parte de mí. ¡Vístete! te espero fuera.
Se incorporó sentándose en la cama para recostarse al respaldar, esto le produjo un leve dolor de espalda. Ignoraba el tiempo que debió estar acostado en la misma posición. Monique estaba saliendo por la puerta cuando de inmediato el doctor al que ya le hacía bastante familiar entraba por ella.
-¡Vaya!, no quieres visitarme y cuando lo haces ya quieres irte corriendo.
Keine sonrió ahora moviendo las piernas hacia el piso quedándose sentado.
-No es que me guste este gran paseo por aquí de vez en cuando, más bien si no me trajeran no me vería muy seguido.
-Lo supongo, pero no te preocupes -sonriendo le palmeó la espalda.
-¿Y bien?, ¿Qué tengo?
El doctor miró al suelo intrigado. Tras una pausa suspiró y sonrió.
-¡Nada! Te hemos revisado y no hemos encontrado nada en absoluto, pareces estar bastante sano como para no tener que pisar algún hospital por todo el año.
-¡Vaya que sorpresa! -se levantó poniéndose los pantalones, se despidió cordialmente del doctor y tomando todo lo que tenía sobre la mesa al lado de la cama salió para encontrarse con Monique.
Salió por una gran puerta de vidrio, a la distancia estaba el coche esperándole, en el asiento del conductor estaba ella.
Aunque le había dado un leve mareo al dar el primer paso después de atravesar la mitad de la acera, se sentía bastante mejor. Miró a Monique que ya había dejado de enfocar tanto la vista y ahora le esperaba con un tono desenfadado y de descuido.
-¿Quién ha sido el hombre que te ha tocado la espalda al salir del hospital?
-¿No era el doctor?
-No parecía ser ningún doctor, ni tan siquiera un enfermero, más bien parecía estar lo bastante sucio para ser echado de un hospital.
-No lo sé Monique, tal vez alguno de los pacientes. Además si me tocarían la entrepierna ahora no estaría seguro si me diera cuenta.
Monique levantó las cejas.
-¿No te sentías suficientemente bien para ir a entrenar a un gimnasio? -
Le miró cuando ya había subido al auto mordiéndose levemente los labios, volteó al frente sin esperar respuesta y giró la llave para arrancar rápidamente.
-Puedes dejarme frente al aparcamiento, tomare el auto para irme a trabajar.
Monique salto del asiento mirándole, para después voltear y girar el volante rápidamente para evitar atropellar a un transeúnte.
-¡Estás loco! No trabajaras hoy, ya he llamado a Flammel para que le avisé a tu jefe, seguro encontraran un reemplazo… me quedare contigo un rato en tu casa para ver como sigues.
Keine no dijo nada, le miró con los ojos tan abiertos que se le resecaron en segundos.
Al llegar Monique lanzó sus cosas al mueble y se sentó obstinada sin razón.
-¿Qué tienes?
-¡Calor!
-¡Vaya!, ¡Pero si hace frio! O ¿Acaso estamos en países distintos?
-Ya se me pasara. ¿Qué tal el trabajo?
-Todo bien -le dijo mientras se sentó a su lado pero montando los pies en el mueble muy cerca de sus piernas -Tengo un cliente que apesta; apenas sé que tengo que llevarle, abro toda la ventana. En su mayoría son bastante callados, solo me hablan para decirme a donde van, la verdad me parecen unos chiflados.
-¿No has de suponer que su vida debe ser bastante aburrida? Deben pasarse el día en una oficina revisando papeles.
-¿No es lo normal?, ¿Para eso nacimos no?, O es en lo que quieren convertirte con el “trabajo”, además los que te mandan a trabajar son los
mismos que te mandan a comprar. ¡Yo me encargo de llevar a los cerdos entonces!
Ya se había montado en el otro extremo del mueble y puso sus pies en el asiento que quedaba entre los dos. Se quedó en silencio observando a Monique cuando se quedó pensativa, después de mirarle tras su afirmación.
Se le perdió la mirada al piso donde no había nada aparte de un poco de sucio.
-Es la verdad, ir de paso en esta vida es una ventaja.
-….
-¿Monique?
Keine se acomodó en el asiento, no la miraba. Pero Monique había dejado de ver el suelo para mirarlo intrigada.
-¿Por qué me has esquivado todo este tiempo?… ¡Quiero decir! -
continuó después de detenerse unos segundos -Siento que te insistido tanto, tanto me has ignorado, siento algo en ti que quiere contestarme un poco más, estar aún más… cerca. Pero existe otra que envuelve todo eso, logrando ignorarme y aun no puedo comprenderlo.
Monique se acomodó mirándole rápidamente a los ojos, los tenía muy abiertos sorprendida, como si estuviera tan expuesta que le había provocado pena. Volvió a la normalidad soltándole la mirada nerviosa, al decir la primera palabra el labio le tembló.
-No te merezco.
Él se había llevado una mano a la cabeza para restregarse los ojos que los sentían cansados antes de que Monique formulara palabra. Dejó su mano quieta por la sorpresa. Dos lágrimas salieron recorriendo la mejilla de Monique hasta caer en sus pantalones oscuros, estas se marcaron y desaparecieron en un par de segundos.
-¿Qué es lo que dices Monique? ¡Por que!, ¡He estado todo este tiempo tras de ti! He tratado hacer todo y tú no me respondes…
¿Por qué según tú no me mereces? Soy simplemente yo Monique, no soy gran cosa para que me merezcas y yo merecerte, acaso ¿No te quieres a ti misma?
Keine se había levantado y de pie frente a ella le dirigía la reprimenda subiendo cada vez más la voz. Ella estaba sentada, había vuelto a abrir
totalmente los ojos y aun lagrimeando hizo un ademan para hablar, incluso movió su mano pero sacudió su cabeza y se levantó.
-Me voy.
-¡Que extrañeza!, ¡Siempre te vas!, ¡Nunca vienes!, ¡Me ignoras cada vez que puedes, eso es casi lo único que he conocido de ti!
Monique quien ya estaba llegando a la puerta se paró en seco, se notaba que respiraba forzadamente y secaba algunas lágrimas mientras le daba la espalda a Keine. Se volteó lentamente empapada en lágrimas, pronto comenzó a acercarse, él se veía furioso, tenía los brazos tensos y se agitaba con cada respiración.
Ella a cada paso secaba sus mejillas con sus manos, al llegar le miró.
…Haz dicho que me harías el amor hasta el amanecer
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