Vectorial
C a P Í T u L o
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Sin quererlo pudo verlo. Aquella mujer gritaba a su lado, el hombre frente a ellos se tambaleaba.
Veía una imagen borrosa que poco a poco se volvía nítida.
-¡No lo hagas! –dijo la mujer.
Sus rasgos asiáticos no le servían para esconder su enorme cansancio.
Ella gritaba desconsoladamente…. Pero… no le gritaba al hombre… había algo más.
La luz le cegó por un instante, tuvo que bajar su mirada para resistirlo.
Parpadeó para acostumbrarse, y al voltear; algo más llamó su atención.
-¡Por favor no lo hagas!
-¿Elizabeth?
Aquella silueta, delgada. Aquella mujer no quería morir, era lo último que esperaba. Un hombre frente a ellos los apuntaba.
-¿Qué es lo que haces? –Keine gritó al entenderlo.
El hombre quitó el seguro y se adelantó sus pasos.
-Lo mínimo que te mereces.
Un estruendo hizo vibrar el suelo, había sido una excusa para no mirar.
No podía entenderlo; Elizabeth caía lentamente acercando las manos a su cabeza.
Siempre mantenía la mirada al horizonte.
Aquel hombre frente a ellos gritaba, pero Keine no podía escucharlo.
Entonces otro estruendo hizo vibrar aún más el suelo, el no pudo soportarlo. Caía al suelo derrumbado y agotado.
Algo frio salía de sus oídos, aquella gota de sangre manchaba lentamente su barbilla; en ese instante supo que no podría escuchar nunca más.
Su mirada se posó sobre ella, aún más distante de lo que podía alcanzar.
Solo bastaron segundos; los más largos que hubiera vivido. Desde kilómetros llegó, tan grande que no basto cielo para albergarla. Pero…
incluso antes; dos balas los habían alcanzado, seguido de aquel hombre de ojos claros que caía arrodillado por una herida mortal en su abdomen.
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Abrió los ojos. Sentía arder su piel, mientras tosía y botaba más sangre de su boca. Su cabeza casi había llegado al suelo, no podía soportar el dolor.
Con sus manos presionó su abdomen adolorido y con la otra se levantó para seguir caminando.
-¡Jonás!, ¡Contéstame!... ¡Te lo ruego!
Al caminar sus brazos se volvieron pesados, como si algo lo obligara a volver al suelo, ¡Pero tenía que hacerlo; tenía que ser más fuerte!
Se había movido, aquella cosa detrás de Jonás era más grande de lo que creía. Sus ojos se obligaban a no verla, sentía nauseas, tenía sed, se sentía tan decepcionado de sí mismo que deseaba dejar de respirar.
-¡Vamos! –Gritó al caer al suelo.
Su cola se extendía a más allá de los escombros, se mezclaba entre la tierra, parecía que emergía del fango negro, que se hubiera formado de él.
Estaba seguro que aquello era más que eso, hasta ese punto podía presenciarla, no quería imaginar cuál sería su verdadera apariencia.
Keine respiró mientras su pecho se sobresaltaba, en ese segundo gritaría algo de lo que se arrepentiría.
-Puedo saber tu nombre… ¡Maldito!
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