Vectorial
C a P Í T u L o
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-¿Qué es lo que debo hacer?, ¡Por favor ayúdame!
Keine se resignaba a voltear, sentía que había una mejor solución, sentía que no debía hacerlo.
-¿Qué es lo que tengo tras de mí?
Sentía las pisadas más numerosas, lo asechaban haciéndole olvidar que había una mejor solución.
Keine Herzeleid estaba de pie, había decidido detenerse; no porque estaba cansado, si no por que no existía otra salida. Solo unos centímetros lo separaban del precipicio, estaba sobre una roca negra; tan extensa que su mirada no era suficiente para alcanzar el final. Había llegado al extremo, donde su suerte terminaba.
-Créeme muerto y lo estaré
Dame solo una porción de vida y lo intentare.
En ese preciso momento no lo soportó más, había caído de rodillas evitando permanecer sobre sus pies cansados y heridos. El orificio sangrante en su pie lo tentó a gritar pero se contuvo.
-¡Despierta! –gritó desesperado.
Solo dar un paso más seria suficiente para tocar el borde de aquel precipicio, no se había atrevido a hacerlo, pero ahora su pie se levantaba con dificultad para ir más allá.
Sentía el aire frio llegándole a la espalda, era ligero; pero para su debilidad era más que eso.
-No puedo hacerlo.
Respiró aterrado, algo había tocado su cuello. El dolor fue insoportable, habían comenzado a rajarle la piel.
Solo unos cuantos centímetros lo separaban de caer a aquel abismo, tenía que soportarlo.
-No lo hagas –gimió al decirlo.
..
-¡Por qué lo has hecho! –la madre de Jonás le gritaba mientras golpeaba su espalda con un cinturón.
-¡Responde!
Su tío veía con la mirada gacha mientras se acariciaba la frente.
-¡Responde!
Jonás estaba recostado en el mueble y lloraba sin responder, se mantenía en silencio sin tan siquiera gemir de dolor.
..
-¡Por favor! ¡Para!
Keine aún no había decidido caer, dudaba en hacerlo. Pero no podía soportar aquel interminable rasguño.
Tembló al mirar abajo, la roca negra bajaba hasta perderse en una oscuridad absoluta, ver tal cosa fue una desventaja.
Gritó de dolor. Habían llegado a la mitad de su espalda, y una cicatriz no era suficiente para su agresor, quería más.
..
-¡Para mujer!, ya déjalo en paz.
Al dejar de golpearle Jonás corrió fuera de la sala. Había pasado esquivando a su tío y había salido rápidamente de la casa.
-¡Que te pasa! –le gritó.
Ella se derrumbó en el asiento y de inmediato rompió en llanto.
-Debes irte con él.
-¿De qué me hablas?
-¡Lo que has escuchado!
Se levantó, comenzó a caminar por la sala ahora cubriendo su boca.
-¿Te has encontrado con él?
Ella dejó de prestar atención a sus manos y le miró sorprendida.
-¿Qué es lo que sabes?
La mujer se levantó precipitadamente para lanzarse hacia él.
-¡Contesta!
El hombre intentó calmarla, ella solo se separó dejándolo en paz.
-No existe razón para que sepas más de lo que ya sabes.
-¡Maldito! –la mujer se lanzó de nuevo hacia él y de una cachetada le rajo la mejilla. El no respondió, ni tan siquiera limpio la gota de sangre bajando por su barbilla.
-Me lo llevare, es lo menos que se merece.
Keine lo había decidido.
Solo un pasó más… solo eso… para que su espalda quedara liberada.
Tan solo eso.
Tan simple.
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