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Alejandro Avila · Capítulo 3 de 55

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C a P Í T u L o

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Se levantó de golpe, se había quedado sentado sobre el mueble de su sala atolondrado. Una gota fría saliendo de su nariz le respondió al dolor repentino que le entumecía parte del rostro. ¿Qué había pasado? –todo estaba exactamente normal a como lo esperaba, excepto por el manchón de sangre que se reflejaba ahora en el espejo del baño.

Su cabello estaba más desarreglado que de costumbre, sin darse cuenta habían pasado varios días sin haberse visto tan siquiera. Su barba había crecido más de lo necesario para él; pero no pretendía cortarla.

Terminándose de arreglar partió fuera de la casa. Flammel hace días le había recomendado con uno de sus conocidos de trabajo para que lo aceptaran –¡Decía!; no importan los papeles que te falten, solo habla con él, no abra negación –llegó a una calle que conocía bastante, pero que tenía años sin visitar.

Una mujer le hizo pasar a la oficina con un hombre que parecía distraído, el lugar era sumamente pequeño; y además de eso la montaña de carpetas que tenía a cada lado del escritorio y la minúscula ventana cubierta por unas persianas producían una sensación de ahogo.

-Siéntate –Le indicó el hombre sorprendido.

-¡Te he dicho que ese disco lo he dejado encima de tu mesa!, ¡Búscalo por favor!, tiene un papel “importante”

-¡Si ese maldito CD es importante! ¿Por qué lo has perdido? ¡Siempre pierdes algo! –decía la mujer desde el altavoz, “se escuchaba histérica”

Keine volteó la mirada al escritorio del hombre, estaba tremendamente desordenado, pero no fue necesario ser tan detallista para verlo.

-Ahí está –Le señaló.

Keine rio cuando el hombre abrió los ojos saltando rápido de la silla para tomarlo.

-Amor… ya, ya lo he encontrado –Dijo con un hilo de voz.

Keine se esperaba lo mismo que él. Había quitado el altavoz y aun así se escuchaban los quejidos.

-Oh, perdona ¡Son solo descuidos!, ¿Quién eres? –Dijo después de trancarle a la mujer.

-Soy Keine, vine por una recomendación de Flammel.

-Flammel... ¿Qué Flammel?…

-Me ha dicho que le llamó ayer hablándole de mi asunto.

-Ah claro Flammel ¡Amigo mío! –habló entusiasmado -Somos muy cercanos.

Keine sonrió socarronamente, no supo que expresión usar. El hombre miró a Keine perdidamente, revisó unos papeles y después de diez minutos…

-¡Compañero tengo un trabajo para ti! Verás… digamos –Balbuceaba burlonamente -Serás un tipo de chofer ejecutivo –finalizó sonriendo.

-No tengo auto.

-¿Es broma? Ya lo sé, solo hay que verte para saberlo, ¡Te ves deprimente! –Dijo el hombre levantándose -La compañía te dará un auto y un adelanto para vestirte. ¡Cierto que tienes un buen amigo!

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Keine siguió sus instrucciones al pie de la letra, un par de veces tuvo que buscarlo para que se las siguiera dictando. Incluso la segunda vez, había irrumpido en una reunión buscándole luego de la insistencia de una secretaria. El hombre se levantó de su asiento y presento uno por uno a los asistentes del evento.

Había comenzado después de todo. Tenía una gran ventaja, incluso fuera del horario de trabajo el auto era de libre uso para él; ¡No estaba tan mal después de todo!... podría pagarse la comida del mes sin problemas, pagar una prostituta si la idea no le pareciera atorrante y hasta reunir algo de dinero para fines que aún no conocía, pero que algún día se le ocurrirían.

-¿A dónde lo llevo señor?

El hombre se había acomodado en el asiento de atrás y le miraba desde el retrovisor. Tardo unos instantes en responder, pero cuando lo hizo cambio la mirada hacia abajo.

-Solo maneja por un rato –Le dijo.

-¡No le entiendo! –Respondió Keine.

El hombre volvió a mirarle, antes de hablar se tocó con su mano derecha el rostro.

-Solo hazlo, me bajare cuando quiera –El hombre tomó su maleta y sin decir nada más, lo ignoró por completo.

No le quedó más remedio que arrancar el coche y salir del estacionamiento.

«Loco» -pensó.

Había pisado el acelerador al ver que la luz estaba a punto de cambiar.

-Le parece bien que vaya camino a…

-Como quiera –le cortó.

Keine cambio su postura cuando una mujer golpeo la ventana con su cartera. Sin querer había cortado el paso peatonal en un semáforo. No lo había podido evitar, se le quedo viendo a la mujer mientras cruzaba tambaleándose a la otra acera, un hombre la tomó de la cintura y con esa misma mano le agarró una de las nalgas apretándosela innecesariamente.

-Muy chocante ¿Cierto?, ¿Quién pensaría que mujeres tan hermosas puedan dejarse coger por cualquiera?

Keine terminó de embelesarse, el hombre le había dirigido la palabra pero sin mirarle. Keine no respondió.

-¿Para qué pretender entonces, estar con una que no sea prostituta?,

¿Acaso no hay suficiente para elegir?

-¡Acaso importa! –Respondió Keine –Pagar por una prostituta no te da lo que estás buscando, solo se lo resta a ella.

-Bajo aquí –Dijo el hombre

Tomó su maleta y al abrir la puerta Keine tuvo que frenar en seco.

-¡Maldita sea!

El hombre había bajado del auto y una Ford lo había golpeado lanzándolo varios metros sobre la camioneta.

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