Vectorial
C a P Í T u L o
- 25 -
OceanofPDF.com
Flammel se estaba desperezando esa mañana primero que su mujer, no era costumbre ver aquel gesto, pero consideraba que había entendido la conversación que habían tenido la noche anterior.
Se quedó sentado en el borde de la cama observando un punto fino en suelo, miraba sin razón el espacio entre sus pies. Se sacudió levemente arreglando su cabello mientras se levantaba y se ponía la chaqueta de siempre. Aun por la ventana no había entrado la primera brisa que prevenía la salida del sol; aún estaba oscuro, los minutos más oscuros antes del amanecer.
Él sabía que su mujer, lo veía haciéndose la dormida, Elizabeth acostumbraba a levantarse temprano incluso más de lo esperado.
Se le hacía inconcebible pensar cómo podía conservar aquella mirada descansada, amable y enérgica todo el día. Él, cuándo solía despertar más temprano, incluso solo una vez por semana, pasaba mitad del día y de los tres próximos con la vista tan decaída que aparentaba estar saliendo de un fuerte resfriado.
Después de colgarse los pantalones se dirigió al baño postrándose frente al lavamanos, estaba un poco sucio para tratarse del baño de la casa donde dormía Elizabeth, pero estaba bastante limpio si se tratase solo del baño que el usaba estando soltero.
Se arrimó hacia el lavabo y se enjuagó con agua fría para terminar de despertarse. Esa mañana y parte de la tarde tendría que estar tan despierto como supondría que lo estaría Elizabeth después de dormir más de lo acostumbrado a petición de él.
Después de salir observó el viejo auto estacionado sobre la acera. Le debía mucho más a sus pies que al cacharro que lo llevaría a duras penas.
Se acomodó al asiento y tocó un par de veces el cristal de su reloj Citizen de 1996, estaba orgulloso de tenerlo y más especialmente porque se
trataba de un modelo de último año.
-¿Cómo está el?
Flammel ya había bajado de su viejo coche y se había dirigido hasta una escueta puerta. Detrás de ella salió una mujer que lo reconoció enseguida.
-¿Qué haces aquí?
-Mujer me habéis dicho que me tendrías informado de todo, ¡En tres años no he recibido ni siquiera un desprecio de tu parte!, ¡Quiero verlo!
La mujer se arrimó hacia delante bloqueando el paso, luego volteo hacia atrás para ver algo.
-¡Ellos están aquí!, será mejor que vengas otro día.
-¡No!, ¡Tengo que entrar!, ¡Necesito verle!
Flammel se había tensado tanto que las venas en sus se dibujaron con claridad, además su mandíbula se tornó cuadrada y creció al doble de su tamaño.
-¡Por favor Flammel, vete!... yo, ¡Te llamaré! ¡Lo haré! ¡Lo prometo!
La mujer se había adelantado hacia él y con impaciencia le empujaba levemente por el pecho implorando con la mirada para que se marchara.
-Apártate si no quieres que lo diga.
La mujer bajó rápidamente la mano apartándola del pecho de Flammel, los ojos se le salieron de sus orbitas.
Lo veía aterrada pero su gesto no duró mucho; al apartarse le perdió la mirada cuando entraba por la puerta.
La luz era más intensa que la última vez, la sala lo había recibido; pero no se quedaría allí por mucho tiempo. Caminó enseguida en línea recta para encontrarse con aquella habitación.
-¿Flammel?
Un hombre se puso de pie, su rostro estaba cubierto por una poblada barba castaña. Había un tono marcado de cansancio en su mirada. Junto a él, había dos camas, Keine estaba de lado izquierdo. Del lado derecho, una pequeña niña. Había escuchado hablar de ella, era la hermana de Keine…
Adele, estaba sentada jugando con un pequeño tren de madera.
-Hola Dennis, ¡Que sorpresa!
-La sorpresa es mía, ¿Qué haces aquí?
-Necesitaba verle, y tengo que hablarte.
-¿Hablarme?, que tendría que hablarme una basura como tu frente a mis hijos.
-¿Basura?, creo que ese es un adjetivo un poco injusto –respondió mirándolo fijamente.
Flammel se había adelantado tres pasos más y la distancia entre ellos era corta, a pesar de esto la pequeña niña seguía jugando y sonriendo con el tren de madera.
-No tengo nada de qué hablar con un traidor como tú.
-¿Traidor? ¿Cobarde? ¿Qué más tengo que escuchar antes de que decida en realidad que quiero ser por mi propia cuenta?
-¡Lo eres!, ¡Eres más que eso! –Dennis había alzado la voz, la mujer que había recibido a Flammel se había acercado a la entrada de la habitación –Eres un vil traidor que oculta a ese maldito hombre que ha acabado con mi vida. No es suficiente haber violado a mis dos mujeres, haber hecho lo que le hizo a Keine, ¿O a ti?, ¡El culpable de que tu mujer no pueda engendrar hijos!
Pero no basta con eso, ¡Tú lo conoces!, ¡Tú lo sabes!, tu puedes mostrarme quien es, ¡Pero no! Lo ocultas como si fuera un trofeo, como si su veneno fuera igual que el tuyo, por eso eres igual… ¿A quién has violado tú Flammel?
-¡Calla!… -Flammel había levantado su mano pero el dejó suspendida a mitad de camino cuando escucho otro ruido en la habitación.
Miró detrás desconcertado, la mujer tras él mantenía la misma expresión de terror. Al darse cuenta se sobresaltó y volteó a otro lugar.
Flammel pensó que ella había sido la causante del ruido, pero no.
Ella había comenzado a llorar, y corrió rosándole en dirección a la cama de Keine. Flammel con un movimiento rápido, pero manteniendo el respeto apartó a Dennis quien lo veía amenazante.
-¡Keine, es Keine, se ha despertado! –gritaba la mujer mientras el pequeño se restregaba los ojos acomodándose en el respaldar de madera.
Sentado, el pequeño abrió los ojos por completo, comenzó a mirar la habitación en tono afligido, como si le costara trabajo observar.
Todos lo miraban, incluso la niña había dejado de jugar con el tren de madera.
-¡Keine somos nosotros! Somos tus padres, ¡Mira!, ¡Está tu tío Flammel!
Keine se sobresaltó un poco, parpadeo un par de veces. Ellos tenían miedo de que ese momento durara solo un instante, rogaban porque aquel pequeño no volviera a dormir por otros tres años sin razón alguna.
La madre no sabía qué hacer, tenía las manos extendidas mientras de sus ojos brotaban gruesas lágrimas.
Dennis se había sentado lentamente en la silla de madera y Flammel continuaba en la misma posición, observándolo con intensa intriga.
OceanofPDF.com
Keine se movió, pero de todos en la habitación solo miró a Flammel, al verlo le sonrió; era una sonrisa tan sincera que Flammel no pudo rechazar.
Él, sin dudarlo se la devolvió.
El pequeño se había levantado después de arrimarse al borde de la cama. Se había bajado con tanta destreza que aparento solo haber dormido por varias horas.
Caminó hacia el otro extremo y se detuvo al llegar a la cama de Adele.
-Eres mi pequeña hermanita –Keine la había abrazado.
Flammel salió de la casa, había cerrado la puerta detrás. El corazón le latía con fuerza y notaba sus ojos llorosos. Sentía un enorme sentimiento de culpa que no podía explicar, sentía que debía irse, no estar presente en aquel escenario que deseaba no ver desde hace años.
Se montó en el coche e inmediatamente arrancó.
El coche afortunadamente no tenía nada que lo hubiese decepcionado, dudaba que hubiera tomado el que le pertenecía realmente.
Después de manejar por varias horas por fin había tomado la carretera de piedras que daba a la casa de madera. Al verla por primera vez había decidido comprarla, no creía contar con el apoyo de Elizabeth, pero aun así no podía quitarse esa idea fácilmente.
Desde una ventada a la distancia, Flammel pudo divisar a un hombre.
Al llegar él también había salido recibiéndolo; era alto y corpulento.
Flammel se adelantó correspondiéndole el gesto.
-Sigues sorprendiéndome –dijo Flammel.
-Tu a mí no tanto Flammel, ¿Que ha pasado?
Tenía los ojos más claros que hubiera visto, su cabello era castaño y lacio. A pesar de sus marcadas facciones siempre mantenía un gesto de amabilidad.
-Es tu hijo… ha despertado.
Por un momento se había vuelto para mirarle mientras cruzaban los escalones para entrar a la casa. Al escucharlo no cambió su expresión,
siguió observando su camino como si nada.
-¡No me lo esperaba!, creí que no sería lo suficientemente fuerte para poder lograrlo.
Hubo una larga pausa…
-Tampoco lo creí… -Flammel se mantuvo un instante en silencio mientras miraba al suelo -Dennis aun quiere encontrarte, ella le ha contado… aun no lo olvida.
Flammel se mordió los labios con gesto molesto y decepcionado –Se detuvo en seco, aún faltaban unos cuantos metros para llegar al recibidor.
-¿Por qué habéis hecho tal cosa? ¿Cómo pudiste ser tan cruel?... ¿Por qué sigues aquí?, ¿Por qué razón aun te considero incapaz?
El hombre se había detenido varios pasos delante de él, su rostro no cambió, su mirada seguía fija al suelo.
-¿Lamentas no ser tu quien lo hiciera? ¡Te desconozco Flammel!, creí que lo sabias; yo nunca hice tal cosa. Jamás me atrevería a agredirlas. Ellas se entregaron a mí, ¡Me buscaron y me encontraron! Keine y Adele fueron tan deseadas, como tus padres te desearon a ti.
-¿No lo comprendo?, como…
-Dennis es estéril, nunca podría darle un hijo a sus mujeres, no lo sabe pero ellas si lo sabían desde el principio.
La madre de Adele mintió, me suplicó que le engendrara una hija, quería retener a Dennis de cualquier manera, sabía que no volvería a estar con él por mucho tiempo a causa de Keine. Ella estaba desconsolada.
La madre de Keine se entregó a mí por amor, nunca más pudo verme porque tuve que irme. Ella necesitaba de él, o más bien de su dinero, pero no encontró forma de engañar a Dennis. Invento que había sido víctima de un abuso, que no fue su culpa y que su amor siempre estaba con él. Si tal vez lo hubiera conocido un mes antes, quizás lo convenciera. Pero incluso después de días de estar juntos por primera vez, ella ya tenía tiempo de embarazo y sabía que Dennis era más inteligente de lo que ella imaginaba.
Elizabeth y tu tienen una relación muy intensa, es difícil sobrellevar eso.
Ella te ama Flammel, pero hay algo en ti que no funciona bien –hizo un gesto que interrumpió a Flammel -¡No!, no igual a Dennis.
El sufrimiento de él es físico, el tuyo esta en tu mente.
En tu consciente deseas tanto tener a un hijo, pero… solo es solo eso.
Aunque pienses que será el mayor logro de tu vida o lo que sea que pienses.
En tu inconsciente existe otra forma de verlo, todo tu ser evita de cualquier forma concebir un hijo.
-No es cierto Jonás, ¡Si quiero tenerlo!
-Es lo que dices, pero no es lo que quieres. Tienes miedo Flammel, y ese miedo es responsabilidad de alguien que conoces muy bien. Mientras siga así no te permitirá ser totalmente lo que eres.
-¿No puedo comprenderlo?, mi esposa y yo somos una pareja, nadie más debería intervenir. ¿De quién hablas?
-Exacto, no debería intervenir, pero lo hace. Es por la razón de que le debes más de lo que él te debe a ti.
Esa persona tendrá que darse cuenta y perdonar tu deuda. O morir para que la deuda se rompa hasta que vuelva a repetirse.
Y ahora pienso… es más fácil encontrar la muerte, a que pueda darse cuenta de lo que le debes y sea capaz de perdonarte.
-¿Cómo puedo creer eso? ¿Quién es esa persona?
El hombre se adelantó un paso, había tensado el rostro mientras respiraba lentamente.
-¿Quién más que tu podría saberlo?
OceanofPDF.com