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C a P Í T u L o
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-¿Cómo está el?
-No lo sé, lo que he visto hoy no deja de inquietarme, mis dudas han crecido. No creo que pueda levantarse nunca, no creo que pueda ser el mismo que era –respondió Flammel al volver a casa.
-¿Pero cómo es posible que le pasara eso?, ¿Qué hizo para merecerlo? -
Elizabeth se veía decepcionada, ella le había seguido por el recibidor sentándose a su lado sin perderle la mirada.
-Mucho Elizabeth, más de lo que nosotros podríamos pensar. Ha hecho tanto que tal vez lo que esté sufriendo sea poco.
-¿Pero? ¡Es a penas un niño! ¡Es tan inocente!, no es posible que se merezca más que el amor que deberían darle sus padres.
-¡NO! -Flammel había alzado la voz y su rostro se tensó precipitadamente -¡No lo es!, va más allá de eso.
-No lo entiendo -replicó ella.
-Su padre ha agotado todo su dinero intentando buscar una explicación, una explicación absurda para algo que nunca lo tendrá. No importa que médicos lo traten, nada importa, ¡El no mejorara! ¡Nunca despertara!
-¿Y si lo hace? ¿Y si despierta?
Flammel se acomodó en el asiento, abrió los ojos intensamente. Estaba visiblemente aterrado, nunca espero una pregunta tan simple que le descontrolara de aquella forma.
-No… no lo sé, supongo que tendrá que saberlo. Pero no sé si sea yo quien tenga que encargarse de eso.
Los dos voltearon rápidamente hacia la puerta. No esperaban visitas ni mucho menos alguien los interrumpiría de ese modo.
Fueron tres golpes fuertes, de inmediato Flammel se levantó dirigiéndose al perchero donde estaba su chaqueta, después de vestir con ella agarró la manija girándola rápidamente.
-Hola Flammel.
Una mujer alta y hermosa apareció frente a él, se veía cansada. Su cabello negro brillante se movía levemente por el viento, al ver por segunda vez a Flammel apagó el cigarrillo que se consumía entre sus sucios dedos.
-¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Monique?
-¡Me enterneces Flammel! ¡Querido mío! ¡Necesito hablarte!
-¡NO! ¡Dime donde esta Monique!
-Está bien -la mujer giró los ojos mientras lanzaba el cigarro al suelo.
Lentamente se agachó poniéndose de cuchillas, miró hacia la esquina al final del recibidor de la casa de Flammel, precisamente había alguien detrás observando.
-¡Ven aquí amor!… ¡Ven con mami!
Una niña apareció tímidamente, era como ver a su madre pequeña, hermosa, con la piel radiante, el cabello tan negro y tan brillante que incluso la más mínima luz se podía reflejar en él.
Ella corrió con la mirada hacia el suelo. Sin embargo al llegar no se acercó a su madre, se quedó en un punto medio entre los dos.
Elizabeth al notar la presencia de alguien más, se levantó del sofá.
Flammel al saberlo cerró la puerta tras él.
-¿Qué le has hecho?
-Hacerle… ¿A qué te refieres? -Flammel tuvo que resistirse a darle una cachetada por su forma de hablar.
-No habló ahora mismo; porque tengo tras de mí y a mi lado a dos personas que amo. Pero si pudiera te diría todo lo que te mereces.
-¿Merecerme yo? -replicó la mujer empeorando el tono -Sigues con ese jueguito tonto ¿F L A M E L?, me deprimes. Vine hacia ti porque sé que la cuidaras mejor que yo. Y eres, eres tan… no encuentro la palabra…
¡Imbécil! como para no negarte. Aunque me dijeras que no, sé qué lo harías, ¡Adiós!
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