Vectorial
C a P Í T u L o
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Keine Herzeleid lo había repetido una vez más. Reprimírselo no estaba en sus planes, pero debía hacerlo.
-¡Maldito! –gritó al detenerse.
Estaba recostado sobre aquella roca oscura, había chocado de golpe cuando lo soltaron.
-¡Tienes que levantarte! –se dijo.
Apoyó su mano sobre la roca, pretendía levantarse.
-¡Vamos!
Gritó al hacerlo, la cicatriz en su pie comenzó a sangrar, además el dolor en su abdomen lo obligaba a renunciar.
Al sentarse cerró sus ojos, no por miedo; una ventisca llena de óxido le había obligado. Los ojos le ardían, cerrarlos parecía un alivio.
-¡Ábrelos! –con un susurro sintió una respiración cálida en su oído.
El dolor había llegado a su cabeza. Tomó su frente para soportarlo, de su nariz salió una gota de sangre.
-¡NO! –gritó al creerse débil.
Al abrirlos pudo ver una silueta, su visión se volvía más clara. No era más que un hombre.
Aterrado se echó hacia atrás, no le importó dañar sus codos al hacerlo.
-Balbuceó.
El hombre de espaldas volteó, estaba de pie sobre el borde de un precipicio, a tan solo unos pasos. El rostro de aquel hombre mostró una mueca de dolor, al ver a Keine sonrió y volvió a perder su mirada.
Keine seguía balbuceando.
Tenía que levantarse, debía hacerlo.
Con su mano derecha se apoyó con todo su peso, no tenía fuerzas.
-¡Vamos!
Sus piernas temblaban, su cicatriz se había abierto, ya no importaba; había algo más.
-¡Vamos!
El hombre frente a él seguía contemplando un horizonte que aun Keine no podía ver, debía estar de pie para hacerlo, debía caminar unos pasos.
-¡Inútil! –se dijo.
Sus tobillos temblaron pero logró levantarse, gemía de dolor, su nariz sangraba mientras tenía que soportar el intenso dolor de cabeza.
-¿Qué… -seguía repitiendo.
Un paso tras otro, el hombre contemplaba el horizonte, no lo miraba.
-¡Vamos!
Tenía que verlo más de cerca, tenía que ser testigo.
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