Cuentos de los indios pawnee

George Bird Grinnell · Capítulo 1 de 37

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Cuentos de los indios pawnee

Prólogo

George Bird Grinnell

Cuentos de los indios pawnee

ePub r1.0

Titivillus 05.09.17

Título original: Pawnee Hero Stories and Folk Tales

George Bird Grinnell, 1893

Traducción: Ramón Martínez Castellote

Editor digital: Titivillus

ePub base r1.2

PRÓLOGO

 

I

En el corazón de los Estados Unidos de América vivía,

hasta hace algo más de cien años, un pueblo libre formado por gentes humildes y extrañas, de raro origen y extraviado pasado. Sus dominios discurrían serenos por las arterias anchas de la Gran Pradera y sólo compartían ese corazón con los bisontes.

Hoy la Gran Pradera no alberga, ya lo sabemos, ni

pueblos libres ni bisontes. Tal vez por ello, hoy el corazón de los Estados Unidos no pueda ser libre, y no lo es.

Entonces —hace sólo cien años o poco más— la Pradera del norte americano era un continente aparte. Por sus desconocidos caminos, apenas escritos en el viento, deambulaba la vida de una civilización que conformaba como tal un grupo bien diferenciado de todos los demás de América.

Aunque se conocen asentamientos anteriores al siglo XIII, no es hasta trescientos años después cuando los primeros grupos humanos —de muy distinto origen— se asientan en la inmensa pradera; constituyendo, por tanto, una de las culturas aborígenes más tardías de América. Sus míticos nombres, sin embargo, resuenan con fuerza aún en todo el continente.

Si estableciéramos un barrido gráfico sobre la zona, precisamente en la época de los asentamientos, surgirán —más o menos por orden— esos nombres plenos de ecos encantados: desde la periferia oriental hacia el Oeste, partiendo del lago Winnipeg, los primeros serán los Cree (fundamentalmente cazadores y recolectores) cerca de sus amigos y vecinos los Ojibwa; más al sur el grupo de pueblos Sioux o Dakota (recolectores y agricultores elementales), los Ponca, los Pawnee (que hoy nos ocupan), Omaha, Cheyenne, lowa, Oto, Missouri, Kansa, Osages y Quapaw, para concluir con los Wichita y Caddo, todos ellos a la sazón cazadores y rudimentarios agricultores.

Todos parece que llegaron en sucesivas oleadas a la Pradera; los Santee, Assiniboin, Yankton y Teton, de la familia Sioux, provenían del norte, de las tierras de los Grandes Lagos; los Quapaw, Iowa, Osages, Crow, Mandan y Ponca, estos últimos también de la familia Sioux, llegaron desde el este, de las riberas del Mississipi; los Cheyenne, Arapaho y Pies Negros viajaron desde los bosques del norte; los Pawnee y los Wichita, de la familia lingüística Caddo-Arikara, llegaron del sur para establecerse en el centro de las Praderas y los Comanche, de la familia de los Shoshone, los más meridionales, procedían también del norte.