Cuentos de los indios pawnee
Capítulo III
Después de regresar a casa —en el mismo año— condujo a otra partida en una campaña contra los Cheyennes. Encontró un campamento junto a la cabecera del North Canadian River y su partida se apoderó de siete caballos, pero estos caballos eran flacos y de tosca planta y él no estaba satisfecho con ellos; le daba vergüenza regresar a casa con semejante botín. Entonces dijo a los de su partida que llevaran los animales al poblado y que él iría solo a conseguir otros mejores. Había con él un amigo con quien había sido criado y a quien quería mucho. Este muchacho era como un hermano para Jefe Corredor. Los dos juntos reemprendieron el camino y llegaron al campamento de los Osages, y estuvieron merodeando en torno a él durante tres noches, hasta que lograron llevarse cinco caballos, los mejores del campamento. Condujeron éstos hasta su poblado. Por entonces, era costumbre que el cabecilla de una partida hiciera un sacrificio a Ti-ra’-wa. Y así lo hizo Jefe Corredor, ofreciendo un caballo al sacerdote jefe. Este sacrificio lo promovió como guerrero.
III
Al año siguiente condujo de nuevo una partida al país de los Osages. Tomó varios caballos y los llevó hasta casa. Ese mismo año, 1868, una partida emprendió camino hacia el sur. Él no era el jefe, pero tomó parte de ella. Fueron hasta el poblado de los Wichitas, Comanches y Kiowas —todos ellos estaban acampados juntos— robaron algunos caballos y regresaron a casa con ellos. Antes de que hubiesen llegado muy lejos, Jefe Corredor se detuvo y dijo que él se volvía. Su amigo se hallaba también en la partida y, cuando vio que Jefe Corredor estaba resuelto a volverse, dijo: «Yo también me detengo aquí contigo».