Cuentos de los indios pawnee

George Bird Grinnell · Capítulo 15 de 37

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Cuentos de los indios pawnee

Capítulo VI

Jefe Corredor les dio las gracias y dijo: «Iré a llevar las buenas nuevas a mi pueblo. Les mostraré los regalos que nos habéis hecho y les diré lo bien que nos habéis tratado. Tal vez alguno de los jefes de mi tribu desee venir a visitaros como yo lo he hecho». El Gran Jefe dijo: «¿Puedo confiar en tus palabras? ¿Seremos visitados?». Y Jefe Corredor le contestó: «Puedes confiar en ellas, aunque tenga que venir yo solo a visitaros de nuevo». El Jefe se levantó, le rodeó con sus brazos, y dijo: «Quiero ser visitado. Que no haya más guerras entre nosotros. Somos hermanos; seamos siempre hermanos». Entonces le hicieron muchos más presentes y prepararon sus caballos, y seis guerreros se ofrecieron para acompañarles a través de la región de los Cheyennes. Atravesaron ésta durante la noche. Jefe Corredor dijo después: «Podía haber robado muchos caballos a los Cheyennes, pero pensé, “volveré a pasar por estas tierras y es mejor que no lo haga”».

 

Mientras tanto, en el poblado pawnee, estos dos hombres habían sido llorados por sus parientes y amigos como muertos o desaparecidos. Fue en la primavera (marzo de 1869) cuando llegaron a casa, y hubo gran regocijo en la tribu cuando los vieron llegar cargados de regalos. Jefe Corredor fue ensalzado, e igualmente su amigo, pues ambos habían sido bravos y habían realizado una gran gesta.

Entonces, decidieron que Jefe Corredor sería llamado en adelante Jefe Solitario ( Sku’r-ar-a le-shar).

 

VI

El verano siguiente en el mes de agosto, al término de la caza estival, hombres jóvenes y ancianos, bajo la dirección de Jefe Solitario, visitaron a los Wichitas quienes les dieron un buen recibimiento y les regalaron muchos caballos. Jefe Solitario no estaba satisfecho con haber hecho la paz con los Wichitas. Visitó también a los Kiowas e hizo la paz con ellos, y recibió también muchos presentes. En el otoño, los Pawnees regresaron a su poblado. Muchos de ellos enfermaron en el camino y algunos murieron.

En el invierno de 1869-70, Jefe Solitario y su amigo condujeron una partida de guerra contra los Cheyennes. Y tomaron de ellos seiscientas cabezas de caballos. Los Cheyennes nos cuentan ahora que no quedó ni una pezuña en las setenta y cinco viviendas que componían el campamento. Durante toda la noche y todo el día siguiente azuzaron la manada. Entonces Jefe Solitario dijo: «Ya no es preciso que sigamos corriendo los caballos, pues no nos alcanzarán; ellos van a pie». Cuando la partida llegó al lado norte del río Republican, a las Mesas, una terrible tormenta de nieve y viento les cayó encima, y a punto estuvieron de perderse. Durante tres días y tres noches permanecieron bajo la tormenta. Todos sufrieron de congelación, algunos perdiendo dedos de pies y manos. Sobrevivieron, sin embargo, y lograron regresar con todos sus caballos. De nuevo Jefe Solitario hizo un sacrificio a Ti-ra’-wa Un segundo sacrificio es muy poco habitual y constituye un hecho verdaderamente notable en los anales históricos del pueblo Pawnee.