Cuentos de los indios pawnee
Capítulo III
Aquella noche el caballo habló otra vez con el muchacho y dijo: «Wa-ti-hes Chah’-ra-rat-wa-ta. Mañana los Sioux vendrán en una gran partida de guerra. Atacarán el poblado y tendréis una gran batalla. Escucha: cuando los Sioux hayan formado una línea de batalla y estén preparados para luchar, tú monta encima de mí y galopa tan velozmente como puedas hasta el centro de la partida sioux; lánzate sobre su Gran Jefe, su más grande guerrero, abátelo y regresa aquí. Haz lo mismo cuatro veces, abatiendo así a cuatro de los Sioux más bravos, pero ya no vuelvas a ir. Si vas una quinta vez, tal vez resultes muerto, o me perderás a mí. La-ku’-ta-chix, recuérdalo». Y así lo prometió el muchacho.
Al día siguiente todo sucedió tal como el caballo había dicho, y los Sioux descendieron y formaron una línea de batalla. Entonces, el muchacho cogió su arco y sus flechas, saltó sobre el caballo y cargó directamente hacia el centro del enemigo. Cuando los Sioux vieron que se proponía lanzarse sobre su Gran Jefe, dispararon todos sus flechas hacia él; y tan densa fue la lluvia de flechas que el cielo se oscureció por encima de sus cabezas, pero ninguna de ellas hirió al muchacho que abatió al Jefe y regresó. Después de esto, volvió a cargar contra los Sioux, allí donde sus fuerzas eran más densas, y venciendo a su más bravo guerrero, regresó entre sus propias filas. Y así cargó cuatro veces tal como el caballo le recomendara.
Pero los Sioux y los Pawnees continuaron luchando, y el muchacho se quedó donde estaba observando la batalla. Mas al cabo de un rato se dijo a sí mismo: «He estado en la batalla cuatro veces y he matado a cuatro Sioux; y estoy bien, no estoy herido en ninguna parte. ¿Por qué no puedo volver otra vez?». Así que saltó de nuevo sobre el caballo pardo y volvió a la carga. Pero, cuando se encontró de nuevo entre los Sioux, un guerrero extrajo una flecha del carcaj y le disparó. La flecha se clavó entre las dos patas delanteras del caballo pardo atravesando su cuerpo. Y el caballo cayó al suelo muerto. Pero el muchacho saltó a tierra y se abrió paso luchando a través de las filas sioux, corriendo como pudo hacia los Pawnees. Entonces, tan pronto cómo el caballo fue muerto, los Sioux se dijeron los unos a los otros: «Este caballo era como un hombre. Era bravo. No era como un caballo». Y, sacando sus cuchillos y hachas, cortaron al caballo en pequeños pedazos.