Cuentos de los indios pawnee

George Bird Grinnell · Capítulo 16 de 37

Páginas del PDF

Cuentos de los indios pawnee

Los prisioneros de Court House Rock

Court House Rock es un alto y escarpado risco, o montículo, de forma cuadrada que se eleva sobre el río North Platte. Está compuesto de una arcilla dura y amarillenta que no es sino muy lentamente erosionada por el tiempo, aunque lo bastante blanda para cortarla con un cuchillo. Por todos sus lados, excepto uno, esta roca, o risco, es casi o completamente vertical y sus caras, pulidas por el viento y la lluvia, no ofrecen salientes que puedan servir de sostén para los pies o las manos de quien quisiera escalarla tanto hacia arriba como hacia abajo. Pero, en uno de los lados, hay un acceso por donde un hombre lo bastante activo puede alcanzar la cima, una meseta llana de extensión moderada.

Hace un buen número de años una partida de guerra Skidi, que estaba acampada cerca de Court House Rock, fue sorprendida por una partida de Sioux. Había gran cantidad de ellos y los Pawnees tuvieron que retroceder hasta verse obligados a trepar la empinada ladera de Court House Rock. Los Sioux no se atrevieron a seguirles risco arriba, sino que se limitaron a sitiar el único lugar por donde se podía bajar y acampando en torno al pie de la roca con el fin de someterlos por hambre. Los Skidi no tenían qué comer ni beber, y sufrieron terriblemente por hambre y todavía más de sed. El jefe de la partida sufrió más que nadie, pues pensaba que iba sin duda a perder a todos sus hombres. Esto, sentía, era lo peor de todo. No sólo debía morir, sino que, además, lo haría en desgracia si bajo su mandato se perdían los hombres jóvenes dé su partida. Todas las noches, solía retirarse, aparte de los demás, a rezar a Ti-ra’-wa para que les ayudase; para que le proporcionase alguna manera de salvar a su partida.

Una noche, mientras oraba, una voz le habló, y le dijo: «Busca bien alguna parte por donde puedas descender de esta roca, y salva a tus hombres y a ti mismo». Aquella noche continuó orando y, cuando se hizo de día, buscó por toda la cima de la roca un lugar por donde fuese posible descender. Por fin, cerca del borde del risco descubrió un punto en la blanda roca de arcilla que sobresalía del nivel del resto de la superficie. La parte de la roca que había debajo era toda completamente recta y lisa. Por la noche, cogió su cuchillo y comenzó a cortar en torno a la base de dicho punto, y noche tras noche continuó con la misma tarea hasta que hubo excavado la base del saliente y éste era no más grande que el cuerpo de un hombre. Entonces cogió secretamente todos los lazos que llevaba la partida, los ató uno con otro y los soltó por la pared de la roca, y vio que la cuerda formada era lo bastante larga para alcanzar el suelo. Pasó la cuerda alrededor del saliente e hizo en ella una gaza donde apoyar sus pies y, lentamente, fue deslizándose hasta la base del risco y luego volvió a trepar hasta arriba. La noche siguiente, convocó a sus hombres y les contó lo sucedido: que había descubierto un modo de que todos pudieran salvarse. Entonces ordenó al hombre más joven y menos importante de la partida que descendiese, y después de él al segundo más joven, y así sucesivamente hasta llegar a los hombres más importantes y, una vez que todos hubieron bajado, tocó el turno al propio jefe de la partida. Éste descendió y todos ellos se deslizaron a través del campamento sioux y escaparon.

Jamás llegaron a saber cuánto tiempo permanecieron allí los Sioux vigilando la roca. Probablemente hasta que pensaron que todos los Skidi habían perecido de hambre.