Cuentos de los indios pawnee
Capítulo V
Kut-a’wi-kutz permaneció desde entonces con los Comanches. Los Cheyennes se fueron hacia el norte y el este, y los Comanches hacia el oeste, más cerca de las montañas. Mientras el Pawnee estuvo con los Comanches, éstos tuvieron varias guerras con los Utes, Lipans y Tonkaways. Kut-a’wi-kutz demostró ser un bravo guerrero y, como yerno del Gran Jefe, pronto ganó influencia y fue finalmente convertido en jefe.
Al cabo de algunos años, el anciano, el abuelo de su esposa, dijo al Pawnee que pensaba que ya había llegado la hora de que probase alguna de aquellas cosas que crecían en el norte y que siempre había deseado comer; que ya se estaba haciendo muy viejo. Kut-a’wi-kutz dijo; «Sí, ya es hora, iremos». Así que aparejó y cargó sus caballos y, en compañía de su inmediata familia y del anciano, partió para el norte hacia el país de los Pawnee. Por aquel entonces le llamaban Kut-a’wi-kutz-u si-ti’-da-rit, que significa «¡Mira! El Halcón». Cuando salían de batalla, él se lanzaba a todo galope destacándose del grupo para abatir al enemigo, y los Comanches que lo con templaban decían: «¡Mira! El Halcón». Con lo que esto se acabó convirtiendo en su nombre.
Viajaron durante largo tiempo hasta que llegaron a la tierra pawnee. Según avanzaban en su marcha, pasaron por un campo donde crecían maíz, judías y calabazas. El Pawnee entonces dijo al anciano: «Abuelo, mira ese campo. Ahí están las cosas que anhelabas comer». Descendió del caballo y se adentró en el campo, y arrancando algo de maíz y algunas judías y calabazas, se las entregó al anciano. Este supuso que se comían tal como estaban, e intentó morder las calabazas. Esto hizo reír al Pawnee. Cuando llegaron al poblado, los Pawnees se mostraron muy contentos de ver a quien hacía tanto tiempo habían dado por perdido. Él contó a la gente que había traído a aquellos comanches para que comieran maíz y otras cosas; y que eran su familia. Les habló, también, del joven que se había matado. Entonces, sus parientes salieron a los campos y recogieron maíz, judías y calabazas y las cocinaron para los Comanches.
Éstos permanecieron durante largo tiempo en el poblado pawnee. Cuando ya se estaban preparando para marchar, los Pawnees secaron su maíz y entregaron gran cantidad de él a los Comanches, cargándolo a lomos de muchos caballos para que pudieran transportarlo hasta su poblado. Entonces los Comanches emprendieron de nuevo camino al sur, y algunos hombres jóvenes de entre los Pawnee, parientes de Kut-a’wi-kutz, se unieron a ellos y les acompañaron en su viaje. Poco después de haber regresado al poblado comanche, el anciano murió, feliz porque había comido las cosas que tanto anhelaba probar.
Al poco tiempo de esto, Kut-a’wi-kutz partió de nuevo hacia el poblado pawnee, y algunos hombres jóvenes de entre los Comanches emprendieron la marcha con él. Al cabo de un tiempo, tras alcanzar el poblado, desandó de nuevo su camino hacia el sur, acompañado por algunos jóvenes pawnee, mientras dejaba atrás a la mayoría de los Comanches. Había acordado con los jefes de los Pawnees que irían de viaje hacia el sur, se encontrarían con los Comanches en las llanuras y harían la paz. Cuando Kut-a’wi-kutz llegó al campamento comanche, el pueblo entero de los Comanches partió hacia el norte para visitar a los Pawnees y encontrarse con ellos en su camino hacia el sur. Cuando las dos tribus se encontraron, se hicieron amigas y fumaron y comieron en fraternal compañía.
Después que hubieron acampado juntos durante algún tiempo, algunos Comanches se quedaron en el campamento pawnee, y algunos pawnees en el campamento comanche. Kut-a’wi-kutz fue llamado desde entonces por los Pawnees «Jefe Comanche». Éste se había quedado para siempre con los Comanches, pero cuando hubo regresado con ellos a su poblado, su esposa cayó enferma. Los médicos comanches no pudieron ayudarla, y él quiso llevársela para el norte, pero los Comanches no se lo permitieron. Los retuvieron allí, y su esposa murió. Entonces él se enojó con ellos, pues pensaba que si hubiese llevado a su esposa al norte su vida se podría haber salvado.
Por esta razón abandonó a los Comanches y se fue a vivir con los Pawnees, entre los cuales fue conocido siempre como Jefe Comanche, el Pacificador, porque había conseguido hacer la paz entre los Pawnees y los Comanches. Fue el jefe de la banda Ski’-di, y un hombre progresivo de los tiempos modernos. Envió a sus hijos al este, a una escuela en Carlisle, Pensilvania.
Jefe Comanche murió el 9 de septiembre de 1888.