Cuentos de los indios pawnee

George Bird Grinnell · Capítulo 20 de 37

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Cuentos de los indios pawnee

El consejo de Pequeño Guerrero

La mayoría de los héroes Pawnees son objeto de tan grandes honra y admiración a causa principalmente de sus victorias logradas, de los hechos arriesgados y llevados a cabo, de los enemigos abatidos y de los caballos que han robado. La gloria de Jefe Comanche y de Jefe Solitario se debe principalmente a su valentía, más incluso que al hecho de haber sido pacificadores. Debemos, sin embargo, hacer un sitio entre estos relatos para la historia de un Pawnee educado —un guerrero— quien, mediante un sabio consejo dado a un indio perteneciente a una tribu hostil, salvó muchas vidas, tanto de indios como de hombres blancos. Pequeño Guerrero fue educado en un colegio occidental, pero supo mostrar su gran valentía en el campo de batalla y sacrificó una cabellera a Ti-ra’-wa.

En el año 1879, cuando el levantamiento de los Utes, después que el comando del mayor Thornburgh hubiese sido aniquilado, Pequeño Guerrero fue empleado como explorador para las tropas. Un día había salido a explorar en compañía de cuatro soldados y otros cuatro exploradores indios por la cabecera del río Arkansas, adelantándose del resto del comando. Aquel día, la partida vio, en la lejanía de la pradera, a un indio que enarbolaba una bandera blanca y venía hacia ellos. Cuando éste se hubo aproximado lo bastante, los soldados se propusieron matarle y luego informar que se trataba de un Ute, un indio de los que andaban buscando. Pero Pequeño Guerrero dijo: «No. Enarbola una bandera blanca y puede que quiera dar algún mensaje o, a lo mejor, es un hombre blanco disfrazado de indio». Cuando el hombre se hallaba ya muy cerca de ellos, vieron que iba vestido como un Comanche; no llevaba la línea de pelos tiesos recorriendo su cabeza que los Utes solían llevar y sus mechones laterales estaban sin trenzar. Pequeño Guerrero le pregunto, por medio de señas, si estaba solo; a lo que él respondió, en el mismo lenguaje, que sí estaba solo. Entonces Pequeño Guerrero le preguntó quién era. El extranjero hizo la señal que significaba Comanche: «una tribu amistosa».

Lo llevaron al campamento y, al cabo de un rato, Pequeño Guerrero comenzó a hablarle en comanche. Él no podía entender ni una palabra de cuanto le decía.

Entonces, el Pawnee le dijo: «Amigo mío, tú eres un Ute». El extranjero reconoció que lo era.

Entonces Pequeño Guerrero le habló, y le dio muy buenos consejos. Dijo: «Amigo mío, tú y yo tenemos la misma piel, y lo que ahora te voy a decir es para tu bien. Te estoy hablando como un amigo y cuanto te diga sólo va encaminado a que podáis salvar a vuestras mujeres y vuestros niños. No tiene sentido intentar luchar con los blancos. Yo he estado entre ellos y ahora se cuántos son. Son como la hierba. Aunque llegaras a matar a cien de ellos, eso no significaría nada. Sería lo mismo que quemar unos pocos puñados de hierba de la pradera. La misma cantidad de ellos quedaría. Si intentáis combatirlos, os perseguirán como fantasmas. A dondequiera que vayáis, ellos irán detrás de vosotros y no hallaréis descanso. Los soldados estarán siempre pisándoos los talones. Aunque os subieseis a lo alto de una gran montaña, donde no hubiese nada más que rocas y nadie más pudiese llegar, los soldados os seguirán, os rodearán y esperarán, aunque tengan que hacerlo durante cincuenta años. Ellos tendrán toda la comida que necesiten y podrán esperar hasta que todos estéis muertos. Hay un hombre blanco que es el jefe de toda la nación, y cuanto él dice se ha de llevar a cabo. No tiene sentido hacerles frente.

»Así que, si eres sabio, volverás a reunir a toda tu gente, los traerás a la reserva y te rendirás. Será mucho mejor para vosotros después de todo. Te estoy hablando como un amigo, porque ambos tenemos el mismo color, y espero que escuches bien mis palabras».

El Ute dijo: «Amigo mío, tus palabras son buenas, y yo te doy las gracias por el consejo amistoso que me has dado. Lo seguiré y accederé a marchar y traer a mi gente hasta aquí».

Pequeño Guerrero dijo: «¿Cómo hacéis vosotros una promesa?».

El Ute dijo: «Levantando la mano derecha».

Pequeño Guerrero dijo: «Ésa es también la costumbre entre mi pueblo».

El Ute levantó su mano e hizo su promesa.

Después de permanecer detenido durante dos o tres semanas, le permitieron marchar y al cabo de un mes aproximadamente, trajo consigo a la banda de la que él era jefe y se entregó. A través de su influencia, más tarde, acabó viniendo y entregándose toda la tribu. El jefe Ute estuvo siempre agradecido a Pequeño Guerrero por lo que había hecho por él, y le dijo que si alguna vez podía volver a su tierra le daría muchos caballos.