Cuentos de los indios pawnee

George Bird Grinnell · Capítulo 34 de 37

Páginas del PDF

Cuentos de los indios pawnee

La novia fantasma

 

En un lugar donde solía estar asentado uno de nuestros poblados, una mujer joven murió justo antes de que la tribu saliera de cacería. Los parientes vistieron a la joven con las más finas ropas, y la enterraron; y, a los pocos días, la tribu salió de caza.

Una partida de hombres jóvenes había salido a visitar a otra tribu, y no regresaron hasta algún día después de que esta joven muriera y la tribu hubiera abandonado el poblado para ir de caza. Entre los jóvenes guerreros que habían salido de viaje se hallaba uno que amaba a la muchacha que había fallecido. Éste entró solo en el poblado. El lugar estaba vacío y silencioso pero, antes de llegar a él, pudo observar en la lejanía, a alguien sentado encima de una vivienda. Cuando se aproximó, vio que era la muchacha a quien amaba. Él no sabía que había muerto, y se extrañó bastante de verla allí sola, pues había llegado el momento de que él fuese su marido y ella su mujer. Cuando ella le vio venir, descendió de donde estaba sentada y entró en la vivienda. Cuando él estuvo ya cerca de ella, le preguntó: «¿Por qué estás sola en el poblado?». Ella le respondió: «Se han marchado para la caza. Yo estuve antipática con mis familiares y ellos se han ido y me han dejado aquí». El hombre quería que ella se convirtiese en su mujer, pero la muchacha le dijo: «No, todavía no; nos casaremos más tarde». Y añadió: «No debes tener miedo. Esta noche celebraremos danzas aquí; los fantasmas bailarán». Ésta es una vieja costumbre de los Pawnees. Cuando danzaban, solían ir de una vivienda a la otra cantando, bailando y gritando. Así que ahora, cuando la tribu se había ido y el poblado quedaba abandonado, los fantasmas hacían lo mismo. Podía oírseles venir a lo largo de las vacías calles, yendo de una vivienda a otra. Entraron en la tienda donde él estaba y bailaron a su alrededor y cantaron; casi le tocaron, y él estuvo muy cerca de pasar miedo.

Al día siguiente, el joven persuadió a la muchacha para que fuese con él y siguiesen a la tribu, uniéndose a ella para la caza. Emprendieron juntos el viaje y ella le prometió que, con toda seguridad, se convertiría en su esposa, pero no antes de que llegara la hora para ello. Alcanzaron a la tribu; pero, antes de entrar en el campamento, la muchacha se detuvo, y dijo: «Ya hemos llegado, mas ahora debes ir tú primero al poblado y preparar un lugar adecuado para mí. El lugar donde yo duerma, que esté detrás de una cortina. Debo permanecer tras esa cortina durante cuatro días y cuatro noches. No hables de mí. No menciones a nadie mi nombre».

El joven la dejó allí y entró en el campamento. Cuando llegó a su vivienda le dijo a una mujer, una de sus parientes, que fuese hasta cierto lugar y trajese a casa a una mujer que le estaba esperando. Su pariente le preguntó: «¿Quién es esa mujer?». Y, para evitar pronunciar su nombre, él le dijo quiénes eran su padre y su madre. Su pariente, sorprendida, dijo: «No puede ser esa muchacha, porque murió hace algunos días, antes de que saliéramos para la caza».

Cuando la mujer salió a buscar a la muchacha, no pudo encontrarla por ninguna parte. La muchacha había desaparecido porque el joven le había desobedecido, descubriendo quién era. Ella le había dicho que tendría que estar tras una cortina durante cuatro días y que nadie debía saber quién era. En lugar de hacer cuanto le había pedido, él contó a su pariente quién era y la muchacha desapareció porque era un fantasma. Si él hubiese obedecido a la joven, ésta habría vuelto a vivir en la tierra por segunda vez.

Aquella misma noche, el joven murió mientras dormía.

La gente entonces se convenció de que debe haber una vida después de la muerte.