Escritos de jazz
I. Artículos
Jazz News, número 3, marzo de 1949
Tribuna libre
EL CRÍTICO DE JAZZ
Como los caminos del Señor, por decirlo de algún modo, son inescrutables, en
general apenas se conocen los motivos que pueden llevar a un ser humano a
convertirse en crítico de jazz. Por esta razón, no trataré de ahondar en ellos aquí;
dicho esto, intentaré hacer una estimación.
Uno puede convertirse en crítico de jazz:
a) por azar;
b) para fastidiar a Delaunay;
c) para fastidiar a Panassié;
d) para ganar dinero (sólo en América);
e) porque no le gusta el jazz;
f) porque Eddie Barclay le ha pedido un artículo (que no le pagará, naturalmente, aunque dé
prestigio);
g) porque toca en una orquesta de la que nadie habla nunca, y hace falta que alguien hable de
ella;
h) para tener una tarjeta de visita y conseguir discos por la cara;
i) porque un amigo le ha pedido que escriba su biografía porque no se atreve a escribirla él (así
que se la dicta);
j) porque un loco ha tenido la idea de montar una revista de jazz, y le conoce de vista;
k) porque Mezzrow le ha dado una opinión que le parece pertinente sobre un montón de discos;
l) porque acaba de salir del conservatorio (aunque no tiene nada que ver);
m) porque a todo el mundo le importa un c… el jazz, así que se puede escribir sobre jazz sin
consecuencias;
n) porque se imagina que puede llegar a ser un buen crítico de jazz;
o) porque quiere tener las revistas de jazz a mano (vaya tontería; basta con sisarlas cuando no
miran);
p) porque posee todos los discos de Charlie Kunz;
q) porque se llama Frank Ténot o Sylvaine Pécheral;
r) porque es la vida, ya ves…
s) porque habla inglés y se dice: voy a entrevistar a Ellington;
t) porque se dice que así aprenderá inglés;
u) por tradición, de padre a hijo y de tal palo tal astilla;
v) [2] porque no hay ninguna razón para que cualquiera sea crítico de jazz .
Éstos son los principales motivos. A veces, uno se encuentra con gente seria que
afirma haberse convertido en crítico de jazz por amor al jazz. Esa gente son unos
inconscientes: es muy improbable que el jazz les devuelva el amor que le profesan y,
por otra parte, como hablan de jazz todo el rato, nunca pueden escuchar los discos.
Me dirán que eso no tiene importancia si se trata de Yvonne Blanc, pero responderé
que precisamente esa gente no se limita a hablar de Yvonne Blanc; también hablan de
jazz… De ahí el drama.
De hecho, para ser crítico de jazz (y pienso, en particular, en la crítica de discos
de jazz) basta con saber contar con los dedos de las manos. Se coloca un disco en el
tocadiscos, y se espera. Cuando el sonido cambia, se sabe que ha habido
(probablemente) un cambio de ejecutor; por ejemplo, una trompeta ha reemplazado
un saxofón. Se apunta el número de la medida y se buscan calificativos en alguna
antigua crónica de discos de Jazz Hot. Con un poco de práctica, se llega a distinguir
el saxo alto del tenor, y el clarinete del trombón (la trompeta es más fácil; en general,
hace mucho más ruido que el resto). Así, se divide el disco en pequeños capítulos y,
acto seguido, se califica. Así, por ejemplo, se señala «una aterradora vuelta de los
cobres» (observad que esto ya está bordado: los cobres son las trompetas y los
trombones, pero, en cualquier caso, hay que saberlo).
Las diversas escuelas críticas, todas ellas basadas en el mismo principio general
anunciado un poco más arriba, se diferencian a partir del momento en el que surge la
duda. En tal caso, he aquí lo que sucede:
1.º Se escribe de todos modos. Es el llamado método de Ténot o, por abreviación, de Tricky
Brown. Suele desembocar en resultados extremadamente interesantes.
2.º Se escribe a América para informarse. Es el método Delaunay, un poco primario, pero
seguro.
3.º Se guarda silencio con una fórmula vaga. Método adoptado por todo el mundo en caso de
gran incertidumbre.
4.º Se afirma que los demás se engañan. Procede de una interesante técnica general, que a mí
me enseñó mi maestro Jean-Paul Sartre (ha llegado el momento de decir que uno tiene contactos): «Cuando ya no se sabe qué decir —me explicó—, basta con fingir con gran convicción que el interlocutor (siempre se puede crear uno) es un imbécil, ya que le resulta del todo imposible demostrar lo contrario.»
5.º Se inventan historias de sexagésimo noveno disminuido con retropedaleo en línea recta.
Método André Hodeir, peligroso pero brillante.
6.º Se habla de otra cosa. Éste es mi método.
7.º Se dice que todo eso es una m… y que sólo existe el dixieland; método Ernest Borneman —
pérfida Albión—.
8.º Se dice que todo eso es una t… y que sólo existe el bebop. Método atribuido (por error) al
estado mayor general de la revista [3] jazote .
También hay variantes: el sistema Edgar Jackson, que consiste en escribir lo contrario de lo que escriben todos los demás sin excepción, pero requiere una enorme
habilidad; el truco de Kaba, fingiendo una bonhomía objetiva, pero basado en el
hecho de que recibe discos de Australia; dicho esto, uno ya no se fija en lo que
cuenta. El golpe de asteriscos o de las pequeñas notas, que se juega a los dados
(revista Down Beat, Edgar Jackson ya citado, etcétera). El estudio detallado de todo
ello nos llevaría extremadamente lejos, y no vale la pena romperse la cabeza para
hablar de crítica de jazz, cuando en realidad no existe.