Escritos de jazz

Jim Harrison · Capítulo 16 de 59

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Escritos de jazz

Jazz News, número 10, abril de 1950

 

EDITORIAL

 

Tras muchos altos, bajos y medios, en el honor y en la dignidad, he aquí, al fin, un

editorial serio, pues ha llegado el momento de desvelarles mi batería (Kenny Clarke,

¡auxilio!…). Para mi alborozo, la gente se pregunta por qué Jazz News abunda en

bromas indignas del Os à Moelle[19] (a mí no me parece nada mal, el Os à Moelle,

pero me limito a citar lo dicho), por qué, sin avisar, desvirtuamos una fórmula de

enorme interés que convertía Jazz News en la primera revista de jazz francesa, por

qué ponemos por los suelos a gente a quien todo el mundo tiene en gran

consideración, por qué el doctor Gédéon Molle se arroga el derecho de babear sobre

jazz durante toda una página, por qué los editoriales tienen una maquetación

incoherente, por no decir ofensiva, por qué no se hace más crítica comparada, por qué

yo toco tan mal la trompeta, inspirado por el bebop; en fin, ¿por qué? Podría

responder que «porque sí», y estaría dicho todo, pero quiero explicarme, como he

anunciado al comienzo. A pesar de lo que piense Antoine Moreau, no vivimos en una

república de ciudadanos iguales: la prueba es que él es un lector estúpido mientras

que otros lectores son muy inteligentes. Así pues, hay que escoger. Escoger a los

buenos, a los confiados y bienintencionados. Los otros, que se vayan a freír

espárragos en fila india. Supongo que con los dos números anteriores hemos

disgustado a los de mucha clase, a los blandengues, a los avinagrados y a los

amargados, a la gente que duerme con pijama de franela, con calzones, y a los que se

ponen algodones en las orejas, a los que creen que Henry Bordeaux es un gran

escritor, que la policía está llena de gente honesta y que los jueces y los periodistas

tienen sentido del humor. No queremos a todos esos lectores, así que hemos tratado

de disuadirlos. El peligro es el mismo que cuando se emplea helecho macho para

matar la tenia, que se corre el riesgo de cargarse a la vez lo que se quería eliminar y

también a quien se quería salvar. Hemos corrido el riesgo, y hemos ganado: según

nuestras últimas estadísticas, nos quedan siete lectores. A partir de ahora vamos a

poder hacer alegremente, entre nosotros, una revista de jazz llena de sal ática, vamos

a poder considerar con un desdén sonriente los tímidos esfuerzos de nuestros

lamentables competidores, vamos a poder cerrar los ojos ante sus errores más burdos

y divertirnos con los demás; en suma, vamos a poder competir, con una calidad

absoluta, en la lucha por la supremacía de los productos franceses en los mercados

mundiales.