Escritos de jazz
Jazz News, número 11, junio de 1950
EDITORIAL
Una constatación que nos consuela: este mes, han salido menos discos. Ay, cuándo
volverán los días felices en los que teníamos nuestro pequeño pasto: un Ellington, un
Armstrong, un Fat’s y un disco del quinteto del Hot Club de France… Entonces se
podía ser crítico sin morirse de pena, pero la guerra dio al traste con todo eso.
No nos lamentemos, sin embargo: entre el montón, ahora sale mucha paja que no
es buena, pero todo eso se eliminará y se purificará por sí solo: a fuerza de escuchar
jazz malo, cuando encuentras jazz bueno te impresiona mucho más.
Y hablemos un poco de todo y del resto.
El último número, en el editorial en el que exponíamos, al fin, nuestra doctrina,
estaba un poco invadido por la crítica de discos.
Como acabo de explicar, esta vez el oleaje ha roto con menos violencia y hemos
aprovechado para entregarles reflexiones cruciales sobre problemas cruciales, nacidas
de la pluma de Michel Delaroche. Por otra parte, en el presente número tenemos la
alegría de saludar a un nuevo colaborador, Claude Abadie, que tiempo atrás convirtió
su orquesta en una agrupación homogénea y fue el primero en trabajar en la vía que
hoy ilustra Fohrenbach, al elaborar arreglos sencillos, pero que intentaban alejarse de
los senderos trillados y rehuir el regreso al sempiterno jam en regla entre los músicos
aficionados franceses, de costumbre, bastante holgazanes. Abadie nos cuenta sus
impresiones sobre la orquesta de Ellington; Jackie Vermont también. Estos dos
puntos de vista permitirán a quienes no asistieron a los conciertos hacerse una idea de
cómo fueron —y a los demás, confrontar sus críticas con las de Claude—.
Nuestra afición por las opiniones independientes nos llevará, en breve, a imprimir
una crónica anónima escuchada en Moscú; esta última presenta demasiados detalles
favorables a nuestro amigo Pochonet como para que no estemos tentados de concluir
un parentesco cierto (de grado cualquiera) entre el Ojo y el Dave. ¿O es que nos lo
mandará el propio Hugues? ¿Quién si no podría saber qué pasa?
Sobre esto, les choco esos cinco.