Escritos de jazz
Jazz News, número 10, abril de 1950
¿POR QUÉ DETESTAMOS EL JAZZ?
Sección del doctor Gédéon Molle, pintor los martes, Gran Oficial del perro
verde de Persia, farmacéutico titulado y partero en la maternidad del distrito
undécimo, escrita con su talento habitual
Saludaré con una alegría sublime a un [20] khon genial que se llama Jean Guitton y que
ha dado un golpe mortal al jazz en el número 111 de Images Musicales, una revista
dedicada, en el ámbito de la música clásica, a la noble tarea que me propongo yo
aquí. Viva Jean Guitton, el rey de los khons, y viva Images Musicales, que ha sabido
asegurarse la preciosa colaboración de un bicho raro y, por añadidura, romántico. Me
siento obligado a reproducir el final de su respuesta, de una sinceridad y una
comprensión increíbles, que demuestra hasta qué punto Jean Guitton ha sabido
asimilar, con el único fin de batirla en brecha, la quintaesencia de una música que
jamás se insistirá lo bastante en el retroceso que ha supuesto para la civilización que,
sin ella, aún desconocía la bomba H, los chinitos, el escarabajo de la patata, Chopin,
precursor del jazz, tal y como dice Jean Guitton, y tantas otras aberraciones del
mundo moderno, cuya causa hay que buscar en el desarreglo glandular de las razas
envilecidas por la práctica demasiado frecuente del acto sexual, como señala Jean
Guitton, khon entre los khones, a quien concedemos, esta vez, nuestra terrible
medalla a los antijazzistas. He aquí al propio Jean Guitton:
»Lo cierto es que el jazz pervierte el sentido artístico más noble, ya que priva al
cerebro de la elevación de los sentimientos que procura la detestable rutina (para
hablar como nuestro corresponsal) de los antiguos ídolos de la gran música…». (Nota
del doctor Gédéon Molle: Jean Guitton fue el blanco de la actividad de uno de esos
jóvenes turiferarios de la música diabólica, y su bella prosa acusa ese vil ataque…).
»… Usted se refiere al gran virtuosismo de los intérpretes. La única causa de su
admiración es su ignorancia de la verdadera técnica… Debería saber que estudiantes
que ensayan a consciencia durante seis horas al día, guiados por profesores, no se
convierten en virtuosos hasta al cabo de quince o veinte años de estudios, y que, por
el contrario, ciertos escolares que se divierten con un instrumento son encumbrados,
de un día para otro, a dioses del jazz, a los diecinueve años. Respecto a nuestra
consideración del físico de sus talentosos representantes, nos excusamos por no
sentirnos conmovidos por la visión de esos medio poseídos, aquejados de estremecimientos continuos, cuya mirada despavorida o postrada no tiene parangón
más que con el desasosiego en el que nos sume». (Nota del doctor G. Molle: yo fui el
primero en denunciar los trastornos fisiológicos derivados del jazz y estoy dispuesto a
aclamar a Jean Guitton como mi discípulo favorito… Y en lo que toca a esa mirada
que sólo tiene parangón con el desasosiego…, ¡qué suprema habilidad en el manejo
romántico de la lengua!… ¡Qué audacia!…).
»De ahí a darse cuenta de que el jazz deforma la sensibilidad artística, y la lección
que conviene tomar, no hay más que un paso, casi inmediato.
»Alardean de querer renovar el arte musical a partir de un embrión folclórico que
en realidad no existe, además del tamtan de la sabana perdida; no obstante, todo lo
que los negros han aportado al ámbito musical procede de imitaciones del folclore
europeo, a raíz de su contacto con nuestra civilización; ello sería equiparable a un
profesor que quisiera ser aleccionado por un estudiante al que acaba de enseñar.
(Nota del doctor G. Molle: se reconoce al vuelo la maravillosa influencia del señor
Cœuroy, nuestro mejor antijazzista antes de Jean Guitton, y que fue el primero en
revelar al mundo, en 1943, que el jazz era de origen europeo).
»Este hecho demuestra un claro retroceso más que una revolución.
»El pueblo negro es el único que, tal vez, no posee un folclore en un sentido
estricto; si existe, que nos lo hagan saber. Sus danzas o mimos no son sino una forma
de expresión y de transmisión espectacular del elemento histérico, que sirve para
provocar el erotismo.
»Y no debemos enorgullecernos de buscar el ideal en esas fuentes primitivas,
mientras que numerosos negros que estudian en nuestras facultades tratan de entender
el interés que encierran las obras inagotables de los grandes maestros».
Como ven, mis queridos lectores, cuando uno se llama Gédéon Molle, se
enorgullece de encontrar a un Jean Guitton. class="jazzman3"