Fátima
Posfacio
Los lectores de mis libros saben que en ellos suelo remitirme a citas y fuentes
originales. Así lo exigen mis mezclas de realidad y ficción.
En esta novela, los pasajes impresos en cursivas, son materia documental.
En el cuarto capítulo, por ejemplo, mis comentarios sobre la danza del Sol,
proceden de la muy exhaustiva exposición de lo sucedido en Fátima, que
refiere Luigi Gonzaga da Fonseca, en su obra Le meraviglie di Fátima,
aparecida por cierto, en una traducción alemana muy cuidadosa, bajo el título
de María habla para el mundo. En el capítulo doce, incluyo parte de los
interrogatorios que efectuara el Vizconde de Montelo (alias doctor Formigâo),
tal como se reproducen en el libro de Joâo de Marchi, Era uma Senhora mais
brilhante que o Sol. En el capítulo veintiuno, utilicé tres artículos
periodísticos publicados por A Ordem, A Republica y O Século, entre el 14 y
el 17 de octubre de 1917. La «prueba final», el poema aparecido el 13 de
mayo de 1917 para celebrar la aparición mariana, fue publicado por A
Liberdade, periódico de la ciudad de Oporto.
Mientras mi esposa y yo consultábamos en la Biblioteca Nacional de
Lisboa una selección de más de 300 obras sobre Fátima, nos cayó entre
manos un título que me sirvió para conformar la figura de Antonio Vicario.
Se trata del libro Fátima desmascarada, de Joâo Ilharco, un estudio
conceptuoso aparecido por primera vez en 1971, con abundantes documentos
sobre las contradicciones del supuesto milagro de Fátima. El periodista
Ilharco ha estudiado la totalidad de las apariciones, desde sus inicios hasta el
presente, y ha elaborado la teoría de que durante el régimen fascista de
Oliveira Salazar, la leyenda de Fátima fue remozada para servir a los intereses
de la dictadura. En esa obra se describe exhaustivamente la forma en que se
explotara el verbo de Nossa Senhora. (El periódico La voz de Fátima, con el
mismo nombre, sigue siendo en nuestros días, el órgano central del
catolicismo fundamentalista). A este libro de Ilharco, debo agradecer muchos
sugerentes estímulos.
La figura de Augusto Benini tiene un antecedente que ya muchos deben
haber observado: durante una gira en la década de los años 20, Harry Houdini
denunció ante la opinión pública de los EE.UU. de Norteamérica, las
maniobras de muchos falsos médiums, espiritualistas fraudulentos y otros
truqueros baratos. De todo eso nos informa el propio Houdini en su libro On
magic, aparecido en 1953.
(Hace muy poco tuve noticias de que Hans-Gerhard Stumpf, ex presidente
de la Asociación de Magos de la ROA, dirigió durante más de 30 años un
programa titulado: ¿Existe la visión del futuro? Su libro Entgeistert
[Aterrado], que aborda el tema de los efectos parapsicológicos y de los
antecedentes históricos sobre los «poderes sobrenaturales», lamentablemente
cayó en mis manos demasiado tarde).
Mis informaciones sobre la sociedad secreta católica Opus Dei, proceden
de la excelente investigación de Peter Hertel, publicada bajo el título de Yo os
prometo el Cielo. E ideas muy importantes para mi Evangelio de Judas, las
obtuve de la pieza de Walter Jens, El caso Judas.
Por último, quiero dejar algunas constancias de mi gratitud: a Franz
Betuker, por sus exactas traducciones del portugués; a Klaus Podak, por sus
sugerencias sobre Houdini; a Cristián Cortés, quien me ayudó a incorporar en
el texto final las observaciones hechas por Daniel Chavarría, a la Biblioteca
Nacional de Lisboa, en especial a su departamento de microfilms; a mi esposa
Marita, por la investigación y sus estimulantes críticas; y a Ursula Locke-
Gross, por su excelente lectura.
Y no se me ocurre nada mejor para este postfacio, que un fragmento del
mensaje radial emitido por el papa Pío XII sobre Fátima, el 31 de octubre de
1942:
En trágicas horas de oscuridad y desvarío, cuando la nave del Estado
portugués zozobraba apartada del derrotero de sus gloriosas tradiciones,
para sumirse en la tempestad de un espíritu anticristiano y antinacional;
cuando se parecía a punto del inevitable naufragio, el Cielo lleno de piedad,
ha intervenido para llevar luz a las tinieblas; del caos ha surgido el orden; y
a la tempestad siguió la calma para que Portugal, nación fidelísima, pudiese
retomar la perdida huella de sus más hermosas tradiciones. ¡Honor a los
meritorios varones que han servido de instrumento a la Divina Providencia,
en su obra grandiosa!
Marzo de 1992
Jürgen Alberts
Terminaste Fátima
Jürgen Alberts
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