Fátima

Jürgen Alberts · Capítulo 37 de 37

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Fátima

Posfacio

 

 

Los lectores de mis libros saben que en ellos suelo remitirme a citas y fuentes

originales. Así lo exigen mis mezclas de realidad y ficción.

En esta novela, los pasajes impresos en cursivas, son materia documental.

En el cuarto capítulo, por ejemplo, mis comentarios sobre la danza del Sol,

proceden de la muy exhaustiva exposición de lo sucedido en Fátima, que

refiere Luigi Gonzaga da Fonseca, en su obra Le meraviglie di Fátima,

aparecida por cierto, en una traducción alemana muy cuidadosa, bajo el título

de María habla para el mundo. En el capítulo doce, incluyo parte de los

interrogatorios que efectuara el Vizconde de Montelo (alias doctor Formigâo),

tal como se reproducen en el libro de Joâo de Marchi, Era uma Senhora mais

brilhante que o Sol. En el capítulo veintiuno, utilicé tres artículos

periodísticos publicados por A Ordem, A Republica y O Século, entre el 14 y

el 17 de octubre de 1917. La «prueba final», el poema aparecido el 13 de

mayo de 1917 para celebrar la aparición mariana, fue publicado por A

Liberdade, periódico de la ciudad de Oporto.

Mientras mi esposa y yo consultábamos en la Biblioteca Nacional de

Lisboa una selección de más de 300 obras sobre Fátima, nos cayó entre

manos un título que me sirvió para conformar la figura de Antonio Vicario.

Se trata del libro Fátima desmascarada, de Joâo Ilharco, un estudio

conceptuoso aparecido por primera vez en 1971, con abundantes documentos

sobre las contradicciones del supuesto milagro de Fátima. El periodista

Ilharco ha estudiado la totalidad de las apariciones, desde sus inicios hasta el

presente, y ha elaborado la teoría de que durante el régimen fascista de

Oliveira Salazar, la leyenda de Fátima fue remozada para servir a los intereses

de la dictadura. En esa obra se describe exhaustivamente la forma en que se

explotara el verbo de Nossa Senhora. (El periódico La voz de Fátima, con el

mismo nombre, sigue siendo en nuestros días, el órgano central del

catolicismo fundamentalista). A este libro de Ilharco, debo agradecer muchos

sugerentes estímulos.

La figura de Augusto Benini tiene un antecedente que ya muchos deben

haber observado: durante una gira en la década de los años 20, Harry Houdini

denunció ante la opinión pública de los EE.UU. de Norteamérica, las

maniobras de muchos falsos médiums, espiritualistas fraudulentos y otros

truqueros baratos. De todo eso nos informa el propio Houdini en su libro On

magic, aparecido en 1953.

(Hace muy poco tuve noticias de que Hans-Gerhard Stumpf, ex presidente

de la Asociación de Magos de la ROA, dirigió durante más de 30 años un

programa titulado: ¿Existe la visión del futuro? Su libro Entgeistert

[Aterrado], que aborda el tema de los efectos parapsicológicos y de los

antecedentes históricos sobre los «poderes sobrenaturales», lamentablemente

cayó en mis manos demasiado tarde).

Mis informaciones sobre la sociedad secreta católica Opus Dei, proceden

de la excelente investigación de Peter Hertel, publicada bajo el título de Yo os

prometo el Cielo. E ideas muy importantes para mi Evangelio de Judas, las

obtuve de la pieza de Walter Jens, El caso Judas.

Por último, quiero dejar algunas constancias de mi gratitud: a Franz

Betuker, por sus exactas traducciones del portugués; a Klaus Podak, por sus

sugerencias sobre Houdini; a Cristián Cortés, quien me ayudó a incorporar en

el texto final las observaciones hechas por Daniel Chavarría, a la Biblioteca

Nacional de Lisboa, en especial a su departamento de microfilms; a mi esposa

Marita, por la investigación y sus estimulantes críticas; y a Ursula Locke-

Gross, por su excelente lectura.

Y no se me ocurre nada mejor para este postfacio, que un fragmento del

mensaje radial emitido por el papa Pío XII sobre Fátima, el 31 de octubre de

1942:

En trágicas horas de oscuridad y desvarío, cuando la nave del Estado

portugués zozobraba apartada del derrotero de sus gloriosas tradiciones,

para sumirse en la tempestad de un espíritu anticristiano y antinacional;

cuando se parecía a punto del inevitable naufragio, el Cielo lleno de piedad,

ha intervenido para llevar luz a las tinieblas; del caos ha surgido el orden; y

a la tempestad siguió la calma para que Portugal, nación fidelísima, pudiese

retomar la perdida huella de sus más hermosas tradiciones. ¡Honor a los

meritorios varones que han servido de instrumento a la Divina Providencia,

en su obra grandiosa!

 

Marzo de 1992

Jürgen Alberts

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