La criolla principal

Inés Quintero · Capítulo 31 de 32

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La criolla principal

«Transacción milagrosa» entre las hermanas y sobrinos del libertador

 

Ahora bien, mientras María Antonia y Juana se encontraban en medio de este combate sin fin y para complicar aún más el ambiente, llegaron a Caracas los bultos con las pertenencias de Bolívar.

El inventario de los enseres personales de Bolívar, como se vio páginas atrás, constituía un patrimonio de cierto valor, fundamentalmente en relación con las alhajas y otras piezas de orfebrería como la Espada del Perú.

En medio de las discordias por el tema de la donación fue necesario buscar la manera de llegar a un acuerdo para repartir los efectos personales del Libertador entre sus herederos. La decisión fue contratar un perito que hiciese el avalúo completo de todos los artículos del inventario para determinar su distribución equitativa.

El avalúo fue realizado el día 21 de agosto de 1833 y era como sigue:

»Avalúo y partición de Alhajas del Libertador: Piezas de Diamante:

1. Una espada montada la guarnición la chapa en brillantes y su vaina de oro en: 4498 pesos.

2. El Sol del Perú con su caja de oro en: 1455 pesos. 3. La Estrella de Venezuela en: 305 pesos.

4. La Medalla de Boyacá en: 170 pesos.

5. La Medalla de Quito en: 308 pesos.

6. La Medalla de la ciudad de Sucre en: 336 pesos. 7. La Medalla del Potosí en: 339 pesos.

8. El Relicario de Charcas en: (ilegible).

Piezas de Oro

9. La Medalla con el busto de Washington y la Medalla de Williamsburg en: 80 pesos.

10. La Caja del Rey de Inglaterra en: 260 pesos.

11. Veinte y cuatro cucharas de postre, 23 tenedores, 23 cucharitas para café, una tenaza para azúcar y 24 cuchillos en: 1703 pesos. 12. Una medalla de oro del 25 de septiembre de 1828 en: 36 pesos. 13. Treinta y cinco medallas de oro de Chuquisaca, Cuzco y Potosí en: 809pesos.

Piezas de plata y plateadas

14. Cuatrocientos setenta y tres Medallas de Chuquisaca, Cuzco y Potosí del 25 de septiembre de 1828 en: 452 pesos.

15. Dos platones con peso de setenta y una onza cuatro y media octavas en: 71 pesos [y pico].

16. Doce platillos en: 161 pesos.

17. Veinte y cuatro cucharas; veinte y tres tenedores de primera mesa en: 164 pesos.

18. Veinte y dos cuchillos de primera mesa, en: 11 pesos. 19. Dos tenedores y dos cuchillos en: 2,4 pesos. 20. Dos tenedores y dos cuchillos en: 2 pesos.

21. Veinte y dos cucharas de postre en: 2 pesos. 22.Veinte y cuatro tenedores de postre en: 53 pesos. 23.Veinte y cuatro cuchillos de postre en: 10 pesos. 24. Diez y nueve cucharillas para café en: 22,5 pesos. 25. Un cucharón, dos cucharones de jarra, cuatro cucharones menores, cuatro cucharones de salero, un cuchillo de pescado en 42,7 pesos. 26. Cuatro saleros en: 32,4 pesos.

27. Una tenaza o pinza en: 2,4 pesos.

28. Una cantina compuesta de la pieza expresada en el inventario contenida en el baúl (ilegible) y cuatro (ilegible) la cafetera y la lechera en: 200pesos. 29. Una lechera y una cafetera en: 12 pesos.

30. Una cajita de afeitar en: 50 pesos.

31. Una cacerola en: 10 pesos.

32. Un anteojo en: 2 pesos.

33. Un braserito en: 7,4 pesos.

Total: 12 028 pesos y 6 reales y medio[107]

Hecho el avalúo, había que distribuir equitativamente los treinta y tres ítems de la lista de acuerdo al valor establecido por el perito. Se suponía que a cada una de las partes le correspondería un tercio del total. Hubo un primer acuerdo respecto al reparto y fue regalarle a Pedro Briceño Méndez: dos cucharitas para café, dos tenedores, una tenacita para azúcar, una medalla del 25 de septiembre, todo de oro, y seis medallas de plata; esto era en agradecimiento por los servicios prestados como custodio de las alhajas y tenía un valor de ciento cuarenta y un pesos y siete reales.

Deducida esta cantidad del monto total del avalúo, a cada una de las partes debía otorgársele un conjunto de artículos que cubriesen la cantidad de tres mil novecientos sesenta y dos pesos con dos reales y medio.

Otra vez hubo desacuerdo y querella entre las dos hermanas. El motivo de la discordia era quién se quedaría con la mejor pieza del inventario: la Espada del Perú, la joya número uno del inventario, cuyo valor excedía inclusive la tercera parte del monto total del avalúo. La única manera de resolver el impasse fue sometiéndolo al azar. Se procedió, entonces, a rifar la Espada del Perú entre Juana y María Antonia y la suerte favoreció a Juana, quedándole a María Antonia el Sol del Perú, la segunda pieza de mayor valor.

Hecha la distribución de todas las piezas del inventario a María Antonia le tocaron los siguientes objetos:

1. El Sol del Perú: 1455 pesos.

2. La Medalla de Oro de Boyacá: en 170 pesos. 3. Medallón y Medalla de Washington de Oro: en 80 pesos. 4. Ocho cucharas, siete tenedores de oro, ocho cuchillos de pala de oro y siete cucharones de oro para café: en 534 pesos.

5. Diez y siete medallas de oro: en 392 pesos.

6. Veinte y cuatro cucharas y veinte y tres tenedores de plata de primera mesa: en 164 pesos.

7. Doce cucharitas de café de plata: en 14,2 pesos. 8. Dos saleros de plata en 16,2 pesos.

9. Un cucharón sopero, dos cucharones menores, dos cucharitas de salero y un cuchillo para pescado, todos de plata en 29 pesos. 10. Una tenaza de plata en 2,4 pesos.

11. Veinte y dos cuchillos de cascarilla de plata en 11 pesos. 12. Treinta y dos cuchillos de cascarilla de plata en 2,4 pesos. 13. Dos platones de plata en 71,4 pesos.

14. Seis platillos de plata en 78,2 pesos.

15. Un anteojo en 3 pesos.

16. Vajilla de metal plateado en 200 pesos.

17. Ciento cincuenta y dos medallas de plata en 148,6 pesos. 18. Un brasero en 7,4 pesos.

19.El monto de 582,1 pesos de la deuda en efectivo que le debe Juana Bolívar.

Para un total de 3962 pesos y 2 reales.

A Juana se le entregaron:

1. La Espada con guarnición y vaina de oro montada en brillantes en 4498 pesos.

2. Ocho cucharones y siete tenedores de oro, ocho cuchillos y siete cucharas para café de oro en 533 pesos.

3. Nueve medallas de oro en 208 pesos.

4. Ciento cincuenta y dos medallas de plata en 148,4 pesos. Y los sobrinos recibieron:

A los hijos de Juan Vicente Bolívar, en su representación Josefa María Tinoco:

1. Medalla de Venezuela montada en diamantes en 305 pesos. 2. Medalla de Quito montada en diamantes en 308 pesos. 3. Medalla de la Ciudad de Sucre montada en diamantes en 336,4 pesos. 4. Medalla del Potosí montada en diamantes en 394 pesos. 5. El Relicario de Charcas en 306 pesos.

6. Caja de oro del Rey de Inglaterra en 260 pesos. 7. Nueve medallas de oro en 208,4 pesos.

8. Ocho cucharas, siete tenedores, ocho cuchillos y siete cucharitas para café, todos de oro en 537 pesos.

9. Seis platillos de plata en 83 pesos.

10. Dos saleros de plata en 16,2 pesos.

11. Veinte y dos cucharas y veinte y cuatro tenedores de plata para postre en 109 pesos.

12. Siete cucharas de plata para café en 8,3 1/2 pesos. 13. Un cucharón de jarra, dos cucharones menores y dos cucharas en 13,7 pesos.

14. Cuatro cuchillos para postre de plata en 10 pesos. 15. Dos machetes y dos cuchillones menores en 2 pesos. 16. Una cafetera y una lechera en 12 pesos.

17. Cajita de afeitar 50 pesos.

18. Una cacerola en 10 pesos.

19. Ciento cincuenta y dos medallas de plata en 149,1 pesos. 20. Deuda de Juana Bolívar con los hijos de Juan Vicente Bolívar: 834 pesos.

Resuelta así la distribución de los objetos personales de Bolívar, era menester buscar la manera de que se acordasen respecto a los otros asuntos que dividían a los herederos, el más espinoso, sin duda, el de la donación.

Sin embargo, no era éste el único incordio que mantenía enemistadas a las hermanas Bolívar. Los pleitos eran de todo tipo: María Antonia demandó a Juana por el monto que le adeudaba de las alhajas ya que ésta se negaba a pagarle en represalia por lo de la donación. Juana, por su parte, hacía reparos a la administración de los bienes de Bolívar que había estado a cargo de María Antonia y solicitaba que se revisasen las cuentas de su hermana para conocer si todo se había hecho de manera regular; también reclamaba Juana los alquileres de las casas de La Guaira; en el caso de la división del mayorazgo de la familia, María Antonia protestaba que la casa que le había regalado Bolívar a Juana era parte del mayorazgo y, por lo tanto, no era válida su cesión a Juana; igualmente se negaba a reconocer la libertad de los esclavos hecha por Bolívar en 1821 ya que éstos también pertenecían al mayorazgo. El pleito entre las hermanas involucró también a Anacleto Clemente, el hijo de María Antonia, ya que ambas exigían que Anacleto les pagase todo el dinero que el Libertador le había dado a éste en vida y que nunca había cancelado. De manera que todo era discordia y tribunales entre las hermanas del Libertador.

Luego de numerosas conversaciones y negociaciones, se llegó finalmente a un convenimiento el 7 de septiembre de 1833. Ese día, María Antonia, Juana y Josefa, firmaron un documento amistoso en el cual fijaban de manera absolutamente precisa qué tipo de acuerdos estaban dispuestas a aceptar y cuáles eran los compromisos que respetarían para de esa forma liquidar, de una vez por todas, los enredos y pleitos legales que las habían enemistado luego de la muerte del Libertador.

El título del documento es elocuente de lo sumamente complicado y trabajoso que fue acordar a las tres damas. Se titula «Transacción milagrosa hecha por la Santísima Trinidad y nuestra Señora de la Merced».

De donde se desprende que sólo mediante la intervención directa de las «Tres Divinas Personas» y de la Virgen de la Merced, se logró un entendimiento entre las hermanas del Libertador y Josefa Tinoco, la curadora de los hijos naturales de Juan Vicente Bolívar.

El documento firmado por las tres mujeres establecía que estaban dispuestas a convenir en una transacción amigable para conservar de esa manera «… la concordia y armonía que debe reinar entre hermanos y miembros de una misma familia y al efecto, bien persuadidas cada una de sus derechos y de lo que en el presente caso cede y compromete han acordado de su libre y espontánea voluntad que todos los pleitos así los que se hallan pendientes en los Tribunales como las diversas cuestiones que han ocupado a los interesados con motivo de la herencia del Libertador quedan terminados y concluidos en todo punto».

En siete detallados puntos se establecían cada uno de los acuerdos: Juana se quedaba quieta con lo de la donación y se resignaba a aceptar lo que habían dispuesto los árbitros; María Antonia renunciaba a cobrarle la multa y levantaba la demanda por la deuda de las alhajas, además María Antonia no insistiría más sobre el tema del mayorazgo: reconocía la cesión de la casa a Juana y se comprometía a no molestar más a los esclavos reconociéndoles su libertad; Juana desistía de revisar las cuentas de María Antonia y se conformaba con los alquileres que había recibido en vida del Libertador; las dos hermanas dejaban en paz a Anacleto y no le cobrarían las deudas que

tenía éste con su tío ya difunto[108].

El acuerdo fue protocolizado y firmado en presencia de testigos por las tres damas y los dos hijos de María Antonia: Anacleto y Pablo Secundino. La última cláusula del convenimiento establecía que cualquier diferencia que surgiese en torno a lo acordado entre las partes se resolvería «necesariamente por árbitros arbitradores amigables, componedores, sin recurso de apelación. Jamás se ocurrirá a los Tribunales por éste ni otro motivo sobre los puntos que abraza este convenio y si llegase el caso que alguno intentase un reclamo judicial contra lo estipulado… pagará la multa de 25 000 pesos a favor de la

persona o personas contra quien se dirija el reclamo[109]».

Quedaban así zanjadas de un todo, la totalidad de las querellas que involucraron a María Antonia a la hora de defender su tajada de la herencia de su hermano.