La criolla principal
De reconocida prosapia y fidelidad irreprochable
María Antonia era la hija mayor de don Juan Vicente Bolívar y doña Concepción Palacios y Blanco, reputados mantuanos y vecinos principales de la provincia; vino al mundo en Caracas el 1 de noviembre de 1777, dos años más tarde nació su hermana Juana y, con la misma regularidad bienal, ingresaron al cuadro familiar los dos varones de la casa: Juan Vicente en 1781 y Simón Antonio en 1783.
Desde que tenía memoria conocía las historias que conservaba la tradición familiar. Sabía perfectamente que pertenecía a una estirpe de larga data en la provincia. Entre sus ancestros había, por lo menos, catorce conquistadores de Venezuela. El primero de los Bolívar en pisar estas tierras fue Simón de Bolívar, quien se dispuso a cruzar el Atlántico para probar fortuna en el Nuevo Mundo entre los años 1557 y 1559. Inicialmente, se estableció en La Española, hoy Santo Domingo; treinta años más tarde pasó a Venezuela.
Durante dos siglos y medio, los Bolívar ocuparon los más diversos cargos políticos y administrativos de la provincia: Simón Bolívar «el viejo» y pariente más lejano fue procurador general ante la Corte, primer regidor perpetuo del Cabildo de Caracas y comisionado por esta entidad para adelantar gestiones ante el Rey Felipe II. Fue también contador general de la Real Hacienda. Su hijo, llamado Simón Bolívar «el mozo» lo acompañó en su viaje a Venezuela y allí se casó con Beatriz Díaz Moreno de Rojas, hija del conquistador de Valencia Alonso Díaz de Moreno, ocupó el mismo cargo que su padre como contador general de la Real Hacienda y al enviudar ingresó al estado eclesiástico. Fue comisario del Santo Oficio en Valencia y visitador general de este obispado.
Antonio de Bolívar, hijo de Simón «el mozo» y tatarabuelo de María Antonia, fue capitán del ejército del Rey, alcalde de la Santa Hermandad y corregidor y justicia mayor de Turmero; el bisabuelo de los Bolívar Palacios, el capitán Luis de Bolívar, ocupó el cargo de alcalde ordinario de Caracas y el abuelo, don Juan de Bolívar y Villegas, fundó el Señorío de la Villa de San Luis de Cura, hereditario por dos generaciones, según establecía la Real Cédula de creación. Fue corregidor de San Mateo y de Cagua y justicia mayor de todos los valles de Aragua. El padre de los Bolívar, Juan Vicente Bolívar y Ponte fue designado procurador general de Caracas, luego administrador de la Real Hacienda y finalmente teniente de gobernador, juez de comisos, corregidor y cabo de guerra en La Victoria y San Mateo, este último lugar asiento de la encomienda que el Rey otorgó al primer Bolívar al momento de
instalarse en la provincia en el siglo [9] XVI .
Transcurridos más de dos siglos de la llegada de Bolívar, «el viejo», fundador de la estirpe y a quien se le conocía como «el Vizcaíno», los Bolívar se habían constituido, sin duda, en una de las más sólidas y poderosas familias de la provincia.
Durante todo ese tiempo los ascendientes de María Antonia se habían distinguido por sus vínculos de lealtad con la Corona española. Participaron en la fundación de ciudades, colaboraron con sus recursos para que se construyera la fortificación de La Guaira, el más viejo de la estirpe obtuvo de la Corona el escudo de armas con el simbólico león que distinguía —y todavía hoy distingue— a la ciudad de Caracas; su abuelo, don Juan de Bolívar y Martínez de Villegas, fue uno de los pocos criollos en ocupar de manera interina el cargo de gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela; su propio padre como oficial del ejército del Rey defendió los puertos de Venezuela contra los ataques de los corsarios ingleses y tuvo el privilegio de viajar a España como representante de la provincia y establecer contactos en la Corte.
Por el lado de su mamá, las referencias también eran impecables. Su abuela materna, doña Francisca Blanco Infante y Herrera, era descendiente directa de Francisco Infante, uno de los hombres que acompañó a Diego de Losada en la fundación de Caracas; su bisabuelo, don Feliciano Palacios Sojo y Xedler fue síndico procurador, alcalde ordinario y regidor perpetuo del Cabildo de Caracas; su abuelo materno, don Feliciano Palacios Sojo y Gil de Arratia, fue hasta su muerte alférez mayor del Cabildo de Caracas, una de cuyas funciones era presidir y dirigir el acto de Juramentación del Monarca en la Provincia; esta distinguida prerrogativa la obtuvo la familia por primera vez en el siglo XVII y, don Pedro Palacios Sojo y Gil de Arratia, hermano de su abuelo, había sido el fundador de la primera academia de música de la provincia.
No había mención alguna de discordias con la Corona, jamás habían pasado ningún tipo de penalidad, poseían esclavos, haciendas, privilegios, cuantiosas rentas y estaban emparentados con las mejores familias. Vivían a una cuadra de la plaza principal, una numerosa servidumbre se encargaba de atender todas sus necesidades domésticas, cuando iban a la Iglesia ocupaban lugar preeminente, incluso las damas de la familia podían utilizar alfombra y asistir a misa acompañadas de su séquito de esclavas. Además, todos sus muertos se encontraban sepultados en lugar privilegiado en la mismísima Catedral de Caracas en la capilla de la Santísima Trinidad, patrona de la familia.