La criolla principal

Inés Quintero · Capítulo 7 de 32

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La criolla principal

Enemiga de la República

 

De manera que, cuando ocurrieron los hechos del 19 de abril de 1810, cuatro años más tarde de la invasión y a un año apenas de la publicación de las listas de los vasallos contrarios al traidor Miranda, María Antonia no dudó ni por un momento en manifestar su rechazo a la iniciativa independentista. Para ella constituía un absoluto despropósito romper con la tradición que su familia, parientes y allegados, desde tiempos inmemoriales se había empeñado en sostener y proteger; no podía ver con buenos ojos un movimiento que desestimaba y echaba por tierra todos los privilegios y beneficios que durante siglos les había deparado el vínculo con España, y no podía entender ni remotamente que hubiese personas principales dispuestas a sumarse a una tentativa tan inconveniente.

A su terminante repudio al movimiento se sumaba el profundo malestar y la enorme sorpresa que le ocasionaba el hecho de que entre los entusiastas defensores de la destitución de don Vicente Emparan de la Capitanía General, estaban algunos de los que se habían animado a reiterarle su lealtad al Rey cuando se alzaron Gual y España en 1797, y eran también muchos de los que estuvieron prestos a ofrecer donativos para ponerle precio a la cabeza de Miranda en 1806. A su entender, se trataba de una inconsecuencia inexplicable.

Lino Clemente, su cuñado, entregó 50 pesos por la cabeza de Miranda, firmó la declaración del 19 de abril, formó parte de la Junta Suprema y estampó su firma en el Acta de la Independencia. Dionisio, su primo y cuñado, igual; estaba en la lista de los donativos de 1806 y luego el 19 de abril estuvo con los hombres que destituyeron al capitán general y fue parte de la Junta Suprema. Feliciano Palacios, su otro tío y heredero del cargo de alférez real del Cabildo, actuó de manera idéntica, colaboró para que capturasen a Miranda y después firmó el Acta del 19 de abril de 1810; el Marqués del Toro, luego de declararle su lealtad al Rey en 1797 y perseguir a Miranda, había firmado el Acta que nos separaba para siempre de la Madre Patria. Martín Tovar Ponte, el hijo del Conde de Tovar, en ocasión de la invasión de Miranda había donado 100 pesos y ahora era uno de los más entusiastas y visibles promotores de la insurgencia.

Mayor estupor le causó constatar que su hermana Juana acompañaba a su marido en su simpatía por el movimiento y que sus dos hermanos varones, Juan Vicente y Simón, no solamente lo veían con agrado sino que eran parte activa de la insurgencia. Ambos se alistaron en la causa emancipadora y no contentos con manifestar públicamente su adhesión, pusieron al servicio de los revoltosos sus recursos económicos.

El primero formó parte de una misión que viajó a los Estados Unidos a comprar armamento y a negociar el apoyo de ese gobierno a los rebeldes y el segundo se ofreció, sufragando él mismo sus gastos, para formar parte de la misión diplomática que viajó a Inglaterra a solicitar el apoyo de la Corona inglesa. En Inglaterra, su propio hermano fue uno de los promotores de convencer a Miranda para que regresara a su patria a participar activamente en el movimiento que apenas comenzaba.