La última partida
Capítulo 36
–Estupendo. Bueno, escucha, antes de que vayamos ahí quiero pasar por una estafeta de la Western Union y enviarle un buen fajo de dinero a Wendy.
–Oh, claro. – Crane le miró-. ¿Has…, eh…, has hablado con ella?
–Sí, anoche…, y volví a telefonearla antes de venir a recogerte -dijo Mavranos-. Le dije que no iba a…, a dejar a medias nada que debiera terminar. Lo entendió. – Su rostro cansado estaba totalmente inexpresivo -.
Creo que está orgullosa de mí.
–Bueno -dijo Crane sin entender nada-, eso es magnífico. Eh, no hagas ruido al pasar al lado de esas habitaciones. Están llenas de recién casados dormidos que intentan digerir el champán de su noche de bodas.
Y un instante después torció el gesto y cerró los ojos porque Mavranos lanzó un juramento ahogado, y no dejó de tocar la bocina hasta que hubieron llegado a la calle.
36
¿Eres sacerdote católico o algo así?
–Ése es el sitio -dijo Crane dos horas después inclinándose hacia adelante y señalando el enorme letrero oxidado del dos de picas que ondulaba entre la calina ante ellos.
–Mierda -dijo Mavranos. Alzó su lata de Coors y cuando estuvo vacía la arrojó a la parte trasera de la camioneta haciéndola volar por encima de su hombro-. Creí haberte oído decir que tienes un montón de dinero.
Crane tuvo que admitir que la solitaria aglomeración de estructuras formada por la caravana y los cobertizos situada al lado de la autopista del desierto no ofrecía un aspecto muy próspero.
–No creo que haga esto por dinero -dijo. Extendió la palma de su mano y le mostró los dos relucientes dólares de plata que había sobre ella-. Me dijeron que sólo debía traer esto.
–Uh.
Apenas habían hablado durante el trayecto desde la ciudad. Crane había pasado la mayor parte del tiempo vigilando el tráfico que se movía detrás de ellos, pero no había visto ningún Jaguar gris. Él gordo quizá había muerto a causa de la conmoción cerebral producida por su herida, o quizá no podía seguirle la pista cuando Crane estaba… rehuyendo a Susan.
Mavranos redujo la velocidad e indicó que iba a salir de la autopista, y Crane contempló el extraño reducto que era su destino. El núcleo original parecía estar formado por una casa-caravana de gran tamaño rodeada por refuerzos de madera, llena de remiendos y pintada en varios tonos de verde considerablemente descoloridos, pero detrás se le habían añadido un gran número de cobertizos con el techo de hierro corrugado, y parecía haber gallineros y apriscos al lado. Dos camionetas cuya antigüedad debía de remontarse hasta 1957 se habían convertido en ruinas oxidadas en el patio sin pavimentar que se extendía entre la caravana y la autopista, y detrás de ellas había una furgoneta Volkswagen que parecía más nueva. Bastaba con echarle un vistazo para darse cuenta de que todo lo que tenía delante había sido cocido y deformado por décadas de un sol implacable.
–Chez "Araña" Joe -dijo Crane con falsa jovialidad.
–El tipo que te habló de este sitio te tomó el pelo -dijo Mavranos mientras reducía la velocidad hasta casi detener la camioneta y giraba para meterla en el patio. La camioneta tembló y los neumáticos emitieron crujidos y chasquidos mientras giraban-. Te tomó el pelo.
Mavranos acabó apagando el motor. Crane esperó hasta que la mayor parte de la nube de polvo que habían levantado se hubo disipado y abrió la puerta. El viento era cálido, pero enfrió el sudor que le cubría la cara.
Dejando aparte los ruiditos del motor y el lento chuff-chuff de sus pasos cuando él y Mavranos avanzaron hacia el porche delantero el único sonido audible era el zumbido entrecortado de un aparato de aire acondicionado.
Crane se dio cuenta de que alguien les estaba observando, y comprendió que había estado experimentando aquella misma sensación durante el último kilómetro y medio del trayecto.
Subió al porche y llamó a la puerta de rejilla con los nudillos. La penumbra de una habitación sin luces en la que se podían ver un sofá y una mesa parecía acechar al otro lado de la pantalla de alambre. – ¿Hola? –
preguntó con voz nerviosa-. Eh… ¿Hay alguien en casa?
Sus ojos se habían acostumbrado a la penumbra lo suficiente para poder distinguir las piernas de alguien que llevaba unos téjanos sentado en una silla dentro de la habitación, pero unos roces y crujidos procedentes de la esquina oeste de la caravana le hicieron mirar en aquella dirección.
Y de la sombra de la caravana emergió algo, y durante un momento que le heló la sangre en las venas Crane creyó que era una araña gigante que
caminaba hacia ellos.
Crane y Mavranos bajaron del porche dando un salto, pero cuando Crane observó con más atención a la silueta que acababa de detenerse delante de ellos vio que era un hombre con decenas de largas antenas metálicas brotando de su cinturón y que oscilaban en el aire rodeándole por todas partes. Cada antena estaba doblada formando un arco distinto al de las demás, y algunas rozaban el flanco de la caravana mientras otras trazaban líneas en el polvo. – ¡Cristo! – exclamó Mavranos poniéndose una mano sobre el pecho-. ¡Menuda colección de busca-aceras! ¿Qué le ocurre, amigo? ¿Teme que se le rayen los tapacubos al aparcar su monopatín?
Crane acababa de darse cuenta de que la cabeza terminada en una barba canosa del hombre estaba echada hacia atrás y alzada hacia el cielo, y de que llevaba gafas de sol.
–Tranquilo, Arky -dijo en voz baja mientras ponía una mano sobre el brazo de Mavranos-. Creo que es ciego. – ¿Ciego? – chilló Mavranos, quien estaba claro no había superado la irritación producida por el susto que acababa de llevarse-. ¿Me has hecho recorrer toda esta distancia para consultar a un echador de cartas ciego?
Crane se acordó de la otra persona que había dentro de la caravana.
–No creo que sea él -dijo -. Disculpe, señor -siguió diciendo en voz más alta mientras su corazón continuaba latiendo a toda velocidad a causa del susto que le había dado la repentina aparición de aquel hombre que parecía un insecto lleno de patas-, somos…
–Soy "Araña" Joe -dijo el hombre hablando en voz muy alta para hacerse oír por encima de las risitas que había empezado a soltar Mavranos-. Y estoy ciego.
El rostro visible sobre su descuidada barba estaba oscurecido por el sol y repleto de profundas arrugas, y el sucio mono de trabajo que vestía le daba el aspecto de un mecánico que estuviera pasando por una época difícil.
–Yo… -murmuró Crane-. Me dijeron que usted podía…, eh…, que podía leer las cartas del tarot.
Las carcajadas de Mavranos habían alcanzado tal intensidad que le hacían temblar, y le habían obligado a doblarse por la cintura abrazándose las rodillas. – ¡Te han tomado el pelo, Pogo! – jadeó.
–Leo las cartas del tarot cuando me parece que he de hacerlo -dijo el hombre con voz impasible-. Entren.
"Joshua sabía unas cuantas cosas sobre las cartas -se recordó Crane mientras se encogía de hombros y daba un paso hacia adelante-, y su terror de aquel día no era fingido." -Vamos, Arky -dijo.
"Araña" Joe movió un delgado brazo señalando la puerta.
–Les seguiré.
Mavranos seguía soltando risitas que sonaban un poco más forzadas. Él y Crane volvieron a subir al porche y cruzaron el umbral de la puerta de rejilla. El interior de la caravana olía a libros viejos y semillas de comino.
La persona sentada en la silla era una anciana que sonrió y asintió al verles, después de lo cual movió la cabeza señalando un sofá pegado a la pared de enfrente. Crane y Mavranos pasaron junto a una mesita de madera para llegar hasta él -Crane se tambaleó al sentir que el suelo alfombrado se hundía debajo de sus pies-, y se sentaron.
La silueta de "Araña" Joe apareció en el umbral y entró en la caravana acompañada por un estrepitoso coro de chirridos, arañazos y crujidos de los alambres que la envolvían.
Crane vio que el descolorido papel de pared de la pequeña habitación estaba lleno de señales y desgarrones. La tapicería del sofá estaba cubierta de pelusas, y todos los estantes habían sido colocados a gran altura para quedar fuera del alcance de las antenas de "Araña" Joe.
–Moco -dijo "Araña" Joe.
Crane le miró.
–Quizá podrías hacer café para estos dos hombres -siguió diciendo
"Araña" Joe.
La anciana asintió, se puso en pie y salió presurosamente de la habitación sin dejar de sonreír. Crane comprendió que debía de llamarse Moco y, a pesar de todo, no se atrevió a mirar a Mavranos por miedo a que los dos sucumbieran a la histeria nerviosa y cayeran del sofá presas de un incontenible ataque de risa.
–Eh… -dijo haciendo todo lo posible para que su voz sonara firme y calmada-.
Señor…
–Me llaman "Araña" Joe -dijo el hombre de la barba canosa. Se había quedado inmóvil en el centro de la habitación con los brazos cruzados delante del pecho-. ¿Qué pasa, quería hacerme un cheque? No acepto cheques. Espero que haya traído dos dólares de plata.
–Claro, yo sólo…
–Antes ella y yo teníamos nombres distintos, pero dejamos de utilizarlos hace mucho tiempo. Los nombres con los que se nos conoce ahora son los que usa la gente de Indian Springs cuando vamos de compras.
–Son unos nombres un poco raros -observó Mavranos.
–Son una humillación -dijo "Araña" Joe.
Parecía estar expresando una verdad, no quejándose.
–Me estaba preguntando… -dijo Crane-. Si es ciego, ¿cómo lee las cartas?
–Nadie debería leer las cartas del tarot a menos que fuese ciego-dijo
"Araña" Joe -.
Un cirujano no utiliza un escalpelo que tenga una segunda hoja en vez de empuñadura, ¿verdad? Mierda.
Giró sobre sí mismo haciendo mucho ruido, y alzó una mano morena hacia un estante en el que había unas cuantas cajas de madera colocadas como si fuesen libros. Deslizó los dedos sobre las caras de delante y acabó escogiendo una.
Después se sentó delante de la mesa con las piernas cruzadas-sus antenas oscilaron y chasquearon al engancharse en la desgastada alfombra que cubría el suelo- y puso la caja sobre la mesa.
–Ésta es la baraja que utilizo con más frecuencia -dijo mientras levantaba la tapa y quitaba la tela que envolvía las cartas-. Utilizar cualquier baraja de tarot siempre supone correr un cierto peligro, y esta configuración es particularmente potente…, es todo un peso pesado del mundo de las cartas, pero ya me he dado cuenta de que estáis francamente jodidos así que… Bueno, qué demonios.
Crane recorrió la habitación con la mirada fijándose especialmente en las manchas de comida que había en la alfombra y el montón de maltrechos ejemplares de la revista Mundo femenino apilado sobre una mesa, y se acordó del gabinete elegantemente amueblado e impregnado de atmósfera mística de Joshua. "Bueno -pensó Crane -, si tu materia prima es de alta calidad quizá no necesitas adornarla…"
El ciego hizo caer las cartas boca abajo y puso la caja a un lado.
Después dio la vuelta a las cartas con un barrido de sus manos que indicaba una considerable práctica y las desplegó.
Crane se relajó al ver que no era la baraja que había utilizado su auténtico padre, pero a pesar de la penumbra pudo reconocer el estilo mórbido y opulento de aquellos dibujos hechos con trazos elegantes y delicados.
–He visto esta baraja -dijo-, o parte de ella.
"Araña" Joe se echó hacia atrás y dos de sus antenas se soltaron de la alfombra en la que se habían enganchado y oscilaron en el aire. – ¿De veras? ¿Dónde?
–Bueno… -Crane dejó escapar una risita nerviosa. "La última vez que la vi fue en una partida de póquer de cinco cartas en el Horseshoe", pensó -. El dos de copas es el rostro de un querubín atravesado por dos varillas metálicas, ¿verdad?
"Araña" Joe dejó escapar el aire de sus pulmones con un ruido sibilante.
– ¿Eres…, eres sacerdote católico o algo así?
Mavranos intentó reírse, pero la carcajada murió antes de nacer.
–No -dijo Crane -. Soy jugador de póquer, si es que puede decirse que sea algo, claro… Todo esto es muy raro, así que voy a contarle la verdad…
El único tipo de contacto que he tenido con estas cartas ha sido en alucinaciones, y las he visto en sueños.
–Estás hablando de una variación de la baraja Sola Busca -dijo "Araña"
Joe con voz pensativa-, una de la que incluso yo apenas he oído hablar.
Nunca la he visto, y se supone que el único ejemplo conocido se encuentra en una cripta del Vaticano que siempre está cerrada con llave. Ni siquiera los eruditos con las mejores credenciales académicas pueden obtener permiso para verlas, y se sabe que existe sólo gracias a una carta de un tal Paulinus da Castelletto escrita en 1512.
La anciana conocida como Moco volvió a entrar en la habitación trayendo consigo una bandeja y haciendo un considerable ruido de cucharas y tazas. Moco se inclinó y la dejó cautelosamente sobre la alfombra al lado de la mesa. – ¿Leche o azúcar? – preguntó "Araña" Joe.
–Solo -dijo Mavranos.
Crane asintió, y Moco les entregó dos tazas llenas de café humeante.
Después echó tres terrones de azúcar en cada una de las dos tazas restantes y le ofreció una a "Araña"
Joe.
–Mi baraja es el mazo Sola Busca estándar, pero servirá. Es una reproducción de una baraja que era propiedad de una familia milanesa llamada Sola Busca…, por cierto, eso quiere decir "la única partida de caza". Los Sola Busca permitieron que la baraja fuese fotografiada en 1934, y tanto la familia como las cartas originales desaparecieron poco después.
Mavranos tomó un sorbo de café, se inclinó hacia adelante y alargó una mano para acariciar el canto de una de las cartas. – ¡Están marcadas! –
exclamó-. Aunque supongo que debería decir "brailleadas"…
Crane bajó la mirada hacia las cartas, y se dio cuenta de que cada una de ellas tenía por lo menos un agujero en algún lugar. Era como si hubieran sido clavadas con chinchetas, desclavadas y vueltas a clavar en una sucesión de paredes y en toda clase de posiciones.
–Sí, así es como las leo -dijo "Araña" Joe-, pero el que cada carta de una baraja de tarot potente tenga por lo menos un agujero en ella también es una especie de medida de seguridad. Todas las barajas de los siglos quince y dieciséis realmente cargadas tienen agujeros en las cartas.
–Caray -dijo Mavranos-, eso me recuerda a la estaca atravesando el corazón de un vampiro o las balas de plata para un licántropo.
"Araña" Joe sonrió por primera vez desde que le habían conocido.
–Me gusta eso. Sí, supongo que funciona de una forma parecida, pero sólo en…, en la cabeza del espectador. Si no hay nadie…, si no hay ningún ser humano que las esté contemplando las cartas no son más que rectángulos de cartón. Lo que tiene verdadera potencia es aquello en lo que se convierten cuando entran en tu cabeza a través de los ojos, y unos cuantos agujeros abiertos en ellas constituyen una violación topográfica lo bastante seria como para reducir su poder. Es como el equipo anticontaminación en los motores de los coches modernos. – Se meció lentamente hacia adelante y hacia atrás y sus antenas oscilaron en el aire-.
Poneos los dólares de plata sobre los ojos durante un momento y pasádmelos.
Crane alzó las dos monedas hacia sus ojos y permitió que el canto de una rozara la superficie de su ojo de plástico para que le diera suerte.
Después se las pasó a Mavranos, quien las puso sobre sus párpados cerrados durante unos momentos y acabó colocándolas sobre la mesa de fórmica con un leve tintineo metálico.
"Araña" Joe las encontró y se las puso detrás de los cristales de sus gafas de sol.
Después golpeó la mesa con los cantos de las cartas para cuadrar el mazo y lo deslizó hacia Crane boca abajo.
–Baraja.
Crane barajó el mazo siete veces, aunque cada vez le resultaba más difícil deslizar las cartas hasta formar un bloque porque los agujeros se enganchaban en los cantos.
"Araña" Joe alargó una mano, la movió hasta encontrar la baraja y la llevó hasta su lado de la mesa. – ¿Cómo te llamas?
–Scott Crane. – ¿Y cuál es tu pregunta?
Crane extendió las manos con una mueca de cansancio, y un instante después se dio cuenta de que su anfitrión no podía ver el gesto. – ¿Cómo puedo conseguir el empleo de mi padre? – preguntó.
"Araña" Joe movió la cabeza a un lado y a otro como si estuviera contemplando la mísera sala de estar de su caravana.
–Eh… Supongo que sabes que estás metido en un lío bastante serio,
¿no? Es algo relacionado con una partida que debiste de jugar en Lago Mead hace veinte años… -Sonrió y dejó al descubierto unos dientes amarillentos y desiguales-. Quiero decir que…
Bueno, ¿ésa es tu pregunta? ¿Es algo que tiene que ver con tu papá?
Crane le devolvió la sonrisa aun sabiendo que no podía verla.
–Aja.
Moco emitió una especie de ronroneo gutural desde lo más profundo de su garganta, y Crane supuso que era muda.
–Mira, chico -dijo "Araña" Joe con repentina irritación-, estoy aquí para ayudarte.
No estoy aquí para hacer ninguna otra cosa, ¿entiendes? Creo que hay muchas probabilidades de que estés muerto y de que seas un hombre expulsado, pero es posible que aún puedas hacer algo para evitarlo.
Pregúntale eso a las cartas, no les preguntes por un maldito empleo…
–Es mi padre -dijo Crane -. Quiero su empleo. Veamos qué dicen las cartas.
–Vamos, empiece a poner las cartas sobre la mesa -le dijo Mavranos a
"Araña"