Querida hija

Germán Gullón · Capítulo 9 de 33

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Querida hija

Capítulo 9

paso le regalabas unos cromos de la liga, y ya no más. Lo jorobado es que

pasan los domingos, y llega y no aguantas, porque delante de ti se extiende

una enorme alfombra de silencio, y que por mucho que corres intentando

despertar a la gente, que te hagan caso, decir esto no puede seguir así, nadie

escucha, porque caminas por una alfombra, y tus pisadas no las escucha

nadie, ni tu hijo, ni tu ex, ni las instituciones. Te conviertes en un rehén del

silencio, que cuando se rompe te hace concebir esperanzas.

Lo angustioso del mundo moderno es que con comunicación a tope,

teléfono junto a la cabecera, cartas, faxes, internet, correo electrónico, el

silencio sigue siendo uno de los aliados; de hecho, uno de los principales

aliados del terrorismo en todas sus formas, en la de las bandas armadas y en la

de las bandas familiares. Líbrame de esto, que conversemos, aunque sea poco

y mal, aunque peleemos; quién decidió que las relaciones deben resultar

perfectas. Dejémonos de ilusiones, tratémonos a patadas, pero hagámoslo.

Hablo con la lengua llena de rencor, y mi antiguo humor se emborracha todas

las noches con los restos del naufragio. El silencio me muerde el alma y la

siento dolorida de tantos picotazos de bocas cerradas.

Tu Padre que te reconoce en una vieja foto.

 

9

 

El rimero de hojas en cuya primera se redacta la siguiente carta está perfectamente cuadrado. Antes de que los primeros jinetes negros cabalgasen por la página, el hombre calculaba el alcance de la apertura. Unas flores a punto de marchitarse colocadas en el medio de la mesa parecen orlar la escena con la menor sensualidad posible, y contribuyen a restar al espacio la escasa vitalidad que le queda. Unas fotos esparcidas por la camilla muestran caras sonrientes, que conforman con las flores un contraste sin posibilidad de unirse en un sinestésico abrazo.

 

15 de marzo de 1993

 

Espina y cruz:

 

Déjate de majaderías. El niño cumple los catorce meses y le cubres de

basurillas. Los lazos de sangre existen, aunque me temo que la fisiología y los

sentimientos se relacionan en la mente humana y no en la realidad cotidiana.

Mis adentros claman por conseguir una reunión de los hermanos en el futuro, a pesar de los pesares, de las distancias, de la edad, de los conflictos. Ojalá

reconozcáis el lazo.

Sí, el sermón prosigue. Hoy un humor especial mueve la pluma; un

martinico me ronda las entrañas y pide que las cosas encajen. Te libras por

estar lejos, porque incluso un pescozón andaría rondando la cabecita de la

muñeca, pidiendo atención, niña, las cosas deben ser como yo digo. El mundo

nunca fue amable, ni siquiera para los privilegiados, los poderosos del dinero

o de las influencias. Por ende, la familia, los lazos, devienen imprescindibles.

Los miembros de la familia con los que se comparte un cuadro genético

parecen ideales para llevar a cabo esa compenetración, que la vida familiar, la

socialización de los diversos miembros de un clan ha homogeneizado. Vale.

Ahorro mis fuerzas, porque sé que escuchas sin prestar demasiada

atención. Te arrepentirás.