Querida hija
Capítulo 21
abordaban el día a día. Enlata las mamarrachadas y no pierdas otro cable.
Hija, cuándo dejarás de decir absurdos que fríen a tu Padre. Aparte de errar.
Tu récord es pavorosamente malo. Cada cosa que me reprochas, nada, te sale
el disparo por la culata, como el de la religión, o el impacto se incrusta lejos
de la diana. Qué patochada, a estas alturas del siglo XX, plantear la cuestión de
la religión en términos preconciliares.
Comería a Mamá con patatas fritas; después de tantos años descubro en
ella un talento desconocido: el de meter cizaña. La inocente falta de cautela a
la hora de relacionarme con ella me sirvió para que jugase conmigo a su
antojo. La juzgué mejor de lo que era, ¡qué pena! Los celos, la rabia, las
pasiones, lo que yace hondo en el corazón, en el alma, en la conciencia, o
como quiera que se llame esa invención, con la que aludimos al hueco donde
resuenan los pensamientos y lo que sentimos, parece que cuando emponzoña
lo de abajo, a lo que nunca baña el sol, que es imposible de limpiar. Siento
escalofríos al pensar en la capacidad de destrucción, de distorsión, de las
pasiones encendidas. Ella, que fue una mujer radiante, vivaz, una hija única,
mimada y lista. Nunca suspendió ni una en junio; y en Económicas las buenas
notas se repartían con cuentagotas. Los años iniciales del matrimonio, la vida
en común, fueron felices sin estridencias. Al romper esa tranquilidad no
permanecí indiferente. Hasta hoy que hablé contigo por teléfono, y cuando
escuchaba ese respirar emocionado, tus palabras dichas con premura, con
fuego rencoroso, jamás discerní lo afiladas que permanecen las garras del
desengaño.
Dios la hizo buena con lo del barro, y nosotros redondeamos la labor
creadora pensando que cabía esculpir el alma humana. Voy a dejar que
patalee la rabia apurando unas copas de güisqui, hasta que encuentre el fondo
del vaso. Hace años consideré el daño que hacía a tu Madre, y lo sopesé con
las posibilidades de su futuro, brillante, como ha sido, desde el punto de vista
profesional. De la parte humana dejé que el tiempo se ocupara de ella. Los
meses, los años, pasaron apozando el sentimiento, sin que yo notara sus
arrebatos. Esto resulta un horror.
Resistiré una noche de insomnio, una de las muchas que aún tengo que
sufrir tras media docena de años de intentar enhebrar nuestras vidas. Los
desgarrones emotivos arrancaron la mitad de mi alma hace tiempo, por eso
soporto con estoicidad relativa cuanta basura parece llegarme remitida del
pozo de las miserias humanas. Llevo demasiados años mutilando el corazón
para dejarme afectar por lo que supuse mejor de lo que era.
Como no me queda otro remedio que seguir contemporizando, recibe un
cartucho de besos medio vacío de, tu Padre.
21
La tercera sinfonía de Beethoven suena en el estéreo, y aunque nadie la escuche, ayuda a tender una nube de negror por toda la habitación. El que escribe levanta la vista del papel un momento, y se distrae con una reproducción de loan Miró que hay en la pared a su derecha, y se le ocurre la bobada de que al niño que mira la luna se le va a caer una escalera encima.
13 de septiembre de 1994
Añorada damita misteriosa:
Acudo a la cita maquillado, con una sonrisa sobrepuesta, pintada en la
cara. Albricias por la carta, y sobre todo por los planes anunciados de venirte
por Madrid. Sabes dónde tienes fonda; si prefieres ir a la de tu Prima, de
acuerdo. ¿Algún argumento te convencería para aceptar posada en un
aparente piso de la calle Juan Bravo? En cualquier caso, cuidado con oler el
pegamento, seguro que la Prima te ofrece. Vendrás a casa a comer, tanto mi
Mujer como mi Hijo, tu Hermano, están ilusionados con la visita. El niño
pintó el barco adjunto e indicó que era para que vinieses con comodidad.
Detecté en tus palabras el nerviosismo inherente a los años de finales de
carrera, un ritual jorobado, lo viví. Ojalá te pudiera ayudar, pero ni sé de qué
van los tiros. Me alegra lo de que pases un par de semanas trabajando para
una Compañía de Carburantes, con la posibilidad de que cuando termines te
manden a Sacramento (California) para seis meses de entrenamiento. Suena
fabuloso, ¡menuda oportunidad!
Conozco California bastante bien, pues pasé, como sabes, seis meses de
visitante en Santa Bárbara. Lugar precioso donde los haya. Lo bueno de
Norteamérica es la experiencia que provee; los extranjeros experimentamos lo
mejor, los avances tecnológicos y el buen clima de trabajo. No lo dudes por
un segundo, el que a mí no me gustase la vida diaria en USA nada tiene que
ver con la experiencia profesional. No me satisfacen aquellas costumbres
porque me aburre ir de compras, el mercar cinco cepillos de dientes por el
precio de dos cuando necesito uno. Mi Mujer lo disfrutó una burrada, por la comodidad de la vida, con supermercados como plazas de toros, abiertos día y
noche, donde venden lo que se te antoje. Le chiflaba vivir en ese gran Pryca
que supone la vida en USA.
Las empresas serán semejantes a las universidades, llenas de
oportunidades financiadas con abundante plata para aprender, o sea, lo que
digo, que estarás a gusto. ¿Y tu Novio? ¿Qué va a hacer mientras tú residas en
las Américas? Tan americano el muchacho, si no te acompaña morirá de
envidia y de morriña. Bueno, le contarás de palabra.
A lo de pasarte una semanita en Galicia con Mamá vacacionándoos, hurra,
hurra, y hurra. Santiago de Compostela, vaya urbe, maravilla del universo.
Llevad calzado cómodo y ropa holgada, lo uno para andar bien, lo otro para
desceñiros tras las comilonas. Añoro unos meses que enseñé allí, por la
gentileza y sencillez de las gentes, por su mucha personalidad regional. En
Galicia me siento acogido en una diferencia cultural que es la mía y que no lo
es. ¡Gustirrín galego! Por cierto, la universidad es de lo mejorcito que
tenemos en el país, el actual rector ha conseguido que su institución destaque
frente a muchas, la ha puesto a nivel europeo y mundial. Los compañeros que
conozco de filología, español, gallego, e inglés, son igualmente de primer
orden. Si veis anunciada conferencia o similar, id, será buena. La ciudad
comparte duende con Salamanca, Bologna, y Granada; la Historia habita en
sus edificios, no para petrificarse adocenada, sino para decirnos que allí sigue
de testigo, e indicarnos que el futuro no puede ser inferior al pasado.
Salivo al pensar en el manduque y el bebuque galego. Dile a tu Madre que
te invite en un restaurante, se me escapa el nombre, termina en os, situado en
una calle antigua con unos arcos, que empieza a la vera de la catedral y
termina en una plazuela con fuente en medio, a dos pasos del conocido café
donde se sentaba don Ramón del Valle-Inclán. Preguntad en el hotel, ellos
sabrán. Allí se come el mejor marisco del mundo. Hace un par de meses
estuve precisamente en una tesis sobre la Pardo Bazán, espléndida, sí, la tesis
y la condesa, dirigida por un Amigo Catedrático. Tras la defensa, que nos
dejó a todos los miembros del tribunal eufóricos, por la calidad, la nueva
doctora invitó a almorzar al sitio de marras, donde comimos gambas y
percebes hasta saciarnos. Cuando pensábamos glotones en el postre, la
comida empezaba, y sin mayores protocolos trajeron un bogavante al horno a
cada uno. Terminado el cual preguntaron si deseábamos algo de carne; un
colega, bajito por cierto, de Barcelona, aún se arreó un chuletón. Estómago,
además de cráneo, privilegiado donde lo encuentres.
Por fortuna, un Colega Amigo de Santiago me rescató a las seis de la
tarde, porque de lo contrario seguiría en la celebración. El albariños con que
riegan el marisco se queda contigo acariciándote, y lo mismo que con las
caricias humanas, nunca te sacias.
Los viajes con tu Madre me parecen fundamentales, porque mantienes
vivos el contacto y los lazos de cariño. Recuerda la cantidad de años que
pasasteis juntas, el amor que te brindó. Llega la hora de devolver algo de las
entregas de amor. Me cuesta entender que no te parezca bien ir con tu Madre
y su Compañero. Él, a quien conozco años ha, es una bella persona,
inteligente, y que estoy seguro disfrutará de tu compañía. Entiendo que
quieras ir de pareja con Mamá; ella en cambio posiblemente prefiere
compartirte. Reflexiona una pizca sobre las necesidades de tus Padres. Lo mío
sé que te parece y pareció la traición de Judas, el abandono del seno familiar,
pero eso no lo puedes decir de Mamá. Ella permaneció a tu lado desde la
rotura, y cada vez que hablo de ti con ella sale a cada dos palabras con la
cantata de la nena esto y lo de más allá. Tú eres su vida y principal
preocupación.
Por otro lado, me convencí de que una parte sustancial de la animosidad
que me guardas proviene de comentarios realizados por tu Madre. Lo explayé
en una carta, a la que contestaste con una venenosa llamada, menos mal que
me cogiste preparado, y como los calamares echan su tinta, yo tenía listo el
antídoto, y funcionó con normalidad. Aprende a discernir entre lo que
aconseja el coraje y lo que dice la sensatez. Es mucho pedirte, pero tengo el
derecho a demandártelo.
Mamá ha solucionado a estas alturas su problema sentimental de manera
satisfactoria, pues el pretendiente al trono vacante en su corazón es un
aspirante digno, con el que comparte profesión. Debía pasar la página, en la
que figura su ex y todo lo relacionado conmigo. Sin embargo, nada. Tú y ella
seguís congeladas en las mismas actitudes adoptadas cuando decidisteis
meterme en la nevera, en lo que al menda se refiere. Allá vosotras. Nadie que
yo conozca respeta semejante actitud, ni vosotras mismas, pues os cuidáis
cuando habláis con los Primos, con mi Hermana y su marido, de poneros la
careta de las personas razonables. Hacéis como si os llevaseis a partir un
piñón conmigo. Da pena, pero es una actitud cínica al sumo.
Lo digo y repetiré un millón de veces. El daño que infligís con una
postura tan irracional e insensata resulta enorme. Los sentimientos, incluidos
los paternos, por fuertes que sean, por naturales que resulten, a duras penas
sobrevivirán esa inaudita frialdad. A Mamá la pensaba cada vez más cercana a mí, que había dado el giro necesario, por el paso del tiempo y por la
situación, a punto de contraer matrimonio. A ti, que pasas del calor al frío,
aunque el templado es la temperatura máxima que registra el termómetro del
trato conmigo, creía que, solucionado el problema materno, te volverías hacia
mí con ojos distintos. En cambio, lo que me encuentro es: una mujer que me
ha estado sonriendo y mintiendo, y que sigue deseando vengarse de mi
persona, que obviamente odia mi vida actual; y una hija que jamás supo
mantener en su corazón el cariño inspirado por el padre que vivió hartos años
dedicado a la criatura.
En cualquier caso, acepto el destino. Digo generoso: os perdono porque
no sabéis lo que hacéis. Pasé suficientes años de la vida, una docena larga con
vosotras, para que tire nuestros lazos por la borda como un lastre. Ese perdón
se acerca a la indiferencia, y a mirar con la sonrisa de un cariño prevenido a tu
Madre. A ti, te quiero, aunque intuyo que cambiaste; sigo queriendo a una
niña que quizás dejó de existir.
Guarda tus impulsos crudos; incluso las niñas de los ojos de los papás y
las mamás que parece que vestirán el traje de piqué la vida entera se manchan
con barro. Leo en el interlineado velados reproches a tu Madre, no
verbalizados, pero que los hechos, tu actitud, avalan. Tanto tu Madre como yo
somos seres humanos, necesitados de cariño. Lo que me pregunto es de dónde
salió tan tremenda intransigencia. Temo que viene de mi obsesión por hacer
una familia, que luego yo mismo vine a desunir. Tú pareces haber trasladado
mi obsesión por la Familia a otros terrenos.
Los psicólogos de hoy día solucionan los enredos familiares cargando el
muerto al incesto. El tópico clínico insiste en que los padres abusan de las
hijas de maneras variadas, y la sexual, detestable, asquerosa, dudo que
estadísticamente sea la de mayor frecuencia. Nadie del Apellido se desvió por
ese camino. Por fortuna no padecemos flaquezas de tal naturaleza, lo que en
este caso concreto quiere decir que seguimos las normas de la mayoría.
Opino, y la prédica es una de mis clásicas, que debe acudirse a los psiquiatras
o psicólogos en casos extremos. El gasto del desfogue diario, los nervios
banales, las preocupaciones cotidianas, basta con hablarlas con los allegados
o amigos. Hablar de lo que inquieta nivela y ayuda a poner los asuntos del
coco en orden. El acudir por nimiedades al psicólogo es levantar los brazos en
alto y decir me rindo. El ejercicio de comunicar es difícil, sin duda, pero no
tanto que sea imposible. Contigo resulta complicado intercambiar. Callas, y
todo lo tengo que interpretar por las acciones, el silencio, las palabras a medias. Lo único de que me quieres hablar es de los estudios. Sobre ellos sí te