Querida hija
Capítulo 16
mares, y que la idea del concierto había salido de este forofo del julio. Tales
fueron los excesos imaginativos que dejaron en la madre un recuerdo
imborrable. Aguanté la rociada encajado en la silla de la agencia, un poco
rojo, y no de ira. Me dolía que los clientes, que no me quitaban ojo, me
identificaran con un fan del Sinatra de Miami. De hoy en adelante encargaré
los billetes por teléfono y que me los recojan en casa. Cuando la Flor te
escriba, dile que me alegra que lleve a los estudios la imaginación caliente
para lo que la echen.
16
Rumbas que escuchamos con anterioridad; el volumen está demasiado alto, suficiente para volver loco a cualquiera. Al llegar al segundo párrafo un manotazo apagará la radio. Acto seguido, el hombre pasará largo rato mirando a un cuadro que tiene frente por frente, un paisaje marino. Al contemplarlo achica los ojos hasta que desaparecen las figuras y quedan manchas de colores, unos azules superpuestos. Con los ojos medio abiertos gira la cabeza, viendo cómo el poco de luz que deja penetrar cambia las formas. Hace años descubrió que lo importante en un cuadro moderno no es la perspectiva, como en la pintura clásica, sino la manera en que se superponen los colores. Esto le explicó mucho de la pintura y de la vida. Se fija menos en los perfiles exactos y repara con atención en los contornos que se disuelven en lo otro.
12 de julio de 1994
Mi crema catalana:
Hola, rica. Se acerca la bendita hora de salir para Marbella tras una dura
campaña escolar y de varios cursos de verano. Agosto queda reservado a la
familiuca. Es una pena que no te decidieses a aceptar la mesa, el mantel y el
catre del trío de la bencina, aunque me imagino que lo estarás pasando bien
con los Tíos en Pals. Escribo a la dirección que me diste, aunque no sé cuándo
te llegará porque desconozco el distrito postal. Volvemos al apartamento de
costumbre, cercano al chalet que tenían los Abuelos.
Ayer ordené los papeles para llevar algún trabajo a la Costa del Sol. Este
año me prometo hacer lo previsto, pero como en mis cuarenta y cinco años
nunca lo conseguí, no me da estrés el pensar que no lo lograré un verano más.
Mi costilla se guasea y dice que el coche va mejor con menos libros, que me conforme con los que adquiera en Málaga. Sabes que al cabo de tres o cuatro
días en la playa, cuando tengo la carne cocinadita al punto, encuentro la
excusa de que necesito tal y cual publicación y me largo medio día a la fenicia
Málaga. Yo creo que es un hábito heredado del Abuelo. Voy incluso al mismo
café donde iba con él a tomarme una cañita y unas aceitunas; no es lo mismo
tomar el aperitivo solo que con los recuerdos de compañía.
Hay otra novedad digna de nota. Merqué un traje de baño tipo braguita. El
primero en toda mi vida. De joven nunca me atreví, pensaba que la gente
notaría el empalme producido por las tías buenas. Lo cual era cierto, e incluso
llegó a notárseme con el meyba normal. Mi Mujer dice que estoy sexy, como
mi Hijo, que desde bebé los gasta de ese tipo. Por si las moscas llevo el
meyba de costumbre, ése del que te reías porque me llegaba hasta la rodilla.
¿A qué carta me quedo, al rompehuevos o a los calzoncillos de rodilla? Es
que los normales de a media pierna desaparecieron de los grandes almacenes.
Sorprende que el Novio de la cremita catalana «odie» Andalucía, y que
todo le parezca sucio y retrasado. Se equivoca de medio a medio. A mí, en
cuanto llego al sur y empiezo a escuchar el andaluz, se me abre la compuerta
de la vida. Los tipos y las tipas hablan con un decir sentencioso, preciso, rico
en matices, propio de faraones y faraonesas.
El amigo Pintor de Tarifa, artista responsable de los pájaros que colgaban
en el hall del piso de Ortega y Gasset, un día me comunicó que se mudaba de
casa, pero que no necesitaba decirme más que era una dirección predestinada,
calle Preciosas, 2. Recuerda, decía, a mi mujer y a mi hija y sabrás dónde
vivo: Preciosas, 2. Al decirlo me miraba con unos ojazos verdes, moros,
desafiándome a que le respondiese algo así como apúntalo, anda, déjate de
bobadas, pero supe que nunca me podría olvidar de su dirección postal,
porque en el brillo de sus pupilas se reflejaba la belleza de su mujer y de su
hija; de tanto contemplarlas encandilado se le habían pegado a la pupila un
poquillo. Te lo juro, no te rías que no son locuras de Papá. ¿A quién has
salido, nena?
Apenas encuentro a nadie en la Familia que sea tan poco dado a lo
extraño, a aceptar que la vida se escapa a todas las reglas, desde las de la
multiplicación hasta las de la gramática, que tú. Eres todo reglas; si no las
sabes no entiendes cómo comer el asunto; si las conoces las aplicas con un
rigor germánico. Y la Abuela, aunque no lo creas, se enamoró del Abuelo
precisamente porque sabía decir cosas que se salían de lo normal, quiero decir
que leía el aura de la gente sin darse cuenta.
El Noviacho parece un chico emprendedor por lo que cuentas. El que
administre la docena de apartamentos del Padre, el prohombre de las naciones
catalana y española, en Tossa de Mar, me parece una decisión estupenda. Y el
que, como cuentas, con no sé qué programa de ordenador sea capaz de saber
cuándo hay que pintar tal habitación o ventana, me suena a yanquicosa. Yo
pinto cuando mi Mujer lo dice, que suele ser cuando las paredes de la
habitación hace años dejaron de reflejar la luz, y la pintura empieza a enseñar
la capa anterior. Oye, ¿y el programita recoge la basura de los inquilinos? Es
broma.
Lo de las notas no debe preocuparte; estudiantes de primera, de tu talla, se
cuentan en cada curso con los dedos de una mano. Incapaz de comentar lo que
dices contemplo abobado. A los ingenieros industriales debemos echaros de
comer aparte, y los profesores de literatura, tenlo presente, apenas sabemos
llevar la cuchara a la boca sin derramar la sopa. De ordenadores sí sé, pues
desde hace casi veinte años vengo lidiando con ellos. Lo de internet tiene para
mí menos interés que para vosotros, porque no encuentro todavía nada que me
sea útil, o mejor dicho, la relación entre el interés de lo que encuentro y la
inversión de tiempo no cuadran. Dime, cuando tengas un rato, qué pasará el
año que viene cuando termines y las asignaturas que tienes, y por favor, no las
pongas en abreviaturas, porque yo, aparte de la resistencia de los materiales y
cosas así, no me entero de qué van.
Por cierto, vi a tu Prima Segunda, tu íntima, con los padres. Coincidimos
con ellos tomando una copa en el Palace. Luce una barriguita tonel de
cerveza; exhibe una rotunda preñez. Mis Primos no sabían dónde meterse, les
abochorna el embarazo de tu Prima, y lo llevan fatal. En el fondo piensan que
la hija es una puta. Eso se decía antes; tu Primita es una pendeja, incapaz de
atender a las señales de su cuerpo, pues que se pasen los meses sin periodo, y
achacar la gordura al pan es demasié. Parece que el ginecólogo les aseguró
que para aborto estaba demasiado adelantada en Spain y en el extrangis, que
lo mejor era apechugar. Reitero que hablaron poco. Lo que sé de la moza es a
través de comentarios tuyos.
La Primita parecía estar fresca como una lechuga. Mi Mujer la enhebró
con ella, y ésta le soltó de buenas a primeras la pregunta de si nosotros
habíamos follado antes del matrimonio, que lo suyo ocurrió porque su futuro
y ella habían follado mucho, y que ella pensó que como sólo el 3 % de los
polvos llevan al embarazo, que por qué regla de tres le tenía que tocar a ella.
Boba, tonta, por la regla que no sabes hacer. Tiene el mismo cerebro de un
personaje de anuncio comercial. Mi Mujer casi le soltó un par de lisuras; los padres, como dije, no sabían dónde ponerse. En fin, que esta niña ha
confundido el que ahora se llega al asunto primordial antes que antes y que
muchos de los siete velos están quitados, con la insensatez de meterte a la
cama con el novio sin tomar precauciones. Mira que no enterarse de que
estaba encinta.
El inri de la cuestión, transmitido por la madre en estricta confidencia,
está en que el novio se hizo pájaro y voló. Mi segunda de a bordo comentó
que mejor e intentó convencerlos de que criasen ellos al bebé, sin mayores
líos, que lo acogieran como a un hijo, y que dejaran a la niña que madurase;
eso sí, asegurándose mediante uno de los medios pasivos de venta en farmacia
que la insensata no vuelva a adquirir estado hasta que pueda mantener
churumbeles. La madre acabó lloriqueando al escuchar los atinados consejos
de mi Mujer, que a fuer de persona sensata sabe que los zapatos apretados
hacen rozadura y que las niñas sin seso viven condenadas a hacer estupideces.
Al tiempo que las madres hacían conciliábulo, la Primita obsequió al padre y
a mí con una murga psicodélica, apenas interrumpida por el clic del
encendedor al prender los infinitos cigarrillos que se fumó. Abordó con
desparpajo un temario alucinante, cubriendo desde la libertad sexual, que
constaba de una pugnaz defensa de la variedad de gustos y perversiones y de
los derechos a drogarse sin restricciones y a costa (los asturianos lo dicen con
expresión inmejorable, a yombu) del erario público. Le gustaría probar, para
que te enteres, una droga que le sube a uno a base de unas hierbas
ecológicamente cultivadas (i.e. eucalipto, ylang-top, y mejorana) en los
Jardines Botánicos del Estado (sic). La redomada cretina encima recitaba la
letanía de gilipuertadas que una idiota del calibre magnum es capaz de
imaginar, ayudada por los programas de la tele.
Nos amargó la tarde. Pensé pasarla en paz con mi Mujer en un lugar
apacible, pues dejamos a nuestro Hijo con una canguro, y mira lo que nos
salió. Por cierto, tu Prima especificó la diferencia en dimensión del pene de
los quince miembros, nunca mejor nombrados, de la Unión Europea, como si
los hubiese probado todos. ¡Qué morro! El papá desencajado chupaba de los
habanos con intención de ahumar el entorno y difuminarse. Aunque pienses lo
contrario, para colmo tu Primita es para echarse a correr de fea, lo único las
piernas. Por cierto, me confió que si acudías a la Costa del Sol que ella se
invitaba. Yo me apresuré a decirle que fuera a Pals, que quizás la Tita la
acogía. Bien dicen que no hay mal que por bien no venga; pude decir la
verdad, que no venías este verano a Marbella, y salvarme de la quema. Último
chisme: antes de cerrar la presente edición de noticias. Cuando estábamos en plena despedida, los padres pensando en arrastrar su vergüenza de vuelta al
piso de la ciudad de los periodistas, donde todo el mundo sabe y comenta el
tema, piensan los padres, el adefesio se largó con la siguiente flor natural: dile
a tu hija que no se preocupe, que nos podemos divertir, que incluso
embarazada y con novio que no tiene inconveniente en irse de copas y tirarse
a un sueco. Punto. No, una gracia adicional: a ella —la estultísima comentó—
le gusta fumarse un porro de cuando en cuando, especialmente después del
coito, porque le sabía divino, y que prefería la vuelta de hoja libanesa.
Chúpate esa que es de frambuesa. Y ahora recuerdo cuando hace tres o cuatro
veranos me decías, voy con la Prima a la playa, y yo tan pancho. ¿Era
entonces así? Por dentro una voz me grita «y la niña es amiga de su Prima», y
me entran sudores. Sois el azúcar y la sal, el aceite y el agua, la inteligencia y
la estupidez. Tampoco entiendo lo que os une.
Entramos en casa con la moral por los suelos, agotados, y sin humor. Para
colmo, nuestro Hijo, a quien recogimos en casa de la canguro hecho unos
zorros, se cayó en la calle, delante del portal, donde había de todo, caca de
perro y de gato, y de Dios sabe qué, y como no nos decidimos a llevarle a que
le pusieran la vacuna del tétanos pasamos la noche en blanco, deshojando la
margarita de si despertarle y llevarle a urgencias o no. Ala ínclita Primita le
dediqué mis mejores recuerdos, a ver si se la folla un buey y la amansa.
Parece mentira que en nuestro entorno familiar haya taradas de semejante
calibre.
Por cierto, el Bar de la calle Peñalver donde compramos los bocadillos de
calamares para cenar, cierra, porque la puñetera hamburguesería de la esquina
de arriba acapara la clientela. La señora de la caja me dijo que el jefe se
jubilaba. Menudo disgusto. Se acabaron los sitios en el barrio para comprar
bocadillos de calamares. Pasa como con los churros, que si los quieres hay
que bajar allá por la calle Serrano, aguantar las colas y, por supuesto, traer a
casa los churros fríos. Ídem con el pan bendito, la panadería de la esquina de
casa desaparece, y ¡la lechería! Suena el sálvese quien pueda; los americanos,
sin Torrejón, han conseguido trastornar los hábitos de los españoles en
general y de los madrileños en particular. Añoro las vaquerías de antaño. Las
deberían resucitar. ¿Dónde estás, Alcalde Profesor? Todo el mundo desayuna
cereal, mi Niña incluida, seguro, nada de pan tostado con mantequilla ni
churros, por el timo del colesterol y de la obesidad. Los médicos se han
americanizado y los pacientes no tienen más remedio que apechugar con las
dietas, porque te amenazan con la muerte, y eso es jugar con dados cargados.