Querida hija

Germán Gullón · Capítulo 14 de 33

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Querida hija

Capítulo 14

Ocasiones de tropezar surgen a diario. Recuerdas que te conté el caso de

la cátedro enana, comunista de salón y estalinista de pasillo, que intentó

avasallar a una asociada. La comisión compuesta de cinco miembros, la

Fidela y moi votamos a favor de la joven con razón, los demás aceptaron el

capricho de la impresentable. Mientras le daba la mano a la joven y abría la

boca para decirle lo siento, quedé paralizado, las excusas se divertían

adhiriéndose al paladar reseco. Ella intuyó las razones de mi ahogo, que

gracias a la irrupción de la Fidela aleonada duró unos segundos. Reaccioné

con valor y le dije, recurra el veredicto, y le dicté unas páginas donde

explicaba las inmundas ligazones de los tres judas del comité con la enana. Al

fin, la cátedro y una ayudanta que difundía versiones apócrifas llenas de

calumnias salieron escaldadas. Hubo justicia y la mísera fue puesta en su

lugar. Todo ocurrió en un momento; si la Fidela deja de venir al despacho

entonces, mis palabras seguirían infectando mi paladar con las que ahorré en

ocasiones parecidas.

Lo que hiciste con las cartas resulta indigno, aunque supongo lo que te

movió a actuar como hiciste. El confiar los afectos propios a personas

distintas a los miembros de tu familia ennoblece el carácter, pues significa

que sabes compartir con otro ser humano. Nobleza de la fina, y quienes la

conocemos la apreciamos. Los amigos, sin embargo, nunca exigen nada que

nos rebaje. Al contrario, ellos desempeñarán la labor innoble, para que tú no

tengas que enlodarte.

Si la familia de tu Novio te exige entrega por protección, eso se llama

hacer chantaje. Acaso vives rehén sin notar que los lazos hechos de sonrisas

mil son cadenas. Me resisto a pensar que te ofrecen verdadera amistad, por lo

que te dijeron. Temo sin poder prevenir. Mi varonil ímpetu, al ver los

desfortunios de la situación me dice rompe, rescata, aunque como no soy el

rey de mi princesa, mi defensa sonaría a algarada de un imprudente.

Ojalá cuando recibas carta mía sientas la ausencia de tu Valedor.

 

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Los trazos con los que redacta la mano son rápidos, quiere llegar cuanto antes a desdoblar un periódico que le espera en el centro de la mesa camilla. El azul del cielo que todavía no quema parece propiciar ese ambiente de todo business.