Querida hija
Capítulo XII
tuvimos nos duraron diez años, como el milquinientos, y lo vendimos sólo
porque estábamos aburridos de las bromas de los conocidos. ¿Pagas
impuestos o estás exento por poseer un vehículo que forma parte del
patrimonio nacional?
Llegará el día en que charlaremos relajados de tus experiencias a corazón
abierto. Cuando ibas a la escuela te enfadabas si tu madre y yo nos
distraíamos durante el reporte diario de tus actividades en el colegio. Hoy hice
sumas y escritura; mi Amiga Fulanita me dijo que la Amiga Futanita tiene
pelos en el trasero, que se los había visto el domingo, porque las bañaron
juntas en casa de unos amigos de los padres de ambas. Que si la Señorita
Cursi dijo a la Compañera Traviesa que la iba a mandar a ver a la Madre
directora, y la nena tan fresca, porque su tío carnal, el hermano de su madre es
el que provee al colegio de medicinas, que se pagan con menos regularidad de
la que se supone en un Colegio de pago.
Un día tú también te callaste, o mejor dicho, hablabas mucho con Mamá.
Es como si yo hablase otro idioma; de hecho, comenzaste a pedirme que te
repitiese cuantas preguntas hacía, porque jamás me atendías. Hablabas con
Madre en exclusiva, dale que te pego; y yo al margen, desde donde rizaba mi
aburrimiento con cabellos que se podía llevar el diablo.
Me voy, y te dejo con estos fragmentos míos, que quizás te ayuden a
hacerte una idea de mi personilla, de mi carácter, de cómo soy, de que no soy
un monstruo ni un pervertido. Tu Padre.
XII
La mano de la mujer que se posa sobre el hombro él la agradece sin palabras, volviendo la cara al papel, soga del ahorcado, que le espera.
6 de junio de 1994
Querida Hija:
Entristecido me dejó la conversación telefónica, el que permitieses leer
mis cartas a tu Novio (¡), y que el niñato se las enseñara a tu futuro Suegro (¡),
a quien conozco por referencias de prensa, y me parece, la expresión resulta dura, si bien le cuadra a la perfección, un bendito meapilas de los que