Querida hija

Germán Gullón · Capítulo 4 de 33

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Querida hija

Capítulo 1991

 

4

 

El bolígrafo gira mil veces entre los dedos nerviosos que escriben las líneas siguientes. Varias hojas aterrizaron en la papelera ligeramente garabateadas. Comienza una hoja decidido con ganas, pero enseguida se desfonda, porque el que lo sostiene relee lo escrito y tira el papel. Hablar de desgana sería exagerado, aunque, sin duda, le resulta arduo decidirse a entrar en harina o salir del apuro.

 

14 de enero de 1991

 

Querida Hija:

 

Te agradezco la llamada y la nota dando las gracias por el regalo de

Reyes. Lo de obsequiar con vil metal fastidia mis mejores deseos, porque

desconozco tus necesidades actuales. Cómprate un chunche duradero, que te

recuerde a tu Padre. No soy tan malo como me pintas.

Por tu silencio deduzco que prefieres que cancele la visita de paz a

Barcelona. Me ilusionaba conocer las habitaciones, cómo es el apartamento

donde te alojas, saludar a tus compañeras de piso, y cosas por el estilo. Se me

antojó beneficioso para las relaciones paternofiliales zambullirme durante tres

días en tu vida cotidiana. Bueno, surgirán oportunidades menos forzadas.

Dime cuánto necesitas para los libros y lo mando presto. Vivo una miaja

agobiado de dinero, quizás tu Madre pueda echar una mano, porque he tenido

que dar un par de millones para pagar un plazo de la hipoteca del piso. Eso

encima de unos gastos de comunidad brutales, pues los vecinos, que parecen

haber adquirido una nueva prosperidad al unísono, decidieron adornar el

portal con mármoles, para hacer la entrada más aparente que no más cómoda.

Justo en el momento menos conveniente; tengo que contribuir sin remedio.

Gajes de un profesor universitario metido en un piso lleno de eurociudadanos, íntimos amigos de Giorgio Armani y Hugo Boss, los primos de Adolfo