Querida hija

Germán Gullón · Capítulo 30 de 33

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Querida hija

Capítulo 30

cuando terminé soltar el trueno: Papá, eres un guarro y me das asco.

Pues Hija, yo del Irlandés no sé nada, bueno, retazos de chismes, porque

tu Amiga largó unas pizcas. Digno de notar que nadie puede estar contigo,

porque quieres tener al celta en exclusiva. El prójimo molesta. Lo que me

recuerda los reproches de cuando acababa de conocer a la costilla y no

aguantabas ni que la mirara, que no era tanto, porque yo siempre estaba

consciente de que quería agradarte a ti, aunque ella a veces me dijera que la

tenía abandonada. Menuda lucha retener el cariño labrado y enamorar a la

advenediza. Quería que fueras mi familia, siguieras siendo un pedazo querido

del alma. Que siempre en la vida, per secula seculorum, mi Hija fuera mi

Hija, a la que podría llamar y ella vendría corriendo, porque su Padre la

llamaba. Confundido estaba; pensé que había establecido una línea, un cordón

umbilical de afectos y tú nada, ni me llamas. Será que no aguantas que te vea

enamorada. Pensarás que la traidora eres tú, la que tanto me había acusado a

mí.

De ello no hay nada. Tu Irlandés, que no será el último hombre de tu vida,

puede formar parte del círculo familiar —en el supuesto de que se conforme

el legítimo—, ser una persona más de ese hipotético corro de afectos que

forman las familias, como tú pasarías a formar parte de la suya. Importante

sobre manera de impedir que los recién llegados rompan los lazos, que

compartan los valores y que se ajusten el conjunto. Estas reflexiones de

pacotilla permanecen válidas.

Altísima Majestad, que te zurzan. Un Señor.

 

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Hay días en que al despertar duele el cuello a causa de una mala postura al dormir. El resto de la jornada transcurre normal, aunque la molestia del cuello resta agilidad, nos inclina a posponer ciertas tareas hasta el día siguiente. Las obligaciones sin embargo las desempeñamos, si bien incómodos.

 

14 de mayo de 1996

 

Extraña en la noche:

Pongo entre paréntesis las bobadas absurdas del quejido verbal. Conserva

la tinta y el tiempo desperdiciados, como dices, en escribirme, si vas a

reñirme. El nene gasta pantalón largo. Menuda sarta de sin sentidos.

Consuela, por otro lado, que el Irlandés alivie el pudor angelical, apunto lo de

que si te ataca por el lado de la sombra, ¡me encanta la expresión!, a nadie le

importa. Lo de que viaja de Londres a Barcelona para visitarte los fines de

semana más que un síntoma de amor indica que el tío dispone de pasta

abundante. Y seguro que traerá regalos del duty free, algún perfume, o una

botella de vino de marca, inglés quizás, para tomar a la luz de las velas.

Lo de que tengas un número de teléfono sin listar es un toque genial; así

imposible molestarte. Supongo que los únicos pelmas somos tu antiguo Novio

y yo. Menuda pareja; esta vez bailo con la fea.

Despierta su señoría de la pesadilla, porque la paciencia se acaba. Ayer

cuando leí tu carta, sabes, empecé a enfriarme por dentro, y casi, casi, la

concluí sin sentir demasiado, como si tú fueses alguien a quien conozco de

pasada, de lejos, y que las gilipolleces que engarzabas, mezcla de rabia

infantil, de persona capturada con las manos en la masa, no me afectaban. Es

como si se las dijeses a alguien ajeno.

El final era de cine; reí a mandíbula batiente. Mándame cincuenta mil

pesetas, si es que todavía sientes la obligación de mantener a tu hija o

veremos qué hago. Vaya, chantaje tenemos, y me pregunto qué oculta la

amenaza. ¿Qué tal te sentaría si dejo de enviar las setenta y cinco mil del ala

de todos los meses? Las consideras aseguradas, como las treinta mil a

comienzos de temporada para la ropa. Ésas ni pensar que deje de

depositártelas en la Caja Postal, pero si olvido de remitir a la cartilla el extra,

el chantaje, entonces veremos qué pasa. ¿Que no me vuelves a escribir?

Menudo castigo, quedo a pre. Desde luego eres una muchacha imposible,

aunque deduzco por los comentarios que con la otra gente te comportas

normal, bueno, menos con el Novio que fue.

Lo del frío comentado llegó a preocuparme, tanto que luego tardé en

conciliar el sueño, y estuve leyendo, tomando cereal, bebiendo agua, yendo a

hacer pis doce veces. Quizás tus estupideces alcanzaron un grado en que

pronto los actos hostiles dejarán de causar efecto. No leas amenazas veladas

de ningún tipo: es la simple y pura realidad. Debe ser lo del lobo, que de tanto

anunciar su llegada uno pierde sensibilidad y cuando de verdad aparece no

nos enteramos. Si algún día decides devolverme el amor filial que vengo

exigiendo lo recibiré pensando y ahora cómo se come esto, porque no sabré

aceptarlo con normalidad; quizás me haya convertido en un témpano. Confío que el deshielo sea posible, porque te juro que poco a poco hay algo en mi

interior que se congela. Tu Hermano, que es la delicia del cariño, parece

haber sido puesto en el mundo para servir de contraste. Él es lo opuesto

justamente. Cuando me ve pensativo corre hacia mí y me da un besazo.

Convéncete, la vida es una especie de juego de contrastes, las cosas son

como son, y las vivimos como podemos. Lo único factible desde mi situación

actual es soportar la cruz de tus desvaríos junto al naciente cariño del nene.

Eres un lastre. Lo peor es que mi amor hacia ti es mental; tengo la sensación

de que te quiero cada vez más con la cabeza y menos con el corazón. Natural,

porque me hurtas tu presencia; mis sentidos apenas sintonizan contigo. Desde

la foto en que estabas en Baja California, en la playa, con el Irlandés, te veo

más que sentirte. El cambio ocurrió por una imagen, la composición hecha

por ti para la cámara, pensando ya casi a quién se la ibas a mandar. Tu Tía, tu

Madre, tu Amiga, tu Prima, todas la tienen, o sea que te encontrabas contenta

con la imagen que proyectabas. El Irlandés, un mocetón, bien distinto del

tirillas con pinta de meapilas del catalán de los apartamentos, y tú guapa, en

un traje de baño de esos que pasados los veinticinco no se gastan, pues hay

cosas que a esa edad no se mantienen solas, y por ende nada de hacerlas

públicas. Te encontrabas mujer. Ya no eras mi Hija de antes, sino una mujer,

en brazos de un hombre. Has encontrado el complemento físico, antes eras

todo mente. La niña que sabe cómo actuar en las situaciones sociales y

además una estupenda estudiante de materias inaccesibles para muchos

caballeros, las de ingeniería industrial, con sus matemáticas y demás, devino

persona con un cuerpo que acompaña a la mente.

Cuando Madre encontró un Compañero cariñoso y atento, que la pasea de

aquí para allá, la hace feliz, tú, por fin, saliste de la cáscara, renunciando al

papel de cenicienta y lanzada a buscar la felicidad. Hasta aquí habías sido

vicaria; mucho movimiento, éxitos de residencia universitaria, de estudios, y

poca vida. El Irlandés te ha llenado la copa; tu Amiga comentó que fuisteis a

comer al Siete Puertas, y que el susodicho no dejaba de cogerte, y que tú feliz,

y que ella no sabía qué había sucedido. Hablamos incluso del famoso

bebedizo amoroso. Claro bebedizo, que te hizo sentirte mujer, y supongo que

será en la cama o en el baño, donde gustéis hacerlo, y fuera de ella. Porque la

cama se termina, quiero decir la intensidad olímpica no permanece a tan alto

nivel al acabarse los juegos propiamente dichos, hay que darle pausa.

Todo ello me hubiera gustado compartirlo. Temo que nadie tiene acceso a

los eventos, ni la adorada Madre, porque en cierta medida también traicionó

el principio de permanecer en los sótanos esperando el timbrazo de la nena, y acudir presto al servicio de cámara de la damita. En fin, a pesar de mis fríos y