Querida hija
Capítulo 32
narices, por no decir algo feo. Me has humillado frente a mi Mujer, has
conseguido humillarla a ella. Odio la víbora que llevas en las entrañas.
Estoy vacío, auténticamente vacío. El depósito donde guardaba las
esencias del amor, mis afectos hacia ti, se desvaneció. Queda un lejano olor.
El depósito propiamente dicho, si quieres volverlo a utilizar, lo tendrás que
llenar tú.
Lo triste de todo esto es que he aprendido algo del ser humano que
desconocía, la capacidad de vivir una perpetua esquizofrenia. Tú sabes
ganarte y mantener el cariño y el amor de muchas personas, de tantos amigos
que tienes, y llevas escupiendo en el mío por casi ocho años. Los que se
enamoran de alguien y son rechazados deben sentirse por un estilo a lo que
siento.
Antiguamente los padres bendecían a los hijos en los momentos
determinantes de la vida, como el de contraer matrimonio. Un servidor ni
siquiera puede presenciar las susodichas conmemoraciones. La función
asignada es soltar el dinero, y ése que no falte y dar las gracias que lo tomen.
Aún tengo la capacidad de quererte, pero mi amor se ha gastado, el
depósito suena a hueco. Se terminó el hacer daño. Decide si o cuándo
devuelves las entregas de amor acumuladas. Ese enigma lo tienes que
despejar tú. Para mí es una incógnita cómo dejaste que llegáramos a tales
extremos. ¿Por qué has cometido este crimen? Lo aceptes o no, asesinaste el
amor paternofilial; queda una cinta que nos une, cuya solidez desconozco, que
por el trenzado deduzco es la capacidad de amarse los padres y los hijos.
Un hombre.
PS: El cuadro del pintor noruego Edvar Munch, El grito, de la postal que
incluyo sirva de expresión visual de mi estado anímico en las ocasiones en
que recibo las arremetidas del monstruo.
32
El calor intenso invita a reposar la comida con una siesta. Una mujer duerme mientras unos cowboys persiguen a unos indios en una película de la tele. El niño se acurruca también traspuesto a sus pies. El hombre se mantiene despierto gracias a un intenso esfuerzo de la voluntad, que a pesar de ser verano y la hora del reposo, le merece la pena.
18 de agosto de 1996
Hija:
Por primera vez en años recibo una carta con tu nombre en el remite sin
contenido integrista. Las palabras ruptura, displicencia, mater dolorosa,
desaparecieron del vocabulario. ¡Gracias, Virgen del Perpetuo Socorro!, y
hasta cierras «Con todo el cariño».
Se sacarán alfombra roja y serpentinas en honor vuestro, si ocurre la
anunciada visita. En la casa alistaremos una litera con sábanas limpias para
vuecencias. Morimos de ansias de veros, de conocer a tu Novio,
especialmente cuando dices que os vais a casar. Salimos mañana de Marbella,
antes de lo pensado, porque aceptamos a la hora postrera regresar a Madrid
vía Almería; Quepena embaucó a la Quinta del Mojito, los vecinos y tus
parientes. (Unos vecinos vienen jaleando con palmas a un nene que anda a
trompasitos, y que se ríe, piden a gritos algo helado pa la sé. Hay dichos,
palabras. Y de nuevo palmas.)
Lo de vernos en el otoño parece atinado. Da gusto con las ingenieras, lo
tenéis todo previsto. Callo la boca, de acuerdo, el predicar los deberes filiales
pasó de moda. Mis sermones, justo es señalarlo, fueron parábolas. Mis
múltiples intentos de convencer se quedaban en sugerir, achuchar una miaja.
Importa poco.
Aquí estamos como el año pasado. Los mismos vecinos, que trastornan
todos los esquemas de vida serena y orden. Marbella o Bellamar como
prefiero antes significaba el veraneo, la paz y el descanso, ahora el desquicie.
Al niño pequeño de los vecinos, que lleva por segundo nombre el mío, soy su
segundo padrino, toma ya, le dan miga de pan mojado en vino, para que le
salgan pelos en el pecho, y el papá añade orgulloso y consiga tías como la
Rocío, su madre. Te chocarás, y el Irlandés pensará en la superioridad de la
raza celta sobre la andalusí. Lo verás rezar en otros altares en cuanto vayamos
de copas con gentes como éstas. El de Almería, recuerdas, llamó a mi Mujer
el primer día. Sabes que se presentó en Madrid a conocernos la primavera
última. Un tío genial, serio y normal. Este año le esclaviza la cadera de la
suegra; el año pasado y el anterior fueron las cataratas. Llama a diario
pidiendo que dejemos Bellamar y acudamos presto a Almería. Él pone el
apartamento para todos, y añade que una pizquilla de compasión salvó
incontables vidas, y mi Mujer lo repite, e insinúa la obligación moral de ir a verlo. Hija, en tu diario puedes escribir: y mi Padre desgració a su segunda
familia, liando a la mujer con otro y él dedicándose a la bebida.
El año entrante verás que no es pa tanto. Estos granadinos nos enseñaron
que no todo el verano lo debemos pasar preocupándonos por lo que no
hacemos, trabajar, y que leer los libros en la época estival es señal de que en
invierno pasas demasiado tiempo con el periódico.
Claro que contribuiré a pagarte ese año en Nueva York, me parece una
idea estupenda que saques un master en Business. Me explicarás de qué va el
rollo, pues por tu carta poco puedo saber.
A tu salud, gitana de ojos mar, tu Padre.
PS: Gasto pendiente. ¿Hay que añadir más? No, no tengo agujero, son de
los otros, para ejecutivos. Pensamos lo de las botas negras, pero la verdad,
hace demasiado calor.
Lo de los tatuajes lo dejamos para el próximo verano.
PS 2: Lo del ambiente me llevaría demasiado. Resumo lo principal. De las
de tu pandilla, ni las reconozco. Luci y la Pecas son las únicas, y de ellas
sabes más que yo.
Los cachondeos del Abuelo han perdido validez. Los veraneantes
cambiaron de cuando venías de niña. Recuerdas que el Abuelo los dividía
entre los del Páramo y los Charros. Decía que a unos los conocerás por la
manera en que sacan el dinero de la cartera, parsimonioso, y los billetes
difíciles de alcanzar. Los cornúpetas no gastaban cartera, y pocas veces
llegaban a alcanzar el papel moneda. La Marina desapareció, la gente come
ahora en los chiringuitos de la playa. Extranjeros en cantidades industriales y
españoles extranjerizados por todos lados. Los ves y dices éste habla inglés o
alemán y se sale con un espanglish castizo de aquí te espero. El único,
uniquísimo chisme de los de antes lo sé a través de Pío Nuñez Foncebadón,
mi amigo leonés, el de los bigotes, el que estaba enamorado de su prima
Elena. ¿Sabes quién digo? Es un tío fenomenal. Lo encontré paseando una
noche, y se sentó con nosotros. La campanada la dieron sus dos hermanas
mayores, que despidieron a sus respectivos cónyuges, en León, figúrate. La
María de los Ángeles, la mayor, se hartó del chuleta de su marido, que ni
aparecía por la tienda de electrodomésticos que tenían pegada a la calle
principal de la ciudad, Ordoño. Le mandó un recado al casino, por el conserje,
diciéndole que no fuera ni a comer ni a cenar. El gili se rió con el cuñado, y lo
fueron a celebrar almorzando en la parte vieja con los amiguetes. Cuando
llegó a casa de madrugada, tras una noche de farra en La Bañeza, se encontró que la Ángeles había cerrado la cancela del chalet y depositado a la puerta las
maletas del interfecto. La borrachera le encaminó cachondo a un hotel. Por la
mañana se llevó el soponcio cuando el propio director del Banco le comunicó
que su cuenta arrojaba un saldo de doce mil pelas. La hermana, Rosa creo que
se llama, hizo lo mismo con su calamidad, y ningún abogado de la ciudad los
quiere ayudar con el divorcio. El Pío pió todo eso con orgullo. Se aplaudió la
situación.
A las hermanas las tienes que recordar, eran dos rubias vistosas,
aficionadas a los escotes y los vestidos de colores chillones. Pío dice que
prefieren últimamente acudir a Palma de Mallorca, por eso no están para que
las aplaudiéramos en persona. Los gilis de los consortes eran dos de esos que
llamábamos titos, porque venían a Marbella con el negro de piscina del
Páramo, a quienes los turistas confunden con gitanos. Pío asegura que la
salida del apuro se la brinda la política, porque eso sí, saben hacerse el nudo
de la corbata.
Pío dixit también de otro paramero, que te acordarás porque tu Madre
decía que era el hombre más guapo de España, Ulpiano Luengo. Un solterón
de magnífica estampa, que tenía un coche descapotable rojo. Hasta el verano
pasado acudió todos los años con doña Asunción, viuda y propietaria de una
papelera de Vestrilla. Llegó el interfecto acompañado de una periodista de
Valladolid, una maciza donde las haya, y la presenta como su colaboradora.
Añade que están escribiendo la historia de un tío suyo al que los rojos sacaron
de la iglesia en plena guerra civil, cuando acababa de comulgar, y que le
pegaron dos tiros. Nadie cree el extremo del libro, y la periodista lo que sí
hace es comprar al por mayor en las boutiques.
Pío nos hizo mondamos de risa con sus bromas. Aseguró que el modelo
de hombre de moda este verano entre los parameros es Adolfo Suárez, otra
vez, y que en cambio entre los charros prima Mario Conde. Lo que pudimos
reír con las bobadas sobre la diferencia existente entre los charros
relacionados con el cuerno, todos rubios y de actitudes muy inglesas, y los
charros que se ganan la vida con el comercio en Salamanca. Los ingleses
andan en jaguar, mientras los otros, más prácticos, acudieron este año a la
Costa del Sol en BMWs y Volvos. Genial. Estos días cuando vea a un
conocido charro en coche le tengo que poner la planilla para saber a qué rama
pertenece.
¿Te conformas? No voy a la Marina, donde el Abuelo tenía el chalet, o
sea que ni me entero ni veo a nadie. Te advierto que la mitad de los chalets
los han vendido a los alemanes. Marbella es un lugar distinto del que recuerdas de mocita, y como en los años de la transición, de mi transición
personal, has venido deprisa, ni lo reconocerás cuando te descuelgues por
estas tierras.
PS 3: Las dos postales de Marbella son las de mayor éxito. El pueblo
marinero pertenece al pasado. Si vieras Fuengirola, ni lo reconocerías.
Y dentro de poco parten dos coches llenos, llenísimos, uno con un
cochecito de niño mal atado al techo sin baca del vehículo, que horas
después se los vio disminuir de velocidad al cruzar un cartel que decía
Almería, donde un amigo con un purazo en la mano los recibía con un menos
mal, creí que hoy cenaba otra vez con la mujer y la suegra. La barba cana
del sujeto se reía de acorde con unos ojos morunos brillantes y acogedores.
Eso sí, de cargar, ni un bulto, sólo se le oyó decir, muchacha, ¿y esto qué es?,
refiriéndose a los mil cacharros de la intendencia de una familia normal.