Querida hija
Capítulo 1996
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El hombre redacta cansino aunque satisfecho. Le gusta la tarea. Del fondo de la casa llega la voz de Joan Manuel Serrat. Se siente acompañado por un amigo.
18 de enero de 1996
Querida Hija:
Gracias por tu e-mail; compruebo que los asuntos marchan viento en
popa, y que el trabajo ofrece lo prometido: el aprendizaje y práctica de
saberes que si los intentases adquirir en España te llevarían diez veces más
tiempo.
Lo que dices del café que es coffee, de la cantidad de dulces que comen, y
por ende la gordura de todos tus compañeros de trabajo norteamericanos,
suena muy familiar. Acabas de descubrir el fin de un mito. Cuando viví en
California a los diecisiete y dieciocho años, las chicas eran de película; hoy en
día el modelo de belleza ha evolucionado, y se impuso el patrón Botero. Es la
dieta, entre las pastillitas de chocolate y los refrescos, que beben insaciables,
se han hinchado. Lo de las prohibiciones de fumar a no ser que estés andando
y a tres metros de la pared parece una exageración. Lo legislaron en tan
absurda forma para que si esperas el autobús —¿qué autobús? se pregunta
uno, pues en California el transporte público apenas existe—, no atufes al
ciudadano que pudiera esperar el autobús junto a ti. Lo que cuentas de ese
colega irlandés me parece normal. Si quieres fumar, a la calle, a un rincón, al
destierro, a reunirte con los parias, con los que habitan en disneyamérica sin
merecerlo.
La Norteamérica de que te hablé en tantas ocasiones dejó de existir. Era
un país maravilloso, donde las normas del liberalismo dominaban la vida cívica. El espejismo duró tres lustros, desde los años de John F. Kennedy
hasta el mandato de Jimmy Carter con el interregno de Nixon por medio.
Después vino el presidente Reagan con los republicanos, y a los demócratas
sólo les quedó como terreno de acción política la vida privada, pues en lo
social el actor dominaba la agenda y establecía los sistemas de valores. Así,
por un lado vimos cómo los demócratas llevaron a un extremo la protección
de la salud, los derechos al trabajo de las minorías, la discriminación positiva,
mientras los republicanos hacían lo que les daba la real gana en el resto de las
cosas. En la actual era de Clinton nos hallamos en el momento en que no se
sabe qué es un republicano ni qué es un demócrata, cuáles son los derechos
que merece la pena conservar y cuáles no. El país donde nadie hace nada
malo, la culpa la tiene siempre el sistema, el otro, y si no se reconoce así
queda la opción de quejarse amargamente —busca un libro de Robert
Hughes, Culture of Complaint; es el mismo autor del libro que te regalé sobre
Barcelona que tanto te gustó—, y por eso tenemos que la generación de los
llorones ha sustituido a la de los forjadores del sueño americano, que nos
llevó a la Luna y a conocer la extensión de los derechos civiles a los
ciudadanos sin discriminación de color u origen nacional. La pena es que en
el umbral del siglo XXI los logros de un siglo de progreso material y humano
se vino al traste cuando el mundo en blanco y negro resultó insuficiente para
representarlo y hubo que llevar el technicolor a todos sitios. Okay.
Lo del chico irlandés parece fuerte. El supervisor del proyecto es un
mentecato clásico, eso de decirle que por fumar no lo contrataría para trabajar
en su firma es estúpido, y menos alegar que como trabajador le iba a salir
caro, porque tendría que pagar sus primas de seguro médico. Muy duro. Eso
es lo que en Europa tenemos que defender, el derecho a la libre elección. La
protección del individuo no se la podemos dejar a las empresas, o mejor
dicho, la desprotección, sino al Estado, que tiene que defender al individuo,
dándole por supuesto la mejor información, sobre el tabaco mismo, que de
seguro no beneficia la salud de nadie. La elección final, sin embargo, tiene
que ser del individuo. Por razones equis o zeta una persona empieza a fumar,
se trata probablemente de una de las adicciones más jorobadas de superar, y
por lo tanto, a algún porcentaje de ciudadanos les resultará prácticamente
imposible dejarlo. Proscribirlos soluciona poco; hay que informarles de los
riesgos, y ver si la cabeza, en determinados casos, consigue prevalecer y el
adicto logra dejar el vicio por un tiempo.
Enviaré semanalmente trozos seleccionados de los periódicos, pues los
resúmenes de internet llenan sin quitar el apetito de noticias de la patria. Dispongo de correo electrónico en la universidad, en casa es posible usarlo