Querida hija
Capítulo 31
de tus majaderías, de cuanto dices sin sentido en la carta, los padres seguimos
queriendo, y espero, aunque desespero, que algún día, un día de éstos cuando
te prueben el zapato de cristal y se sepa de una vez por todas que el príncipe
azul es tuyo, que te quepa la bondad en el corazón. Tu Hermano comentó el
otro día viendo un programa de animales, uno de esos rollos interminables
que le chiflan, que andabas de safari y que por eso no le llamabas, pero que le
ibas a traer un sombrero para que el sol no le impidiese ver a los animales.
Recibe el recuerdo desencantado de quien todavía respira. Tu Padre.
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Las lágrimas de impotencia cuando se derraman a su debido tiempo limpian los rencores aposentados en el alma. El Padre que redactó la siguiente carta salió de la primavera última restablecido de murrias. Por eso cuando notó que alguien le había clavado un puñal en pleno corazón le sorprendió el poco dolor y se lo arrancó sin pensarlo dos veces. Al tocar la hoja sintió que tocaba un objeto que salía de una nevera.
8 de julio de 1996
Cruel asesina:
La puñalada trapera pinchó donde duele de veras. Que no me quieras, nos
quieras, invitar a celebrar el fin de carrera me parece, dicho en plata, una
infamia. Amén de mi papel de pagano cornudo; sabes de sobra cuánto daño
infliges con la torpe exclusión. Has invitado a medio mundo, primos, amigos,
familiares lejanos, dejándonos fuera de la lista a Nosotros. Iba a decirte que
cualquier día te arrepentirás, pero quizás no, pues en la vida desconocemos la
justicia distributiva, que quien comete una perversidad, una infamia, como la
que acabas de cometer, reciba un castigo conmensurable con el pecado. Dios
olvidó crear a un enano encargado de enderezar entuertos e injusticias, que
supiese al menos echar zancadillas a tiempo, y los encausados se rompieran la
crisma y quedaran marcados con una letra en la frente.
Cuando abrí la cartita me dio tal asco que salí corriendo al baño a vomitar.
Cuando se lo leí a mi Mujer fue cuando sobrevino el dolor, al advertir su cara.
Entonces comprendí lo injusto que había sido con ella. Siempre pensaba en mí y un poquito en el niño. Nosotros éramos, pensaba erróneamente, los
afectados directos por tales desmanes. ¡Qué equivocado estaba! Su cara
apenada me hizo saber que el daño que hacías le afectaba a ella directamente.
Son muchos años aguantando tus arremetidas, soportando mis decepciones,
sobrellevando el buscarte, el intentar seducirte, para que vinieras de visita. Lo
único que nos remitías eran peticiones de dinero. Sin embargo, ella y yo
confiábamos que llegaría el día del cambio, de la reconciliación. Tu Irlandés,
el terminar la carrera, todo auguraba un fin, un final, que te unirías al mundo
de las personas corrientes, maduras, con sus necesidades, que se ayudan unas
a otras, mediante la amistad, la conveniencia, los lazos familiares, a soportar,
a sobrevivir, a vivir. Nosotros todavía no hemos tenido más que sobrellevar
los destrozos de la edad, la inaceptable muerte de los Abuelos, que siempre se
producen a destiempo, pero poco más. Sufrimos alguna enfermedad, nada
terrible de vida o muerte.
Desconozco el calificativo adecuado para tu conducta. Me has hecho de
golpe un hombre mayor; me siento sin apoyos, como cuando se te ha muerto
un ser querido. A mi Mujer parece que le han salido canas; desde ayer anda
hundida, rehúye mirar a los ojos o hablar del tema. La escuché sollozar en la
cama, y hube de ir al cuarto de estar, donde lloré, y me bebí un güisqui, para
ahuyentar el ahogo. Por la mañana al mirarme en el espejo noté surcos en mi
cara que antes no necesitaba ver, y los noté en mi Mujer, y unas patas de gallo
que le habían salido alrededor de los ojos de la noche a la mañana. Tampoco
quería hablar, y cuando le cogí la barbilla para obligarla a mirarme, ni con
ésas. Me dijo que la dejara un poco de espacio, que me quería mucho, pero
que le faltaba el humor. Le pregunté, con una retórica pobre, si era por lo
tuyo, y me contestó enfurecida, ¿por qué si no? Se encolerizó con razón,
porque hay momentos en que digo frases tan absurdas como ésa, y ella
desconoce el disimulo, las formas educadas de tragárselo, hacer como que es
una pregunta válida. Es incapaz de fingir y punto.
Como ves, tienes mucho poder, el de destruir a toda una Familia. A tu
Hermano no le decimos nada, no lo entendería. Posees una habilidad para
anonadarme. Y, sin embargo, con tu Madre, con otras gentes, no te comportas
así. Lo que me hace pensar que sigo siendo para ti el villano, y que tú te notas
con superioridad, porque crees que voy a aguantar eternamente. Quizás o
quizás no. No lo sé.
Nunca cerraré mi puerta; lo que sí te aseguro es que de ahora en adelante
el esfuerzo, si es que te interesa hablarme, lo tendrás que hacer tú. Me retiro.
Di todo lo humanamente posible: el dinero, en ocasiones sacrificándome de verdad, el cariño y un amor sin limites. Con todo ello te has limpiado las