Querida hija

Germán Gullón · Capítulo 33 de 33

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Querida hija

Borrador final

 

Un hombre como de unos cuarenta y cinco años redacta en un despacho rodeado de libros. Hace un fuerte calor de septiembre madrileño. Deja el bolígrafo un momento, coge unos cubitos de hielo de un plato y los echa con parsimonia en lo que parece un mojito. A cada poco se para y mira cómo se derriten los cuatro o cinco cubitos de hielo que quedan en el plato.

 

… los años pasan y vamos cambiando de carácter, nos hacemos. De forma

parecida, el amor evoluciona, los ardores iniciales ceden paso al acoplamiento

de pareceres, de gustos. Junto a las conjunciones semejantes al amanecer

primaveral en que la luz acompaña a la naturaleza en su esplendor, las

disyunciones oscurecen con sus nubarrones y pesadas gotas de agua el

horizonte. Las rupturas ocurren, en concreto, cuando uno de los amantes

comienza a acariciar posibilidades de convivencia ignotas, apenas

contempladas en momentos anteriores. Cuando el amor-ardor arrasa con sus

llamas todo a su paso, tanto calor emite que los amantes apenas necesitan una

sábana para cubrirse, resulta inconcebible cuanto yace allende el espejismo

del oasis…

 

… el amor paternal, el mío, asaltado por la espalda reiteradamente, por las

traicioncillas de Mamá, por las incomprensiones tuyas, acabó, y me duele

confesarlo, por congelar con su helada presencia un rincón de mi corazón.

Cierto es que unas simples palabras tuyas producían un deshielo inmediato. El

resto del corazón permanecía caliente por las alegrías proporcionadas por la

vida con el Niño, con mi Mujer…

 

… a la leña habitual con la que templaba mis afectos, los cariños

aprendidos en casa de mis Padres, en el arte y por la amistad, le añadí la

madera cortada en los afectos de gustos aprendidos gracias a maestros amigos

que me descubrieron bosques desconocidos, el del ocio, el de la alegría vital

relajada. Poco a poco, mi personalidad, la de la Familia evolucionó,

emanando calores diferentes a los habituales, primaveras de la personalidad que en vez de ser anunciadas por Vivaldi las trompeteaba un mensajero con

palmas y jaleo.

 

… Hija, tu recuerdo, mi deseo de cubrir contigo los mismos caminos, que

los senderos de tu vida coincidieran con los míos, se fue fosilizando… los

pasos dados con mi Familia eran ágiles, alados, los que te invitaba a dar

requerían lentitud, y ambos parecíamos cansados antes de iniciar la marcha…

 

… mi corazón permanece y permanecerá listo para un encuentro, para

dejarme embriagar por cualquier flor que deseas que huela. En mi alma, como

en el olmo viejo machadiano, el brote verde casi asoma ya.

 

… las palabras verdaderas que acuden a mi cabeza tienen un sonido de

metal, un gris fuerte, como una tarde de lluvia, y anuncian que ayer es distinto

de mañana. Los días de lluvia son días de transición, la semilla germina con el

agua, pero la flor, el fruto, brota cuando sale el sol.

 

… la noria de las ideas busca las palabras que se ajusten a la verdad, y

ningún manto las seduce lo bastante. Lo que quiero decir es simplemente que

tú y yo somos diferentes de lo que fuimos, y que la Hija que busco, a la que

tanto abracé en la infancia, ésa quedó albergada en mi corazón, en la parte

caliente. Rehusé durante años aceptar la niña quejosa, inflexible, empeñada en

sacarme el corazón a tiras. Ésa es la que ni comprendo ni quiero. Y si me

encontrara con ella, mi frialdad hoy igualaría la suya…

 

… estoy dispuesto a entender, a perdonar, que hemos saltado una etapa de

la vida, pero no a base de renunciaciones; si las pides atente a las

consecuencias, porque volverías a ser la misma de antes. Ojalá tu carta, que

quizás olvidaste, augure una nueva etapa en nuestras relaciones; el camino es

espinoso, no obstante me hallará listo para subir y bajar montañas por

caminos invadidos por la ortiga y por el incómodo matorral. Lo haría por esa

niña preciosa que permanece viva en mi corazón, y que ninguna iniquidad o

incomprensión aniquilará, porque ésa es mi Hija. Te repito, no deseo

encontrar ni a mi Niña, la de ayer, a esa que vengo buscando por años la

tengo en mi altar, y la que hoy existe en su lugar es diferente, ni una copia

falsa de algo que puede ser probable. Anhelo encontrar a una mujer que me

ofrezca la mano, dispuesta a forjar un eslabón con amor. Fundiremos oros y

platas, y utilizaremos viejas fotografías para inspirarnos en el modelo que

inventaremos juntos.

… mientras llega el momento, este hombre maduro para la realidad y para

el sueño, tu Padre, te tiende una mano envejecida. La calienta una sangre que

hoy corre por otras venas, y que no se puede derramar sin tener en cuenta

responsabilidades a otros seres. Te ofrezco borrón y cuenta nueva, que

nuestras relaciones comiencen como las de los amantes que saben que han

quemado todos los puentes, pero que quieren seguir unidos, caminar juntos,

queriéndose, aunque…

 

… tanto ha sucedido desde el día en que tus ojos atónitos me vieron

acompañado de mi Mujer… ¿Había un camino mejor? Apenas supe tender

una pasarela, hecha de billetes de banco y de cartas, los signos de mi sudor y

de mi sangre. Las cartas fueron el testimonio cifrado del sentir de un ahogado

que intentaba salvar algo precioso, los años de cariño, de amor paternofilial,

con desdén por su propia vida, y que en el esfuerzo casi la perdió. Pero la

desesperación me hizo un experto nadador de aguas procelosas, y sobreviví,

apenas…

 

… el amor paternal, Hija mía, obedece a las mismas normas que todo

amor. Según dijo el eterno caminante andaluz, es una espina que se nos clava

en el corazón y no podemos vivir con ella ni sin ella…

Terminaste Querida hija

Germán Gullón

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