Querida hija
Borrador final
Un hombre como de unos cuarenta y cinco años redacta en un despacho rodeado de libros. Hace un fuerte calor de septiembre madrileño. Deja el bolígrafo un momento, coge unos cubitos de hielo de un plato y los echa con parsimonia en lo que parece un mojito. A cada poco se para y mira cómo se derriten los cuatro o cinco cubitos de hielo que quedan en el plato.
… los años pasan y vamos cambiando de carácter, nos hacemos. De forma
parecida, el amor evoluciona, los ardores iniciales ceden paso al acoplamiento
de pareceres, de gustos. Junto a las conjunciones semejantes al amanecer
primaveral en que la luz acompaña a la naturaleza en su esplendor, las
disyunciones oscurecen con sus nubarrones y pesadas gotas de agua el
horizonte. Las rupturas ocurren, en concreto, cuando uno de los amantes
comienza a acariciar posibilidades de convivencia ignotas, apenas
contempladas en momentos anteriores. Cuando el amor-ardor arrasa con sus
llamas todo a su paso, tanto calor emite que los amantes apenas necesitan una
sábana para cubrirse, resulta inconcebible cuanto yace allende el espejismo
del oasis…
… el amor paternal, el mío, asaltado por la espalda reiteradamente, por las
traicioncillas de Mamá, por las incomprensiones tuyas, acabó, y me duele
confesarlo, por congelar con su helada presencia un rincón de mi corazón.
Cierto es que unas simples palabras tuyas producían un deshielo inmediato. El
resto del corazón permanecía caliente por las alegrías proporcionadas por la
vida con el Niño, con mi Mujer…
… a la leña habitual con la que templaba mis afectos, los cariños
aprendidos en casa de mis Padres, en el arte y por la amistad, le añadí la
madera cortada en los afectos de gustos aprendidos gracias a maestros amigos
que me descubrieron bosques desconocidos, el del ocio, el de la alegría vital
relajada. Poco a poco, mi personalidad, la de la Familia evolucionó,
emanando calores diferentes a los habituales, primaveras de la personalidad que en vez de ser anunciadas por Vivaldi las trompeteaba un mensajero con
palmas y jaleo.
… Hija, tu recuerdo, mi deseo de cubrir contigo los mismos caminos, que
los senderos de tu vida coincidieran con los míos, se fue fosilizando… los
pasos dados con mi Familia eran ágiles, alados, los que te invitaba a dar
requerían lentitud, y ambos parecíamos cansados antes de iniciar la marcha…
… mi corazón permanece y permanecerá listo para un encuentro, para
dejarme embriagar por cualquier flor que deseas que huela. En mi alma, como
en el olmo viejo machadiano, el brote verde casi asoma ya.
… las palabras verdaderas que acuden a mi cabeza tienen un sonido de
metal, un gris fuerte, como una tarde de lluvia, y anuncian que ayer es distinto
de mañana. Los días de lluvia son días de transición, la semilla germina con el
agua, pero la flor, el fruto, brota cuando sale el sol.
… la noria de las ideas busca las palabras que se ajusten a la verdad, y
ningún manto las seduce lo bastante. Lo que quiero decir es simplemente que
tú y yo somos diferentes de lo que fuimos, y que la Hija que busco, a la que
tanto abracé en la infancia, ésa quedó albergada en mi corazón, en la parte
caliente. Rehusé durante años aceptar la niña quejosa, inflexible, empeñada en
sacarme el corazón a tiras. Ésa es la que ni comprendo ni quiero. Y si me
encontrara con ella, mi frialdad hoy igualaría la suya…
… estoy dispuesto a entender, a perdonar, que hemos saltado una etapa de
la vida, pero no a base de renunciaciones; si las pides atente a las
consecuencias, porque volverías a ser la misma de antes. Ojalá tu carta, que
quizás olvidaste, augure una nueva etapa en nuestras relaciones; el camino es
espinoso, no obstante me hallará listo para subir y bajar montañas por
caminos invadidos por la ortiga y por el incómodo matorral. Lo haría por esa
niña preciosa que permanece viva en mi corazón, y que ninguna iniquidad o
incomprensión aniquilará, porque ésa es mi Hija. Te repito, no deseo
encontrar ni a mi Niña, la de ayer, a esa que vengo buscando por años la
tengo en mi altar, y la que hoy existe en su lugar es diferente, ni una copia
falsa de algo que puede ser probable. Anhelo encontrar a una mujer que me
ofrezca la mano, dispuesta a forjar un eslabón con amor. Fundiremos oros y
platas, y utilizaremos viejas fotografías para inspirarnos en el modelo que
inventaremos juntos.
… mientras llega el momento, este hombre maduro para la realidad y para
el sueño, tu Padre, te tiende una mano envejecida. La calienta una sangre que
hoy corre por otras venas, y que no se puede derramar sin tener en cuenta
responsabilidades a otros seres. Te ofrezco borrón y cuenta nueva, que
nuestras relaciones comiencen como las de los amantes que saben que han
quemado todos los puentes, pero que quieren seguir unidos, caminar juntos,
queriéndose, aunque…
… tanto ha sucedido desde el día en que tus ojos atónitos me vieron
acompañado de mi Mujer… ¿Había un camino mejor? Apenas supe tender
una pasarela, hecha de billetes de banco y de cartas, los signos de mi sudor y
de mi sangre. Las cartas fueron el testimonio cifrado del sentir de un ahogado
que intentaba salvar algo precioso, los años de cariño, de amor paternofilial,
con desdén por su propia vida, y que en el esfuerzo casi la perdió. Pero la
desesperación me hizo un experto nadador de aguas procelosas, y sobreviví,
apenas…
… el amor paternal, Hija mía, obedece a las mismas normas que todo
amor. Según dijo el eterno caminante andaluz, es una espina que se nos clava
en el corazón y no podemos vivir con ella ni sin ella…
Terminaste Querida hija
Germán Gullón
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